A las maquinistas del Tren de la Libertad

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Nacho-Díaz-200x150Nacho Díaz, sociólogo.                                                                                                                            

De salir adelante la querella por injurias promovida por el “Tren de la Libertad” contra el obispo de Alcalá la sociedad española tendría la oportunidad de ver sentado en el banquillo de los acusados a un hombre cuya falta de amor al prójimo a punto está de convertirlo en la Magdalena apestada de la jerarquía eclesiástica.

Si las palabras de cambio que se escuchan desde la Iglesia fuesen ciertas, el juicio contra el despropósito de Juan Antonio Reig podría ser utilizado como la gran oportunidad que Francisco necesita para empezar a pedir perdón a todas las víctimas de la incomprensión y la intolerancia católica.

Con la entrega de este obispo caduco a la justicia, el Papa demostraría su buena voluntad de acercarse a la gente de a pie y también mostraría su intención de empezar a revisar un pasado donde las personas que rechazaron cualquier tipo de religión acabaron encontrándose con las trágicas consecuencias de las incestuosas relaciones entre gobierno y curia en algún momento de sus vidas.

A pesar  que la retirada de la ley del aborto ha cesado el flujo libidinoso entre la rancia derecha española y los más reaccionarios miembros del casposo clero, la permanencia en el cargo de este obispo trasnochado indica que todavía hay voces en el seno de la Iglesia que Francisco no puede callar a pesar de lo mucho que intentan herir a quienes nada quieren tener que ver con ellas.

El mayor crimen de Juan Antonio Roig es aquel de intentar hacer daño utilizando el discurso del miedo para alimentar la ansiedad de quien lo está pasando mal. A pesar de que a estas alturas poca gente se va a inmutar por lo que ese hombre de naftalina tenga que predicar el poso de sus palabras continúan alimentando el recuerdo de una sociedad donde solo existía la hoguera eterna del infierno o el cielo de los santos pecadores redimidos sin permitir a nadie vivir ajeno a la dictadura del nacionalcatolicismo.

Un juicio contra el líder goebblesiano de la vieja trova episcopal española sentaría las bases de la reconciliación y el dialogo social entre quienes desean ver los poderes de un estado laico al servicio de sus ciudadanos para garantizar sus derechos a pensar libremente sin coacción moral alguna y aquellos que de verdad están dispuestos a sacrificar a miembros de su jerarquía para marcar el ritmo de un futuro libre de miedos e igualitario.

La igualdad de los hombres y las mujeres ante la justicia se me antoja como el escenario más oportuno para que el obispo responda por sus acciones. La falta de tal ecuanimidad dentro del seno de la Iglesia impide de por sí que las voces de las mujeres sean tenidas en cuenta.

A esta particularidad también conviene añadir que no son las mujeres católicas las que se han ofendido por las palabras de su ilustrísima sino que las víctimas han sido otras muchas mujeres de distintos colectivos que impotentes tuvieron que escuchar homilías y sermones llenos de insultos, exabruptos  y barbaridades pronunciados por los eternos sembradores de discordias cobijados y protegidos bajo la mitra de la autoridad patriarcal absoluta.

Por ese motivo un juicio que devuelva al obispo Roig su condición humana, apartándolo de su autoimpuesto estatus divino, desvinculándolo de los nuevos aires que el Papa Francisco quiere propagar desde Roma, daría a los creyentes y no creyentes, además de otras gentes que cuestionan su fe, la oportunidad de entender por si mismas que la Iglesia Católica está formada por hombres que cometen errores.

Estos hombres, sin necesidad de mencionar a Torquemada, o a los que condenaron a Copérnico, o a muchos pedófilos,  parece que tienen un lugar especial en el corazón de la Iglesia y que nadie quiere hacer nada para librarse de ellos de una vez para siempre.

Mientras tanto esas reliquias empolvadas seguirán con sus declaraciones ensanchando el abismo entre progreso y superstición amamantando a sus fieles con la ignorancia nacida del seno de su odio dirigido hacia todo lo que no pueden y no quieren entender.

Nacho Diaz es estudiante de doctorado en el Centre For Narrative Research, CNR, University of East London bajo la direccion de Maria Tamboukou . Su vida profesional se ha desarrollado en diferentes centros penitenciarios y hospitales psiquiatricos, en el terreno de la reinserción. Además ha trabajado con diferentes ONGs.