Pincharon en su intento

nacho diaz

Nacho Díaz

No quiero ser malo y supongo que todo el mundo merece un poco de respeto a pesar de su ignorancia infinita y manifiesta que de por si resulta algo cómica.

Esto fue lo que pensé mientras escuchaba la entrevista a la portavoz de HazteOír en Hora 25.

La mujer, que parecía llegada de otro planeta con lo puesto, no daba pie con bola y solo podía hablar de extrañas confabulaciones y conspiraciones del “colectivo LGTBI y homosexual” para adoctrinar a la infancia mientras ella, en nombre de su asociación, se erigía como defensora de la libertad frente a una especie de tiranía de guerreros del arco iris.

Intentando encontrar alguna lógica en sus planteamientos que mezclaban identidad de género y orientación sexual con una extraña y perversa ideología que todas las personas LGTBI, según ella, debemos jurar cuando nos sacamos el carnet comprendí que esta santa Kamikaze estaba dispuesta a sacrificarse por su causa haciendo el ridículo en público.

Nada de lo que dijo tuvo mucho sentido. Su discurso incongruente ni siquiera me produjo una reacción de leve enfado.

Al escucharla me la imaginaba como a una pobre iluminada Anacleta Agente Secreta cuya primera misión le quedaba bastante grande debido a su escasa formación por no saber ni de caridad cristiana ni entender la realidad de los niños y niñas trans, prefiriendo esconder la cabeza cual avestruz cada vez que se mencionaba la existencia de estos.

Cuando por fin la levantaba lo hacía para acusar de nuevo a las sórdidas hordas homosexuales de poco menos que acosarla y cohibir su libertad de expresión, erigiéndose como una mártir de no sé qué extraña palabra de dios imponiendo un orden natural donde los excluidos no merecían ni su respeto ni su consideración tal y como ella venia a sugerir.

Al margen que segregar a los buenos hijos de dios de los malos sea algo que solo corresponda a quien tenga supuesta autoridad divina y no simplemente afán de notoriedad y ganas de hacer daño de forma gratuita, las palabras de esta aprendiz de ángel exterminador constituyen, a pesar de su ignorancia, una clara invitación al odio personificando al “colectivo homosexual LGTBI” ya no solo como el demonio sino como alguien dañino para la infancia.

Por suerte cada vez son más  la inmensa mayoría de padres que escuchan estas siniestras perogrulladas y dan gracias al cielo por saber que si sus hijos son LGTBI tendrán la suficiente ayuda y formación desde temprana edad para vivir sus sexualidades e identidades de género en perfecta armonía, sin esconderse, sin que estos les ocasionen problemas mentales o desgracias en los colegios, a pesar de que esto último  todavía requiere mayores esfuerzos.

Además, también saben que sus vástagos serán aceptados tal y como son por una nueva generación de jóvenes a los que cada vez les importa menos con quien se acuesten sus amigos y lo que hagan en la cama, llegando incluso a pensar que en la variedad está el gusto y que ellos mismos en algún momento de sus vidas podrán decidirse a probar con alguien que les atraiga sin que importe su identidad sexual o de género.

Estas actitudes son posibles gracias a la educación, a la solidaridad y al valor de la autentica amistad que no distingue diferencias. El resto es fanatismo puro y duro para el que ya no queda espacio en este mundo moderno.

España entera se ha levantado contra la intransigencia de unos pocos que estas condenados a extinguirse pero que por desgracia quieren morirse matando.

El ejemplo de todos los partidos políticos, instituciones, medios de comunicación, personas anónimas y asociaciones diversas aupadas por los colectivos LGTBI ha hecho posible aquello de “Todos a una como Fuenteovejuna” para defender a quien más lo necesitan y puedan vivir sus vidas cuando crezcan tal y como quieran.

Con referencia al autobús del odio lo único que queda por decir es que entre todos le hemos pinchado las ruedas antes de mandarlo a su merecido desguace.

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