Buscando a San Babilés en Boadilla

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Javier Algarra, periodista.                    

Un equipo de arqueólogos está llevando a cabo excavaciones en las inmediaciones del Cerro de la Ermita de San Babilés, en Boadilla del Monte, con el objetivo de localizar los restos del patrón del municipio y de los ochenta niños que, junto a él, fueron martirizados por los sarracenos en el siglo VIII.

San Babilés, nacido en Pamplona, fue Obispo de la capital navarra y predijo la ruina de España a causa de los pecados de los hombres. Después del 711, los árabes se apoderaron de la ciudad, la devastaron y persiguieron a los cristianos, especialmente al Clero. San Babilés consiguió huir a Toledo, y allí estuvo residiendo entre los mozárabes. Posteriormente, se trasladó a Odón, donde se instaló como eremita. Debido a su fama de santidad, recibía constantes visitas de cristianos buscando sus enseñanzas, y hasta algunos próceres mozárabes le confiaron la crianza de sus hijos, cosa que imitaron varios árabes. También se le atribuían curaciones milagrosas, y muchos eran los que acudían a él en busca de sus remedios. Era capaz de sanar hernias y huesos quebrados.

Su fama de santidad era ya conocida cuando los moros invadieron su escuela y le quitaron la vida. El Obispo, junto a dos de sus hermanos cofrades y ochenta niños, fue torturado y degollado por los sarracenos el 30 de octubre de 715.

Todos los años, en primavera, los boadillenses portan la imagen de San Babilés desde la iglesia de San Cristóbal hasta el polideportivo municipal, y celebran su festividad cincuenta días después del Domingo de Resurrección.

Ahora, los investigadores tratan de localizar sus restos en el Cerro de la Ermita, donde se han localizado vestigios de una iglesia de los siglos XII o XIII, remodelada entre el XVI y XVII. Junto a estas ruinas, también han sido encontradas varias sepulturas pertenecientes a dos necrópolis diferentes, datadas en los siglos VI y VII, y escombros de la demolición del templo en el XIX y de cuando fue arrasado durante la invasión francesa, así como monedas de cobre de los Reyes Católicos, de Fernando VI e Isabel II.

La importancia de estos hallazgos, sin embargo, quedaría eclipsada por la localización de la cripta en la que reposarían los restos del santo junto a los de los niños martirizados. Se certificaría así una historia apócrifa que ha llegado a nosotros por tradición oral y muy escasa documentación escrita, aunque, a lo largo de los siglos, la ermita ha arrastrado una larga consideración de capacidad milagrosa y curativa.

Hasta el trazado de la M-50 tuvo que ser desviado para respetar el Cerro en el que se ubica y ahora, gracias el equipo de gobierno municipal, a los expertos arqueólogos y a la tecnología de nuestros días, un retazo de historia de la España visigoda puede salir a la luz, junto a la leyenda de un santo cuya veneración se inició en vida.