¡Apoye, no castigue!

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Nacho-Díaz-200x150Nacho Díaz, sociólogo.                             

Si bien la excomulgación de la Mafia Calabresa ha supuesto un golpe de efecto para todos aquellos despiadados criminales que se creían dioses en sus delirios, las desafortunadas declaraciones de Francisco I en contra de promover una mejor legislación sobre políticas de drogas a nivel mundial han vuelto a demostrar que a la Iglesia Católica aun le falta mucho para adaptarse a los tiempos modernos.

Parece mentira que a un papa que tanto le gusta denunciar las injusticias sociales siempre se olvide que son los consumidores de drogas los que más sufren las consecuencias de unas leyes que estigmatizan cerrando las puertas a la educación y al trabajo imposibilitando, por tanto, la movilidad social.

En países como el Reino Unido y los EEUU, donde un elevado porcentaje de crímenes están relacionados con las drogas, las minorías étnicas son las que más sufren las condenas. Esto en nada se debe a que los blancos usen menos drogas pues, en realidad, lo hacen igual  que el resto de los mortales.

Más bien, lo que sucede es que la criminalización y representación  de los consumidores de drogas como individuos peligrosos que actúan bajo los efectos de sustancias nocivas llegadas de otras culturas alimenta el motor económico del suculento complejo industrial carcelario al tiempo que nutre el rechazo a lo ajeno y desconocido.

Cualquier tipo de ideología que promueva el castigo del consumo de drogas y no se detenga a educar, prevenir y tratar sus efectos merece ser definida como represiva. El modelo uruguayo y el de muchos estados en EEUU que han apostado por una descriminalización del cánnabis invitan a pensar que el  mundo se vuelve tolerante con la  gente que libremente decide consumir drogas sabiendo lo que hace.

Las únicas personas que de verdad no podrán sentirse jamás felices por la legalización de las drogas son los grandes narcos que viven como los mafiosos oprimiendo a sus campesinos e imponiendo su ley con sangre y fuego. El fracaso de la guerra contra las drogas iniciada por Richard Nixon ha dejado un reguero de muertes y una colección de capos redimidos por sus fortunas y exaltados tantas veces hasta la saciedad por los grandes medios de comunicación como figuras de autoridad y poder absoluto.

En Uruguay o diferentes estados en EEUU, donde la legalización de la marihuana está destrozando en tiempo récord cualquier tipo de vestigio del pánico moral del pasado, se puede observar, no solo, un descenso en el número de crímenes si no también otro considerable descenso en el consumo de drogas más fuertes.

Portugal mantiene uno de los índices más bajos de criminalidad relacionada con drogas de toda la Unión Europea gracias a sus ejemplarizantes políticas pro liberalización.

Concentrarse en conocer los efectos de las drogas y desarrollar la investigación con ellas puede ser muy beneficioso para gente que, por ejemplo, sufre estrés postraumático en  el caso del MDMA,  alcoholismo, en el del LSD, o la esclerosis múltiple en el de la marihuana.

La mayor parte de estos tratamientos y muchos más se hacían hasta que en los 70 Nixon decidió culpar a las drogas por las protestas de las gentes que no aguantaban más sus políticas corruptas. Siendo un hipócrita como era, Tricky Dicky -algo así como Monchito el tramposo- decidió crear una ley seca a su medida para justificar la vuelta a los valores tradicionales. A partir de allí como Capone, llegaron los escobares, los chapos guzmanes y no se sabe cuántos otros más que corrieron igual suerte. El dinero mientras tanto, cuando no en Contadora se blanqueaba  en Wall Street. Cuenta  John Lecarré, en una de sus últimas novelas, que ahora los señores de la droga asiáticos tratan, en vano, de comprar su clase en la City Londinense.

Mientras este flujo de capitales ilícitos recorre el mundo alimentando la codicia de los narcos sin escrúpulos en muchos países de la órbita de Rusia, por ejemplo, los consumidores de heroína reciben palizas de muerte a manos de la policía por norma y sistema sin que a nadie parezca importarle.

Si tan solo una casi invisible parte de los beneficios ilegales de las drogas se dedicase a la educación, a la prevención de riesgos y a la reducción de daños, sus consumidores se verían libres de esa miseria que algunos les quieren atribuir. Si por otra parte lo queda del dinero también tributase y la prohibición de experimentar con ciertas sustancias para fines terapéuticos se levantase el mundo sería un lugar mejor y más  libre.

Por todos estos motivos con la celebración hoy del día de acción global,  ¡Apoye, no castigue!

(http://supportdontpunish.org/es/dia-de-accion-global-de-2014/) quiero invitar a todo los lectores a que se unan al debate las drogas para recordar a sus víctimas, elogiar a quienes las han dejado y comprender a quienes quieren seguir consumiéndolas sin hacer daño ni a nadie. Para todos ellos mi respeto en esta gran fecha que proclama la defensa de sus derechos humanos.

 

Nacho Diaz es estudiante de doctorado en el Centre For Narrative Research, CNR, University of East London bajo la direccion de Maria Tamboukou . Su vida profesional se ha desarrollado en diferentes centros penitenciarios y hospitales psiquiatricos, en el terreno de la reinserción. Además ha trabajado con diferentes ONGs.