A este perro van a matarlo

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ricardo_ruiz_de_la_serna-200x150Ricardo Ruiz de la Sena, abogado.          

Se estima que, en la Comunidad de Madrid, se abandonan cada año unos 15.000 animales. Aquellos que terminan en centros gestionados por la Administración pueden ser sacrificados al cabo de 10 días si nadie los reclama ni los adopta. El motivo del sacrificio no es que estén lesionados o enfermos sino la superpoblación y la incapacidad de acogerlos a todos. Hace algunas semanas, la Federación de Asociaciones Protectoras y de Defensa Animal de la Comunidad de Madrid (FAPAM) ha presentado una iniciativa legislativa popular en la Asamblea de Madrid para eliminar el sacrificio de animales abandonados y establecer el sacrificio cero, limitar y controlar la cría y establecer la esterilización como medida para evitar la superpoblación. Me parece un objetivo encomiable.

Ahora bien, el que piense que me preocupo mucho por los perros o los gatos cuando debería preocuparme más por los humanos, que deje de leer esta columna ahora porque seguramente hoy no vamos a entendernos. Si necesito justificar por qué, en general, me parece una atrocidad que se sacrifique a un perro o un gato abandonado, hoy no es el día para que esta columna y ese lector se encuentren.

Alguien que decide tener un animal doméstico toma una de las mejores decisiones de su vida. Quien no ha jugado con un perro al aire libre en un día soleado no sabe lo que es la felicidad y creo que ningún niño debería ser privado de esa experiencia. Supongo que si todos creciésemos con perros o gatos –al menos, esa es mi experiencia- seríamos más consciente del tipo de relación mágica que puede trabarse con ellos, que nos acompañan desde hace miles de años.

Ahora bien, tener una mascota es asumir muchas obligaciones y algunas de ellas tienen un coste económico. En la Comunidad de Madrid tenemos una norma que necesita algunos cambios: la ley 1/1990, de 1 de febrero, de Protección de los Animales Domésticos. Entre las obligaciones que uno asume cuando tiene un animal doméstico –sea o no sea el propietario- está, entre otras, la de mantenerlo en buenas condiciones higiénico-sanitarias. Junto a esta obligación –y otras que recoge el artículo 2- hay una serie de prohibiciones que, por desgracia, se incumplen habitualmente en la mayor impunidad. Entre estas prohibiciones están la de maltratar a los animales o someterlos a cualquier otra práctica que les pueda producir sufrimientos o daños injustificados y la de abandonarlos.

 

«Las penas por maltratar animales son realmente bajas
y las condenas bastante infrecuentes»

 

Nadie tiene la obligación de tener un animal doméstico pero quien lo abandona o lo maltrata debería sufrir un castigo acorde con el daño que ha causado. La verdad es que esto no es decir mucho porque las penas por maltratar animales son realmente bajas y las condenas bastante infrecuentes. Todavía hay sitios donde torturar a un gato, apedrear a un perro o matar a palomas se considera un juego de niños, una chiquillada o una gamberrada. De las vaquillas maltratadas por los mozos borrachos de algunos pueblos mejor ni hablo. Ya habrá tiempo.

Junto a la impunidad del abandono y el maltrato, está el secuestro de animales para utilizarlos en adiestramiento de perros de pelea. Ha habido varios casos –algunos se han publicado en la prensa- de peleas de perros que la intervención policial no ha logrado impedir. Se han dado casos de secuestros de perros domésticos para utilizarlos en el adiestramiento de perros de pelea. Hay quien dice que se los emplea como “sparrings” pero no me gusta demasiado el símil. En el boxeo, el “sparring” practica un deporte de caballeros voluntariamente y nadie pretende matarlo. En el caso de las peleas de perros, se coge a uno doméstico para que otro de pelea lo destroce y se acostumbre así a la lucha.

Al perro o al gato abandonado, no le va mucho mejor. Si tiene suerte, dará con gente que lo alimentará y encontrará un sitio para cobijarse. Si no, alguien denunciará su presencia a los servicios municipales –porque merodea en la casa o porque se mete en la cocina de una cafetería, como ya me ha ocurrido con dos animales rescatados- y lo cogerán. Estará unos pocos días en una instalación gestionada por la Administración o por alguna entidad privada con concierto y –si nadie se interesa por él- lo matarán. A pesar de la impunidad que suele haber con el maltrato y el abandono, es frecuente que los dueños les arranquen el chip para evitar que los identifiquen y los devuelvan a su dueño. Hace unos días, me contaron la historia de un perro al que habían abandonado y que encontró el camino a casa. Lo volvieron a abandonar.

Esta iniciativa legislativa popular brinda la ocasión de que cambiemos una política que es injusta. La Asamblea de Madrid ya la ha registrado y está pendiente de tramitación. Sigan la información que se publique sobre ella. Escriban en las redes sociales. Atraigan la atención de sus amigos sobre este intento de cambiar las cosas. Cuando vean a un perro o un gato abandonado, piensen que seguramente van a matarlos si usted no hace algo.

Y recuerden que quien salva una vida salva el mundo entero.

 

@RRdelaSerna www.ruizdelaserna.es

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