Ni La nave del olvido ni La nave de los locos

nacho diaz

Nacho Díaz.

Ayer, con motivo de la celebración del 300 aniversario del estreno de la Música Acuática de Haendel, tuve la oportunidad de embarcarme en una especie de La Nave de los locos, solo que con mejor solera, y disfrutar de mi primer crucero por el Támesis, haciendo la misma ruta que el rey Jorge III había hecho con parte de su corte el 17 de julio de 1717.

Lejos de estar rodeado por la realeza y sus nobles súbditos mis acompañantes fueron los amigos y familiares de una asociación local de personas que viven con problemas mentales en Greenwich llamada Greenwich Mind, los de un centro de día para personas sin techo perteneciente a la charity St Mungo’s y, también, los compañeros de algunos trabajadores del NHS (Seguridad Social Británica) de Gravesend y Dartford.

Londres

Putney, Oeste de Londres, al atardecer desde el rio, Adrian Freire

Todos fuimos invitados por BeatsLearning, una escuela de música y performance especialmente fundada para ayudar a la gente en grave riesgo de exclusión social a obtener una educación alternativa en estas dos artes, y así disfrutar del trabajo de fin de curso que los alumnos de estas tres organizaciones estuvieron preparando durante los últimos seis meses con la idea de celebrar, reinterpretar y hacernos sentir como reyes la Water Music a través de una cantata en tres actos.

El tiempo nos honró y poco antes de que el barco virase en Putney pude ser testigo de una de las puestas de sol más hermosas que jamás haya visto desde que me vine a vivir a Londres, acompañada de canoas y demás remeros que, por un momento, pensé que formaban parte de nuestro peculiar sequito.

The Thames Cantata y en especial su obertura Voices of the Thames, interpretada por los miembros de Greenwich Mind, consiguió impresionarme hasta el punto de hacerme creer que el propio rio nos estaba contando su historia cada vez que los instrumentos y voces elevaban su brisa cual susurro en un momento de calma y paz, solo roto por las confesiones de un amante al caer la noche que todos acariciábamos con nuestro navegar.

Con el segundo acto Drama Prelude: The Wondering Mistrel (El trovador errante) a cargo de la gente de St. Mungo’s tuve la oportunidad de disfrutar un buen rato del dialogo musical entre una violinista personificando al propio Haendel, convenientemente vestida y con una peluca espectacular, y un Jimmy Hendrix contemporáneo que discutía con ella las experiencias londinenses de los dos vecinos más famosos de Brook Street.

Comentando su día a día en la gran urbe mientras tocaban sus instrumentos uno de los dos, ahora no recuerdo quien, tuvo tiempo a quejarse de cómo se habían disparado el precio de los alquileres con el tiempo pues Haendel pagaba por una casa entera 30 libras al año y Hendrix 20 por tan solo un ático con una habitación a escasos metros del alemán.Captura de pantalla 2017-07-21 a las 11.57.35

Para concluir el Finale: London Vibes (Vibraciones de Londres) interpretado por los miembros del NHS minutos antes de llevarnos de vuelta y atracar en el Festival Pier, me contagió con sus distintos poemas cantados del espíritu y buen hacer que este equipo de profesionales de la salud mental deploran cada día ayudando a sus pacientes a valerse más por sí mismos, reduciendo y previniendo las admisiones en pabellones psiquiátricos.

No sé si por este último motivo o porque los tiempos, al contrario que los alquileres, han cambiado para mejor todos pudimos desembarcar tranquilos y volver a nuestras vidas normales sin habernos sentido en ningún momento como los personajes del cuadro de Bosch magistralmente descritos por Michael Foucault en Locura y civilización.

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