El calor humano fundirá al Yeti

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Nacho Díaz.

A pesar que me siento culpable por no haber podido asistir a la Women’s March en Londres debo decir que me alegro por haber participado en la manifestación contra Trump, celebrada el día de su investidura en las puertas de la Embajada de los EEUU.

Comparada con la del sábado no fue gran cosa en cuanto a número de asistentes  aunque, quizás, por haber sido más oportuna me hizo sentir mejor.

Además, el valor sentimental e histórico de las concentraciones en Grosvenor Square, en ocasiones tan señaladas como esa, me hizo creer que los gritos de los presentes aplacaban con más auge los escasos vítores que el Presidente recibía en Washington.

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De esta forma, creo, todos nos uníamos  a la imparable resistencia global en general y a  la de los EEUU reales, en particular, de los cuales debemos sentirnos orgullosos por repudiar a su clase dirigente republicana.

Ante todo, pese a la fúnebre ocasión, la concentración  organizada por Stand Up to Racism tuvo, en mi opinión, un carácter esperanzador con pancartas muy originales y un montón de viejas y nuevas consignas que provocaban tanto las sonrisas como las lágrimas pero que, en el fondo, borraban el sabor agridulce invitándonos a unirnos y conspirar por la solidaridad.

Desde el encantador e incombustible vendedor del legendario Morning Star, único periódico socialista en lengua inglesa que se pública seis días a la semana desde 1930, que consiguió colocarle dos copias a sendos policías patrullando el evento, mientras les recordaba que su diario abogaba activamente por la sindicalización del cuerpo, hasta la educadísima militante de Left Unity, que no ahorraba esfuerzos al abocar por la unidad de la izquierda, todos los presentes invitaban a librarse del miedo que provocaba la tragedia que se estaba desarrollando al otro lado del charco.

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Fue precisamente un cartel de Left Unity, diseñado como una señal de alarma y peligro sobre la nueva “special relationship”  entre los EEUU de Trump y el Reino Unido post-Brexit, lo que me hizo esbozar una sonrisa frente al pánico que me produce el inminente viaje de Theresa May a la Casa Blanca para “saltarse la cola” a la hora de firmar un tratado de libre comercio entre los dos países  que, al parecer, va a suplir con creces los problemas originados por la salida de la UE.

En cuanto a los mensajes con una clara alusión a hacer frente al racismo, que era en realidad lo que nos convocaba, el que más me gustó fue el de una niña a quien la gente no paraba  de hacer fotos y condesaba en pocas palabras la razón de nuestra protesta: “El mundo sería un lugar mejor si Trump dejase de juzgarnos por nuestra raza”

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Por lo que al más divertido y original se refiere, me parece que “Trump rechaza la inteligencia”, anticipándose a la reunión mantenida con la CIA, en la cual el presidente declaró la guerra a la prensa, se llevó la palma, haciéndome pensar que si bien quien la escribió no se refería a eso, tal vez, estaba evocando la posesión del líder del mundo libre por el mismo espíritu que impedía a George W Bush caminar y mascar chicle al mismo tiempo, según contaba la leyenda urbana, dada su estrechez de miras.

Sobre los invitados que ocuparon el escenario poco puedo decir salvo que eran veteranos activistas de asociaciones como Stop the War CoalitionCampaign for Nuclear Disarmament (CND), diferente sindicatos y otras muchos otros grupos. La razón de mi ignorancia se debe al inmenso frio reinante que, como a mí y a otros muchos nos  impedía estarnos quietos, obligándonos a ir de lado a lado intercambiando impresiones, haciéndonos sentir en petit comité y más unidos aun, si cabe, contra el abominable hombre de las nieves que tomaba posesión en su horrible cueva helada.