Entrevista a Ignacio García de Vinuesa: «Lo más difícil de ser alcalde es enfrentarte a los dramas humanos de los vecinos»

ALCOBENDAS. Ignacio García de Vinuesa (Madrid, 1948) fue reelegido en mayo por tercera vez alcalde de Alcobendas por el Partido Popular. Hace apenas una semana Mariano Rajoy hizo un guiño a su figura incluyéndolo para cerrar la lista del PP en Madrid al Congreso de los Diputados.
Aficionado a las carreras de larga distancia (ha terminado 3 maratones), la navegación a vela y la música clásica, García de Vinuesa se reconoce admirador de la figura de Aldolfo Suárez y del proceso de la Transición. Asegura que lo más difícil de ser alcalde es enfrentar los problemas personales, en ocasiones dramáticos, de los vecinos.
Comenzó a trabajar antes de acabar los estudios y fue empresario durante casi cuarenta años hasta que la política se cruzó en su camino. Estuvo ocho años en la oposición y va por su noveno en el Gobierno. Política Local charla con Ignacio García de Vinuesa.
Pregunta- ¿Cómo fue para usted el cambio de la empresa privada a la vida política?
Respuesta- En algunas cosas es muy distinto. Fue algo totalmente nuevo porque no tenía nada que ver con lo que había hecho hasta este momento. Lo que ya no es tan distinto es la gestión y para eso me ha sido muy útil venir del mundo empresarial.
En definitiva, un ayuntamiento no deja de tener muchas partes en común con una empresa. Tienes unos ingresos, unos gastos y unos productos que tienes que sacar al mercado, que son los servicios públicos.
Los clientes que son los vecinos con los que tienes que cumplir un compromiso y darles unos servicios de la máxima calidad al menor coste posible.
El trabajo que había realizado durante 40 años de mi vida me vino muy bien para la gestión municipal.
P- ¿Cómo ha afectado a su vida personal?
R- Entrar en política te cambia la vida de una forma radical porque en política te metes tú y se mete tu familia. Tengo hijos mayores, a los que ya no ha afectado, pero a mi mujer de una forma totalmente directa. Si no cuentas con la colaboración de tu familia, en este caso de mi mujer, es muy difícil.
Aun así, aunque mis hijos ya no vivan conmigo, la vida familiar especialmente en torno a los fines de semana se resiente. Y lo mismo con los amigos, porque cuando los vemos normalmente es en fines de semana y en las vacaciones, que son más cortas cuando te dedicas a la política.
Hay una absoluta entrega a la causa. Yo he trabajado mucho durante toda mi vida en la empresa privada pero me permitía tener ocio. Ahora es más difícil.
«Un ayuntamiento tiene mucho en común con una empresa. Tienes ingresos, gastos y unos productos que tienes que sacar al mercado, que son los servicios públicos».
P- ¿Conserva alguna afición?
R- Las aficiones las mantengo aunque las horas de dedicación sean muy pocas. He sido una persona muy activa toda mi vida. Llevo muchísimos años corriendo, mucho antes de que se hiciera tan popular. He terminado 3 maratones en Madrid y he corrido muchas carreras populares.
Me gusta mucho el mar. Navegar a vela. Tuve durante muchos años un barco de vela, que como en la política tengo poco tiempo tuve que vender. Navegar a vela es una sensación que es difícil de describir pero es excepcional. Me gusta navegar o con mi mujer o solo. No con un grupo de gente porque entonces se convierte para el que navega el barco más en un problema de control de las personas.
He jugado al golf, aunque lo dejé hace muchos años. También al tenis y al pádel.
Aún sigo corriendo y lo hago venciendo una pereza enorme porque llego a casa muy tarde y en invierno sobre todo es durísimo. Pero lo hago con el convencimiento de que es bueno y hay que hacer algo fuera del trabajo.
Me gusta mucho viajar. Cuando tenía mi propia empresa podía organizarme la vida de la forma más conveniente, porque aunque trabajaba mucho podía alargar ocasionalmente algún fin de semana. Si quería irme de viaje con mi mujer podía, pero eso ya pasó a la historia.
P-Es conocida su pasión por la música clásica ¿Algún autor de referencia? ¿Alguna obra?
R-Me gusta mucho la música clásica desde siempre y me gustan los compositores que gustan a todos. Yo no puedo decir como hacía Alfonso Guerra que me vuelve loco Mahler, aunque hay cosas de Mahler que me gustan.
Las obras más clásicas de los más clásicos son mis favoritas. No quiero hacerme el entendido, porque no lo soy, diciendo que me gusta una sinfonía desconocida de un autor. A mí las obras de Beethoven, Mozart, Bach o Stravinski me parecen maravillosas.
Cuando llegué a Alcobendas era una parte de la cultura bastante abandonada. Era muy raro ver en la programación algún concierto de música clásica. Inauguramos un Centro de Arte que tiene un Auditorio en el que se programa regularmente música clásica.
También me gusta mucho la ópera aunque he de reconocer que hay óperas que me parecen demasiado largas; demasiado densas. Cuando estoy en casa trabajando o simplemente leyendo escucho música clásica y también música country.
Las obras más clásicas de los más clásicos son mis favoritas. Las obras de Beethoven, Mozart, Bach o Stravinski me parecen maravillosas.
P- ¿Cómo recuerda su infancia? ¿Qué recuerdos tiene de aquella época?
R- Fue una infancia feliz. Nací en una época de España en la que las cosas eran muy duras. Éramos seis hermanos viviendo en una época de posguerra prácticamente. Mis padres, sin poder decir que pasaran dificultades, no tenían una economía holgada en modo alguno. A pesar de ello nos procuraron una vida plenamente feliz.
En aquella época las diversiones de los chicos eran más sencillas. No había viajes a Disneyworld. Teníamos el veraneo tradicional, entonces más largo, en el que íbamos siempre a la playa.
Mis padres no eran de costumbres fijas, veraneábamos tanto en el norte como en el sur. Estuvimos en Santander, en Almuñecar, en Pedreña, en Mallorca… Ahora mismo veraneamos en Ibiza que es uno de esos lugares que yo descubrí con mis padres. Entonces era un paraíso por la poca gente que había.
Con mi padre nació para mí el amor al campo y al mar. Me enseñó a hacer pesca submarina y otras cosas con las que disfrutábamos mucho. Con mi madre, sin embargo, pescábamos desde el muelle y también guardo de eso muy buenos recuerdos.
Los fines de semana íbamos como gran plan al Pardo a corretear. Estaba entonces mucho más lejos de Madrid de lo que está ahora. Era una época sencilla pero la recuerdo muy buena.
P- ¿Qué puede contarnos de su vida de estudiante y su entrada en el mundo laboral?
R- Yo no fui un buen estudiante pero sí tenía la predisposición por parte de mis padres para que terminara mis estudios. Como era una persona inquieta empecé a trabajar antes de acabar de estudiar.
Fue en una empresa de publicidad que mi padre había fundado. De aquel primer trabajo mantengo un buenísimo recuerdo. Trabajaba en el departamento radio, cine y televisión y podía ver cómo se hacía la publicidad desde dentro. Recuerdo perfectamente los estudios de grabación, los spots de televisión y los anuncios de cine.
No tenía vocación de meterme en una oficina a hacer un trabajo rutinario. Enseguida creé mi primera empresa. Primero con socios y luego solo. He sido empresario casi 40 años de mi vida. La última empresa duró 27. Hubo trabajadores que estuvieron desde el primer al último día conmigo. Era de ingeniería de las telecomunicaciones. Aunque estudié derecho y no tenía mucho en principio que ver con mis antecedentes la creé porque me salió tarde mi vocación por la tecnología. Me siento muy orgulloso de mi época de empresario.
En aquella época pude comprobar que la labor social que puede desarrollar una empresa es clarísima, por eso no entiendo cuando desde algunos sectores de le sociedad se critica al empresario como si fuera el causante de muchos males. Durante estos 27 años pude ver desde el primer día la evolución de familias. Gracias a que tenían un trabajo estable con una remuneración correcta se casaban, tenían hijos, compraban una casa, se cambiaban de coche, veraneaban… Aunque la empresa nunca tuvo unas grandes holguras ni yo me hice rico tampoco, sí daba oportunidades para que la gente se pudiera desarrollar.
La vida de la empresa fue una magnífica etapa. Si tuviera que elegir volviendo atrás a qué quiero dedicarme diría que ser alcalde es apasionante, pero que la vida de la empresa se la recomiendo a todo el mundo. Es ponerte a crear con tus manos algo que, aunque te pueda dar sinsabores, te ofrece unas satisfacciones enormes.
«He sido empresario casi 40 años de mi vida. La última empresa duró 27. Hubo trabajadores que estuvieron desde el primer al último día conmigo».
P- ¿Qué le lleva a entrar en la política?
R- Mi propia forma de ser. Yo había colaborado con el Partido Popular en alguna ocasión pero no era ni tan siquiera afiliado. Me llamó alguien del partido y me planteó si me interesaría intentarlo. Llevo viviendo en Alcobendas 33 años y entonces llevaba casi 20. Querían que primero fortaleciera el partido en la ciudad y luego me convirtiera en candidato. Lo consulté con mi mujer y me dio un voto de confianza. Me lancé inmediatamente.
He de decir que mi empresa, que ya no existe, es una víctima de mi actividad política. No podía dedicarme a las dos cosas. Estuve 8 años en la oposición y ahí aún podía ocuparme algunas tardes o esporádicamente pero cuando fui nombrado alcalde la dedicación ya era de 24 horas al día y eso supuso que la empresa dejara de existir.
Participé en las primeras campañas de UCD de la mano de un amigo de mi padre, que aunque no era político sí estaba muy implicado. Recuerdo la época de la transición con unas imágenes que no olvidaré. Cuando nadie daba un duro por nosotros convencidos de que volveríamos a cometer errores terribles del pasado y sin embargo los españoles dimos una auténtica lección. Aquello se notaba al circular por la calle. Se aprendió a convivir entre ideologías muy distintas.
Añoro de alguna manera aquella época. Por la edad estaban conviviendo personas cuyos padres habían estado enfrentados en distintos bandos durante la Guerra Civil y fueron capaces de entender que se estaba construyendo la España del futuro.
Entonces no había el rencor que yo percibo hoy entre los jóvenes que no han vivido la guerra ni saben lo que fue la dictadura. Hoy, sobre todo la izquierda joven, mantiene mucho más rencor y menos tolerancia de la que hubo en la Transición hacia una parte de la sociedad, que es la que representamos el Partido Popular.
Que ahora se intente minimizar el orgullo que deberíamos sentir por la Transición me parece terrible. Es una parte de nuestra historia que no deberíamos nunca olvidar y nos ayudaría mucho e momentos como este.
«La izquierda joven tiene mucho más rencor del que hubo en la transición hacia una parte de la sociedad, que es la que representamos el Partido Popular».
P- ¿Alguna personalidad política a la que admire?
R- Alfonso Suárez sin lugar a dudas (rotundo). Y Joaquín Garrigues. También algunos otros políticos de la transición, pero fundamentalmente estos dos y muy en especial Adolfo Suárez, al que valoro enormemente.
P- ¿Cuáles son las mayores dificultades a las que se ha enfrentado desde que es Alcalde?
R- Las mayores dificultades vienen dadas por las situaciones que atraviesa la gente. Conozco a muchos ciudadanos de Alcobendas. Los conozco por su nombre y sé su situación familiar y precisamente por ello estoy muy cerca de conocer cómo la crisis ha golpeado de una manera durísima a las familias.
Muchas vidas han cambiado de una forma tremenda. La parte más dura en la vida de un alcalde es enfrentarte a los dramas humanos que tienen algunos vecinos. Ahora mismo Alcobendas tiene una situación mejor, aunque sigue habiendo gente que lo pasa muy mal. No solo aquellos que han perdido el trabajo.
Nuestra sociedad no es absoluto homogénea. Hay familias desestructuradas y otros muchos problemas que vives de una forma muy directa. Tienes que implicarte tomando decisiones, como ha venido haciendo este Ayuntamiento, para mejorar las ayudas sociales.
Todos tenemos que ser conscientes que una parte de lo que produce la sociedad tiene que estar destinado a quienes más lo necesitan. En todos los sentidos.
Miramos mucho a veces a países lejanos pensando que hay mucha gente que lo pasa mal, y es verdad, pero tenemos más cerca personas que ya no solo por razones económicas sino por la soledad o el desamparo. Desde la gestión municipal esa sensibilidad tienes que tenerla en la piel.
P- Inicia su tercera legislatura. ¿Qué errores y aciertos valora de las dos anteriores?
R- Me arrepiento de algunas pequeñas cosas, pero no voy a dar pistas a nuestros adversarios políticos. Algunas cosas que podíamos haber hecho de otra forma o que iniciamos tarde en su modificación. Cuestiones que tienen que ver con la situación municipal heredada que podíamos haber modificado antes y podíamos haber gestionado mejor.
No pienso que hayamos hecho todo perfecto, pero el balance es positivo. Llegamos al Ayuntamiento de Alcobendas después de que éste hubiera atravesado una época de abundancia espectacular. Los 8 o 12 años anteriores a nuestra llegada fueron los años del crecimiento de Alcobendas. Se hicieron grandes zonas urbanizadas que supusieron para el Ayuntamiento una abundancia de dinero brutal y luego el tiempo ha venido a demostrar que aquella época se demostró con una nula visión de futuro. Se gastó muchísimo dinero en edificios e instalaciones magníficas pero que suponen unos gastos de mantenimiento enormes y es una auténtica hipoteca que nos encontramos.
A pesar de esto nos hemos reducido ni un solo servicio, no hemos subido los impuestos, la ciudad ha crecido y hemos hecho inversiones importantes en centros educativos. Nos hemos centrado en el aspecto más social de la ciudad.
Nos ha ayudado que los vecinos ya no exigen que el campo de fútbol, la piscina o el pabellón sean los más grandes. Esta competencia entre los municipios que habían antes ya ha dejado de ser importante para la sociedad. Los vecinos nos piden que los servicios sean buenos, que lo son, y que bajemos los impuestos lo que se pueda porque la situación para todo el mundo es muy mala. El balance en definitiva es positivo. Prueba de ello es que estamos aquí por tercera vez.
«Todos tenemos que ser conscientes que una parte de lo que produce la sociedad tiene que estar destinado a quienes más lo necesitan».
P- ¿Qué proyectos tiene en su tercera legislatura en el Ayuntamiento?
R- Hay grandes proyectos impulsados por el Ayuntamiento aunque no este no sea el protagonista total. Una zona que va a suponer el desarrollo definitivo de Alcobendas es Los Carriles. Es una zona de más de 220 hectáreas donde se van a construir más de 8.000 viviendas. Alcobendas crecerá en más de 30.000 vecinos, un 30% de su población. Será el final del desarrollo de la ciudad porque el término municipal que nos quedará después de esto ya no reúne condiciones para ser urbanizado como residencial.
Queremos que sea absolutamente modélica. La hemos empezado a diseñar desde el principio con todo el cuidado para que quién viva ahí pueda comprobar que hay una forma de hacer urbanismo distinta a como se ha hecho en otras ocasiones. Será una zona mucho más humanizada.
Nos queda otra zona que se llama Los Escobares que será de desarrollo mixto, que en este caso se dedicará a residencial y terciario. Sin olvidar nunca ir mejorando todos los aspectos posibles de la ciudad de Alcobendas.
P- ¿Qué rincón de Alcobendas recomendaría a alguien que no ha visitado nunca la ciudad?
R- El Arroyo de la Vega. Es un sitio que tiene zonas inexploradas. Tiene rosaledas que no se conocen y paseos maravillosos. También tenemos el monte de Valdelatas, que es totalmente virgen y del que una parte también es de Alcobendas. Cuando caminas por allí parece mentira lo cerca que estás de una ciudad como Alcobendas. Si te asomas entre las encinas o los pinos puedes ver las torres de la Castellana mientras estás en un bosque donde habitan búhos, garduñas o jabalíes.
Por Nacho Bosque.
Imágenes de la colección personal de Ignacio García de Vinuesa y del Ayuntamiento de Alcobendas.


