Los novatos sin memoria

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Nacho Díaz.       

 

 

Justo cuando creía que había conseguido escaparme de esos continuos bailes y cantares de políticos haciendo campaña electoral con un tipo de patriotismo más propio de otras épocas  descubrí hace escasos días  a la vuelta del trabajo la papeleta del censo en el correo. Después de decidir, tras sentirme muy desilusionado con mi partido de toda la vida, que en estas elecciones no votaría la última encuesta que leí me hizo pensar que una coalición PP-Ciudadanos sería algo horrible y catastrófico para el desarrollo del capital humano y cultural del país al unir a los de toda la vida con los arribistas deseosos de quitarles su puesto.

Por desgracia al no poder confiar en el hombre que hizo del PSOE un claro ejemplo de corporación política con tenues e irrisorias pinceladas de responsabilidad social  y sintiendo un gran rechazo por el carácter autárquico de Podemos, pensé que mi única salvación sería votar a la coalición impulsada por las mareas gallegas hasta que me di cuenta que la izquierda nacionalista gallega seguía siendo el mismo salón del Oeste a pesar de los siempre venerables esfuerzos del gran Xosé Manuel Beiras y todo su equipo por regenerar la vida pública que ya empiezan a dar sus frutos en mi ciudad natal.

La gota que colmó el vaso de mi frustración no fue otra más que las recientes declaraciones de Albert Rivera sobre no abrir las heridas del pasado demostrándome con ello su incapacidad para mirar hacia un futuro recordando a todos los que, gracias a él y su cómplices del PP, podrían permanecer en el olvido descomponiéndose en multitud de fosas comunes para lamento de sus seres queridos.

Ignorando en términos meramente humanos porque alguien decide denegar una sepultura digna a todos aquellos que murieron defendiendo sus ideales, en teoría, con el mismo convencimiento con los que sus ejecutores combatían  los suyos solo me puede hacer pensar que hasta para denegar la memoria de la muerte las viejas fuerzas conservadoras y la moderna derecha frapuccina han firmado un pacto de silencio para que todo siga igual.

No queriendo hacer de la falta de respeto a la Memoria Histórica mi única crítica a Ciudadanos las declaraciones de su líder sobre Educación para la Ciudadanía, aludiendo también a criterios que solo él se puede imaginar cómo progresistas, me recordaron a las de cualquier agente comercial que recién admitido en un club social de postín está dispuesto hacer y decir todo lo que haga falta con tal de aumentar su clientela entre los más veteranos y acomodados socios aludiendo a sus buenos modales para vender su respetabilidad entre los señores de toda la vida.

Si a esto le añadimos las declaraciones de, creo recordar, su jefe de comunicación en un programa de televisión defendiendo que el estado solo puede ser gestionado como una empresa la única consecuencia que puedo sacar en limpio sobre un partido entre cuyos máximos responsables abundan los licenciados en ADE es que la razón última de Ciudadanos no es otra más que convertir a los españoles en empleados de su propio gobierno y consumidores regidos por su marketing dictatorial.

De igual forma, la falta de algún referente intelectual y cultural que avale su proyecto me indica que en el caso de llegar al poder sus políticas culturales serían tan efímeras, vánales y mundanas como los trending topics de las Victoria Secret Angels o las promociones de cualquier bebida alcohólica en una discoteca de moda corroborando así mi idea de que el neoliberalismo una vez instalado neutraliza y complace a sus ciudadanos a través del hedonismo sin potenciar ni desarrollar la búsqueda del placer y el conocimiento a través del libre pensamiento.

Sobre esto debo decir, según me contó una persona con una inmensa reputación internacional en el mundo de las políticas de drogas, que la flamante y positiva idea de Ciudadanos de legalizar la marihuana podría no responder tanto a los valores medicinales impulsados por las asociaciones cánnabicas del País Vasco sino más bien al espíritu de convertirla en una industria lucrativa que tanto parece hacer mella en Cataluña.

Para concluir también me gustaría explicar, después de haber vivido the rise and fall  de un partido bisagra como fueron los Lib-Dem en el Reino Unido, que mirando a como acabó su coalición con los Conservadores, otorgándole a Cameron una mayoría absoluta en las siguientes elecciones, los partidos vírgenes siempre son los que llevan las de perder al ser engullidos por las maquinarias de gobierno institucionalizadas cuya dirección principal nunca recae en el miembro inexperto.

Tal desgracia me hizo ver que si bien en algunas ocasiones David puede contra Goliat al final el aparato acaba librándose de su mosca cojonera cuando consigue fabricar y vender los milagros de una recuperación ficticia que, además, de no traer más que miseria fue vendida de forma exitosa por el eficiente y arraigado engranaje de un partido con mayor experiencia en el poder como son los Tories usurpándoles la gloria a sus antiguos compañeros de viaje.