Una medalla para estos policías

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ricardo_ruiz_serna_2Ricardo Ruiz de la Serna. 

Ocurrió esta Nochevieja en Vigo. Una chica estadounidense de intercambio en España. Fiesta genial, parranda fabulosa y una cogorza bien notable. En fin, el cóctel explosivo. Tanto debió de ser que a eso de las siete y pico de la mañana, a la joven le dio por descubrir el encanto de la ría y cómo estaría la cosa que se tiró al mar. Imagino que debía de ir muy perjudicada porque, a esas horas y en el mar de Vigo, ni Martín Códax se hubiese atrevido. En fin, el caso es que esta muchacha -insisto, tras toda una noche de farra y alegría- se lanzó al agua y le hubiera podido costar la vida si no hubiera sido porque alguien llamó a la policía y porque llegaron dos agentes a tiempo de salvarla.

Bueno, la salvaron a riesgo de morir porque la interfecta no colaboró nada de nada. Cuando los funcionarios llegaron al lugar adonde se había arrojado la chica, vieron que ya iba mar adentro. Se tiraron al agua con sendos salvavidas y empezaron a llamarla. Imagínense la escena: allí, a grito pelado, con el agua fresquita y amaneciendo. La moza nadaba en dirección contraria. La mar estaba picada y turbia. Se lanzaron tras ella. Cuando la alcanzaron, ya a unos doscientos metros de tierra, les dio patadas y puñetazos, se resistió al salvamento y, solo cuando se cansó, pudieron rescatarla trasladándola a nado. Figúrense cómo debía de estar la joven y cómo debieron de quedar los funcionarios. Ya en tierra, la fiestera les gritó en inglés y tuvieron que sujetarla hasta que llegó una ambulancia para evitar que se tirase al mar de nuevo. Los dos policías empezaron el año con un baño, una lección de inglés a gritos y una vida salvada. Otros dos compañeros más tuvieron que ayudarles desde tierra.

A menudo se olvidan -o ni siquiera se cuentan- estos heroísmos cotidianos. Estos funcionarios se tiraron al mar jugándose el pellejo para salvar la vida de una chica que iba tan mal que ni siquiera sabía qué cerca le pasó la muerte. Seguramente no los conozco, pero me los puedo imaginar. Escala básica. Mucha calle, mucha mano izquierda y la seguridad de que, si las cartas vienen mal dadas y uno te saca una pistola, puedes acabar siendo tú el malo. Ustedes ya saben cómo va esto y ellos también. Para algunos, el policía es sospechoso por definición. Para otros, es un órgano de represión, un instrumento de violencia, un opresor… En fin, basta darse una vuelta por Twitter para ver las barbaridades que se escriben sobre la Policía.

Hace unas semanas participé en una mesa redonda que organizaba un sindicato policial y una funcionaria que sigue lo que escribo me pidió que escribiese algo sobre policías. Estos dos héroes me han brindado la oportunidad de empezar el año escribiendo una historia de las que deben ser contadas y recordadas. Se tiraron al agua y pugnaron contra el mar y contra la chica para rescatarla. Estuvieron una media hora allí metidos. La cuidaron en tierra e impidieron que se tirase de nuevo. La acompañaron hasta que llegó la ambulancia. Gente así es la que de verdad construye España y la que demuestra que no todo está perdido. Cuando le hablen mal de nuestro país, piense en esta gente que llevan la bandera en el escudo y que, a menudo, trabajan en circunstancias muy, muy difíciles. Estos son los funcionarios a los que algunos insultan, menosprecian y agreden. Estos son los que se juegan el tipo cuando hace falta. Estos son los que se tiraron al mar el primer día del año cuando aún estaba amaneciendo. Que dé un paso al frente el que haya hecho lo mismo o algo parecido.

Quizás esta chica tenga ocasión de darles las gracias. Ellos, desde luego, ni lo piden ni lo esperan. Aún hay gente capaz de arriesgarlo todo, coger un salvavidas y tirarse al agua. Algunos dirán que era su deber. Es cierto, pero podrían haber muerto en cumplimiento de ese deber y eso debería contar algo.

Por eso, esta columna pide hoy una medalla roja para los policías que salvaron una vida el primer día de 2016.

Sigue a Ricardo Ruiz de la Serna en Twitter: @RRdelaSerna