El libro del futuro

nacho diaz

Nacho Díaz.

Al poco de nacer el director de la sucursal de la difunta Caja de Ahorros de Galicia con la que trabajaba mi familia me regaló una hucha. Eso, sin embargo, no me inculcó desde la cuna un apego al dinero que modelase mi conducta y personalidad convirtiéndome en un hombre de negocios con éxito o un banquero de la City. Muy al contrario, pese a los consejos que recibía del todo mundo la hucha pocas veces llegó a la oficina llena ya que siempre encontraba escusas para forzarla.

Dudo mucho que aquel simpático gesto que la Caja tuvo con todos los niños gallegos estuviese destinado a hacer de todos nosotros esclavos del capital, lavándonos así el cerebro para iniciar una competición a escala y salvaje en los colegios y guarderías con el fin de determinar quién era el niño o la niña más rica, obligándonos a robar las huchas ajenas, fomentando las envidias y exigiéndonos que nos privásemos  de nuestras chucherías para conseguir aumentar nuestros ratios de solvencia casi desde la pila del bautismo.

Supongo que dar esta estúpida razón para agradecer un detalle por tu nacimiento suena tan estúpido como acusar a la alcaldesa de Madrid de ser una estalinista por querer regalar libros a los recién nacidos de su ciudad pues, al fin y al cabo, regalar cultura es promover la vida, y la vida de un recién nacido no es nada más que un libro por escribir.

Atendiendo a esto supongo, también, que cuanto mejores sean las referencias mejores serán las historias a contar, y que si estas se basan en nociones de igualdad y respeto al prójimo los capítulos que a cada uno le toque vivir estarán llenos de amistad y amor a sus semejantes.

Además, tener un libro que te enseñe a amar tu ciudad y a toda la gente que vive en ella no solo abre la imaginación sino que invita a vivir miles de aventuras cada día, aprendiendo de lo que se lee y con lo que se ve como muchos niños gallegos aprendimos a sumergirnos en Galicia y su pasado cuando La Caja, también, nos regaló  un magnifico comic sobre nuestra historia.

Aquella fue una oportunidad, nunca mejor dicho, histórica ya que por primera vez podíamos ver y aprender una historia totalmente olvidada y vilipendiada por un régimen que impidió a las generaciones que nos precedieron descubrir de dónde veníamos.

El libro no pretendía hacernos reaccionarios independentistas ni adoctrinarnos en  el odio a España. Lo que la gran obra social de aquella Caja pretendía  era simplemente acercar el idioma gallego a la gente más joven para resucitarlo tras casi 40 años de olvido y darnos a conocer mejor nuestra tierra.

El transcurrir de los tiempos ha cambiado también a Madrid. Gentes de todas partes del mundo, de todas las razas y religiones, con o sin discapacidades, son sus vecinos. Personas LGTB y heterosexuales con  sus familias conviven ahí en sus zonas ricas y en sus zonas pobres, generando una nueva realidad social muy semejante a la de cualquier otra capital mundial, que para algunos es Cambalache y para otros muchos, por suerte, alegría multicultural.

Por este motivo a nadie en su sano juicio puede negar que las diferencias entre los que están por venir y los que ya están cada vez se hacen más grandes, ni que en el descubrir la variedad está la armonía que facilita el entendimiento y la convivencia.

Ensalzar lo que a cada uno nos hace distintos e intentar enseñar lo que nos asemeja para fomentar el entendimiento y reforzar la unidad no tiene nada de fanatismo pero si mucho de compromiso de futuro en una época en la que, por poner un ejemplo, un Presidente casi analfabeto es humillado sistemáticamente en twitter por sus comentarios fascistoides nada más y nada menos  que por una escritora de libros en teoría juveniles como es J.K. Rowling.

Regalar así pues un libro que una a todos los futuros niños madrileños en el bien común de su ciudad es regalarles un escudo que los proteja contra el racismo, la xenofobia, la LGTBfobia, el clasismo, el fanatismo de cualquier fe y les ayude a empezar a entender que nadie esta solo ni aislado, porque desde muy pequeños tendrán modelos donde sentirse reflejados, sabiendo que nacieron con la esperanza de vivir en un mundo mejor donde nadie esté ya obligado a  reprocharse aquello de:

“El día que nací yo, que planeta reinaría

Por donde quiera que voy

Que mala estrella me guía”….


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