Galapagar: una visita obligatoria para los amantes de la naturaleza, la cultura y la gastronomía

Casa Consistorial.

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GALAPAGAR. Una visita a Galapagar nunca pasa desapercibida. Este municipio de la Sierra de Guadarrama, situado a tan sólo 35 kilómetros de Madrid, en un entorno privilegiado, tiene más del 70% de su territorio protegido, por su gran valor natural y su gran riqueza histórica y cultural.

Gran parte de su termino municipal se encuentra dentro del Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama y su Entorno, con amplias zonas de pastos y bosques característicos de ribera, con encinas, pinos, enebros y fresnos. Gracias a la tranquilidad, tanto del casco urbano como de sus urbanizaciones, el municipio se ha convertido en los últimos 30 años en el hogar de miles de familias que han decidido instalar su primera residencia lejos de los ruidos y la jauría urbana de las grandes ciudades de la región.

Pero Galapagar abre, como pocas localidades, sus puertas a todos los visitantes. Tanto a los que buscan disfrutar unos días de la naturaleza, como a los que se quieran profundizar y conocer uno de los más ricos patrimonios históricos y culturales de la Comunidad de Madrid.

Sus tierras fueron pisadas por el Imperio Romano, dejando su huella en una calzada romana que unía antiguamente las poblaciones de Ocaña (Toledo) y Segovia, y de la que se ha recuperado un tramo de 200 metros de longitud y ocho de ancho, ubicado en una vía pecuaria conocida como Cordel de Suertes Nuevas. El municipio conserva además uno de los pocos miliarios romanos que quedan, descubierto con las excavaciones realizadas en los años 70 entre Galapagar, Collado Villalba y Cercedilla. Se trata de una especie de mojón que se colocaba en las calzadas, indicador de las distancias expresadas en millas romanas. Puente Herrera (1580-1583).

El paseo por el entorno natural llevará al visitante hasta el entramado de puentes sobre el río Guadarrama, de diferentes épocas, que atestiguan la riqueza histórica del municipio. El Puente de Alcanzorla (1580-1583), de origen musulmán, cuya construcción se realizó entre los siglos IX y XI. El Puente de Herrera,  del renacimiento, proyectado y construido por Juan de Herrera, arquitecto de El Escorial, por orden del rey Felipe II; o el Puente del Herreño (1.784), levantado con motivo de la construcción del Camino Real de Madrid a Castilla la Vieja por Carlos III.

La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Galapagar forma parte de una serie de templos edificados durante la primera mitad del siglo XVI dentro del Señorío del Real del Manzanares y bajo la promoción de los Duques del Infantado. De la construcción original han llegado a nuestros días la torre, el ábside, la portada principal, los azulejos toledanos de técnica de arista y parte del muro  con su arco de medio punto. Alejada del casco urbano, se levanta la Ermita del Cerrillo, llamada inicialmente Ermita de San Bartolomé y construida en el siglo XVI para el culto religioso. Perteneció a la familia de don José Escudero Domínguez hasta el  1987,  año en el que decidieron donarla al pueblo de Galapagar. Se encuentra situada en la Cañada Real Segoviana a medio kilómetro de Navalquejigo en el término de Galapagar y colindante con El Escorial en esta zona.

Mucho más reciente, la Ermita de La Navata se construyó en la segunda mitad de los años cuarenta para dar respuesta al inminente aumento de población de la colonia veraniega del mismo nombre. Se edificó, sobre unos terrenos cedidos por el Ayuntamiento, gracias a una colecta que realizaron los vecinos de la zona.

Una visita a Galapagar no debería terminar sin haber pasado antes por la Sala Arqueológica situada en el antiguo calabozo del Ayuntamiento, ahora recuperado, donde se muestra una exposición permanente de Salvador Strohecker, que recoge impresionantes muestras de la prehistoria de la Sierra de Guadarrama.

El pueblo que ha visto nacer y crecer a importantes figuras como el ganadero Victorino Martín o el torero José Tomás -ambos Hijos Predilectos-,  ha servido también de lugar de inspiración y residencia para escritores y artistas, como Ricardo León, Jacinto Benavente o Pablo Palazuelo.

La Casa Museo Ricardo León, recuerda la vida de este novelista que instaló su residencia entre Galapagar y

Casa Museo Ricardo León.

Casa Museo Ricardo León.

Torrelodones, sumándose así al amplísimo grupo de burgueses acomodados, nobles, intelectuales, militares y políticos de renombre que a finales del siglo XIX y comienzos del XX erigieron sus residencias en la Sierra de Guadarrama, buscando un lugar para el descanso, en contacto con la naturaleza. El interior de la casa está dividido en la zona de vivienda y la zona de museo.  En esta última, repartidos en la biblioteca, sala de vitrinas y capilla, se encuentran muebles, bronces, libros, cartas, cuadros y enseres que pertenecieron al escritor.

El pueblo de Galapagar rinde también homenaje al dramaturgo y Premio Nobel Jacinto Benavente, quien quiso ensalzar Galapagar construyendo en el municipio una finca urbana para retirarse a escribir alguna de sus obras más importantes, como La Malquerida. Por ello, para honrar su memoria y devolverle lo que él le entregó a Galapagar se erigió un monumento en su honor que puede verse en la Plaza de la Constitución.

Los amantes de la buena mesa ya incluyen en su hoja de ruta este municipio serrano, porque acoge algunos de los mejores sitios para comer en la Comunidad de Madrid. Restaurantes como El Figón, La Santina, Asador del Parque, El Tablao, El Horno de Cheval, Garnacha o Trinidad se han convertido en un referente gastronómico de toda la región, con apuestas tradicionales e innovadoras.

Si visita además Galapagar un sábado de julio o agosto puede terminar la jornada con una sesión decine de verano” en la plaza del pueblo y hacer de su paso por la Sierra de Madrid un día inolvidable.