ETA sigue viva

Jose Leon B2

José León de la Granja.

Cuando aún resuenan los ecos de la burla ejecutada en Bayona y la infame participación de un miembro de la Iglesia Católica (que el Arzobispo de Bolonia considere “emisarios de paz” a terroristas, aparte de asqueroso, es una de esos sucesos que te hace revisar la consistencia de tu fe), ETA y su entorno continúan su plan de blanqueamiento.

ETA se ha “desarmado”, pero no ha entregado ni una centésima parte de su arsenal y siguen sin aportar los medios terroristas que puedan aclarar los más de trescientos asesinatos sin resolver.

Que el grupo de asesinos (con el esperpento Zabarte a la cabeza) y quienes les apoyan usen “manos blancas” como símbolo no solo es ofensivo sino que roza el delirio. ETA no puede pretender apropiarse y que se le asocie con un emblema que nació en defensa de las Víctimas. No podemos permitirlo. Es intolerable.

Aunque muchos se empeñen en aparentar lo contrario, como el Senador por Bildu Jon Iñarritu, que tiene la desvergonzada idea de plantear un “escenario de vencedores win-win” (sic) para acabar con ETA, no debemos olvidar que el terrorismo etarra es una de las formas más crueles de violencia en el que se han producido hechos tan abominables como justificar la muerte de una adolescente “porque de mayor quería ser Policía Nacional” o el asesinato de niños “porque eran usados como escudos por sus padres”. Y no solo hemos de contar los casos de fallecimientos, sino los más de mil hombres, mujeres y niños que tienen secuelas físicas y psíquicas por haber sido impactados directa o indirectamente por los sucesos de esta lacra social.

Dejémonos de tonterías: ETA no es un grupo de guerrilleros ni salvadores, son delincuentes, psicópatas, dementes; asesinos en serie que buscan que se olvide su pasado.

No hemos de vacilar; ni los vascos merecen que se les asocie con estos malhechores ni la sociedad española puede permitir que se pase página sin que haya Justicia y sin la debida Dignidad para todos aquellos que sufrieron esta barbarie.

Claro que es bueno que acabe el terrorismo, pero no es correcto para nadie que quién mató o secuestró no cumpla prisión por ello y, además, tenga la desfachatez de no arrepentirse de nada.

Exigimos al Estado que aplique la Ley, que no quede impune ningún acto terrorista y que proteja a todos los que lo han sufrido y lo sufren.

Hablemos de ridículos autobuses, de declaraciones de presidentes del gobierno o de corrupción pero no olvidemos que, muy a nuestro pesar, ETA sigue muy viva.
“La irresponsabilidad por los daños forma parte de la esencia del terrorismo” (Jürgen Habermas).

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