50 razones

nacho diaz

Nacho Díaz.

Escribir sobre Londres para hablar de tragedias es algo que esta ciudad no se merece. Lo que ocurrió el sábado por la noche fue un sinsentido, una calamidad y un episodio doloroso y mortal en una ciudad que nunca se cansa de derrochar invitaciones a la vida.

Echarle la culpa al fanatismo no sirve de consuelo alguno y solo cabe alegrarse de que los asesinos perturbados fueran rematados por la policía. No merecían nada mejor y lamento profundamente que sus vidas se hubiesen prolongado tanto.

Borough es una de mis partes favoritas de la ciudad. Le cogí mucho cariño cuando, recuperándome de mi crisis, los médicos empezaron a dejarme salir a la calle para dar paseos alrededor de su catedral. Cuando regresaba volvía a meterme de lleno en  el libro de Sarah Waters Falsa Identidad perdiéndome en el tiempo con las aventuras de la raterilla protagonista de la novela, ambientada precisamente en ese barrio durante la época victoriana.

Ahora, en ese hospital que ya no tiene pabellón psiquiátricos y donde muchos de los heridos están siendo atendidos, algunos y algunas de mis amigos y amigas reciben tratamiento contra el cáncer por ser uno de los mejores del país.

Bajo uno de los arcos del ferrocarril se encuentra el mejor restaurante peruano de la capital donde, en alguna que otra ocasión, acompañado  por seres muy queridos  festejamos momentos memorables en nuestras carreras.

No muy lejos de allí, bajo otros arcos,  hace muchos, pero que muchos años asistí a mi primera macrofiesta gay. Siguiendo por la calle donde se cometieron los atentados se encuentran los estudios de la radio local donde dos veces me entrevistaron y donde, también, tuve la osadía de cantar La chica ye-ye.  La biblioteca John Harvard, muy cerquita de mí parada de metro, es la tercera mejor de Southwark y me encanta visitar su sección de novela negra.

Sobre el mercado de Borough creo que no hay nada que deba añadir pues su fama es mundialmente reconocida, salvo que aparte del restaurante español hay también otro especializado en pescados donde siempre he deseado que me llevasen en una primera cita sin conseguirlo.

La taberna alemana, tremendamente alemana, en las propias palabras de mis amigas alemanas, es un sitio donde hemos celebrado algún que otro cumpleaños comiendo salchichas y bebiendo cerveza. Hablando de cervezas también debo mencionar que justo detrás de este lugar se encuentra el antiguo Hop Exchange, un precioso edificio que servía de lugar al mercado del lúpulo y que visité con mi terapeuta ocupacional la primera vez que me dejaron salir acompañado del hospital.

Muchas veces cuando vuelvo a casa de madrugada desde la zona de Shoredtich me gusta bajarme en el otro lado de London Bridge, cruzarlo para despejarme y coger el bus que me lleva a mí casa en menos de 20 minutos, parando antes en la misma tienda de siempre a comprar tabaco y leche.

Nada de esto que he contado tiene la mayor importancia pues hay  más de ocho millones de londinenses con sus recuerdos particulares sobre esta parte tan maravillosa de la ciudad. Lo que si tiene mucha importancia, en cambio, son todos esos recuerdos y vidas que se han perdido a manos de una locura que no se encuentra en ningún manicomio y que solo responde a la bestialidad que merece ser extirpada de raíz de la raza humana.

La inmensa diversidad de las víctimas del atentado solo puede reflejar el carácter londinense para recibir con los brazos abiertos a quien llegue sin preguntar jamás de donde pero tan solo esperando que respete a Londres como Londres lo respetará a él .

Esos malditos bastardos que, sin pertenecer a más grupo que al de los inmundos destrozaron las vidas de tantos seres inocentes, abusaron de una generosa hospitalidad que nunca merecieron, recibiendo por suerte después  50 generosas balas en pago por sus afrentas para recordarles a todos los de su estirpe las mismas 50 razones y advertencias por las que nunca serán bien recibidos aquí.

Sin que esto sirva de remedio para apaciguar el dolor solo me queda desear lo mejor a las víctimas que todavía están en los hospitales, expresar mis condolencias a las familias y amigos de los favorecidos, y por ultimo mantener los dedos cruzados para a Ignacio Echevarría todo le salga bien por haberse comportado como un autentico héroe.

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