Y ojalá todo fuera jazz

nacho diaz

Nacho Díaz.

Desde que terminó La la land y hasta que llegué a mi casa no pude dejar de pensar en Judy Garland cantando su famoso The man that got away, en Ha nacido una estrella. La película también me recordó  a una infinidad de otros musicales y en algún que otro momento me hizo soltar una lagrimita de complicidad con los protagonistas o de  alegría por la invitación a la vida que las canciones y coreografías suponían.

Me imagino que al decir todo esto para nada estoy descubriendo la pólvora ya que  millones de personas comparten mis impresiones. Sin embargo para mí La la land  tuvo la magia especial de llevar al cine las maravillosas historias que vengo oyendo desde hace años en programas como  Jazz Record Requests en la Radio 3 de la BBC.

Sábado tras sábado oyentes y presentador intercambian anécdotas y dedicatorias sobre este tipo de música de la que se muy poco y siempre me quedo con ganas de aprender más. Por ese motivo todas las conversaciones de la película sobre que es el jazz, que no es jazz, su futuro y su pasado me recordaron a muchas horas de radio disfrutando con los mensajes que la gente se enviaba y, también, me trajo a la memoria ese magnífico momento de la historia del cine en el que Bing Crosby y Louis Armstrong explican en Alta Sociedad, de verdad, lo que es el jazz.

Otra de las conversaciones de esta autentica obra de arte, justamente nominada a 14 Oscars, con la que también me identifiqué fue una en la que la protagonista argumentó algo así como que al jazz solo se puede odiar o amar.

A mí al fin y al cabo me pasó algo muy parecido pensando que era una música para gente depresiva y con problemas con las drogas y el alcohol. Algo que lejos de criticar me parecía que no iba conmigo.

Por suerte no tardé mucho en darme cuenta en lo estúpido e ignorante que había sido. Un buen día que no tenía nada mejor que hacer descubrí en mi biblioteca un CD de alguien que había oído hablar a una de mis amigas y  al parecer era la bomba.

Count Basie y su revolucionario The Atomic Mr. Basie  pertenece por derecho a la banda sonora de mi vida. Además, el disco que grabó con Sinatra en directo introduciéndole desde la barra del bar es, también, uno de mis favoritos de La Voz.

Sobre el mito de la depresión, el alcohol, la oscuridad de la mente y el jazz me gustaría decir que algún que otro sábados cuando no salgo me gusta escuchar, a veces con un buen whisky,  Geoffrey Smith’s Jazz al filo de la medianoche para pasar un rato lleno de buena música y también mejores historias.

Los lunes en cambio nunca con whisky me encanta quedarme dormido escuchando  Jazz Now.

 Todo esto, como he dicho, lo hago por la magia de la música y las historias que aprendo. A veces pienso que si me lo propusiera el jazz podría convertirse en la gran pasión de mi vida pero al no ser proclive a los compromisos prefiero quedarme como un mediocre aficionado que se sigue sorprendiendo cada día que descubre un clásico que conoce cualquier buen amante o, simplemente sigue las recomendaciones de amigos que viven y mueren por el jazz gracias a melodías tan bellas como esta: