Freda y Legba

nacho diaz

Nacho Díaz

Fue durante mi tercer café jamaicano bien cargado en la tradicional comida de Año Nuevo que celebro con todo tipo de artistas y amigos donde supe de la existencia de la diosa Freda. Sobre sus poderes, atributos, o naturaleza nada descubrí salvo que era venerada por todos aquellos que practicaban vudú.

Lo que, en cambio, si descubrí es que la bella mujer blanca que se sentaba enfrente de mí, con fama de bruja, había sido la elegida debido a su reputación entre los nativos haitianos, por uno de los mejores pintores de la isla para celebrar un ritual en  honor a esta diosa, usando tan solo su cuerpo cubierto por un tanga.

Cuando vi la primera de las fotos, tomadas apenas unas semanas atrás, y noté los trazos azules del pincel marcando una espalda perfecta pensé, recordando a Cole Porter, que me hubiese gustado haber corrido la misma suerte que la brujita cantando aquello de “Do, do, that vodoo that you do so well”, para empezar el año con la misma magia sensual que ella desprendía en sus explicaciones acompañándolas de distintas imágenes de su cuerpo a punto de ser consagradas para el ritual.

Al no ser un experto en esta religión nada pude entender de lo que los símbolos significaban salvo que el autor, que dejo su firma muy cerca de una nalga, había conseguido dotar a su obra de una fascinación sobrenatural. El cuerpo de la bruja era un templo y sus pintados encantos podrían elevarse a cualquier altar.

Como estaba tan atraído por el vestido blanco con el que la envolvieron para mostrarla a los testigos de la ceremonia, haciéndola relucir como un algo que iba y venía con la digna pureza de sus atributos del más allá, el santo se me fue al cielo, olvidándoseme preguntar qué significaba todo aquello, imaginándome lo que debió ser una ceremonia regada con la pasión, donde la sierva se consagró a su diosa para inmenso terror de los presentes, quienes incluso llegaron a cogerle miedo.

De lo que pasó después del momento en que fue lúcida y paseada hasta que abrazó su nuevo destino nada sé por no haber sido, por desgracia, iniciado en esta religión que es algo más que matar gallinas y merece todo tipo de respeto y consideración.

Sin embargo, lo que si se es que, mientras seguíamos la fiesta brindando con champan y zumo de naranja, la nueva hija de Freda nos prometió a todos los que con ella estábamos que en este año seriamos muy felices entregándonos a las cosas que de verdad nos gustan sin necesidad de hacer pactos con extraños diablos.

Valiéndome de este recuerdo y también acordándome de otra amiga bruja interesada en el vudú cuyos consejos siempre he seguido a rajatabla, me gustaría invitar a todos aquellos asediados por las dudas que el comienzo de  cualquier año conllevan a que se encomendasen al buen espíritu de Papa Legba.

Hacerlo es muy fácil. Tan solo hace falta ron, azúcar y un cruce de caminos. En el cruce se pone ron y azúcar, algo que encanta a Papa Legba. Después, se hace la pregunta que nos preocupa y, en unos breves instantes, el espíritu dará la respuesta mostrando la dirección adecuada.

La claridad provista por Legba hará posible descubrir nuevos espacios y dimensiones que antes parecían invisibles, alumbrando nuevas esperanzas y abriendo una comunicación entre los creadores del mundo y la humanidad que, sin duda, serán más provechosas que escuchar los fatídicos maleficios del Presidente Trump a partir del 20 de enero y, también, los de una clase política en España condenada a llevarnos a todos a una época de tinieblas.