Por desgracia, una historia muy gallega

nacho diaz

Nacho Díaz.

Para ser sincero del todo por muy orgulloso que me sienta de ser gallego, y muchas veces prefiera ser eso antes que español, la mentalidad conservadora, obsoleta, anticuada, caciquil y retrograda que encumbró a personajes como Franco, Somoza, Fraga e incluso el “quedabien”, “pijoprogre” de Feijoó me hace renegar de mis orígenes, obligándome a pensar que cuanto más lejos esté de mi tierra mejor me irá.

Vergonzosas, farisaicas, hipócritas y repelentes actuaciones como las sucedidas ayer en el Parlamento Gallego, donde el PP votó en contra de la Ley de Identidad de Género, solo me vienen a demostrar que la ignorancia más supina escondida tras el legado histórico de muchos curas y frailes afines al, también por desgracia gallego, Cardenal Rouco Valera, se ha impuesto una vez más a todos aquellos que queremos dejar atrás un pasado y presente de párrocos cuyos hijas e hijos nunca les pudieron llamar padres.

Intentar describir la moral conservadora gallega sin recurrir al insulto fácil requiere entender que los gallegos orgullosos de serlo, no son los que se mueren de envidia cuando sus amigos llevan una vida mejor que la suya, ni tampoco los que se pelean por una herencia que en realidad vale una mierda, destrozando así familias enteras.

Tampoco son buenos gallegos, ni para el caso creo que buenas personas, los que en un Día del Orgullo en una capital de provincia, tan aparentemente cosmopolita como es A Coruña, cogieron de sus manos a sus hijos para evitar que esos viesen a los escasos 200 héroes que marcharon con sus banderas por las calles del centro para terminar con una besada colectiva en María Pita.

De esos padres que protegían a sus hijos de las hordas LGTB al parecer había muchos, ignorando al tiempo de escribir esto si ellos también marchaban con orgullo a la misa diaria de la iglesia del Opus Dei cercana a la Plaza del Ayuntamiento.

Lo que si se, en cambio, es que en esa marcha por el Orgullo, una vez más intentado pisotear por el partido de la reinas enclaustradas, había madres lesbianas con sus hijos e hijas luciéndolas tal y como se luce un tesoro y jóvenes trans que esperaban con optimismo un gesto de reconocimiento a favor de sus derechos tal y como se vienen reconociendo en casi toda España y el resto del mundo civilizado.

Captura de pantalla 2017-07-13 a las 13.50.01Eso, por desgracia, no pasó porque el PP de Galicia no es valiente y prefiere no enfrentarse a su fiel electorado entre quienes se encuentran hombres toscos de tabernas cuyo único remedio para su amargura son las trabajadoras sexuales, garrulos de ciudad que pasan sin comer por pagar los plazos del BMW importado de Alemania, y mujeres beatas y sumisas que se ríen con los chistes sin gracia de reprimidos y trastornados voyeurs como el que el alcalde de Noia publicó en whatsapp, obsesionado por la carne de babuino cuyo ano solo a él parece saberle sabroso.

Del rural al mundo del mar, pasando por la gran ciudad, las artimañas del raposo gallego son deporte nacional, en un lugar donde la envidia y lo mucho que importa el “qué dirán” y la supremacía del macho gallego gañan lleva siendo retratada con éxito desde los tiempos de Emilia Pardo Bazán.

De esta forma el paleto de Noia y el señorito Feijoó vienen a representar mejor que nadie la maquinaria propagandística dictatorial gallega, donde el hombre salvaje en estado puro, representante de su pueblo llano, explica con su idioma de analfabeto los deseos de su líder, impidiendo que este se manche las manos o sea tachado de LGTBfobo, muy a pesar de que sus acciones ante la más culta audiencia del Parlamento así lo demostraron.

Además, la ausencia de ningún miembro trans en el PP gallego muy a pesar de que si tienen altos cargos gais, me hace también pensar que estos son un producto más de la repercusión de la moda gallega en la sociedad que, como toda moda, carece de valores transcendentales mas allá de la galería pues, de darse lo contrario, se sumarían al rechazo y asco que su propio partido ha generado, solidarizándose con sus, cuando menos, aliados trans en la defensa por la plena igualdad de todos los que formamos parte de la gran familia LGTB.

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