Siempre con las víctimas

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Leyendo en un Diario de tirada nacional que existe la “máxima expectación ante la puesta en libertad de Otegi” (sic), se viene a la memoria la trayectoria vital de quien algunos llaman hoy “líder independentista”. No comprendo cómo se puede sentir expectación por alguien vinculado a explosiones, robos o varios secuestros.

Tras el asesinato del columnista de El Mundo, José Luis López de Lacalle (año 2000), Otegi declaró que “con esto, ETA pone sobre la mesa el papel de los medios de comunicación y de determinados profesionales que plantean una estrategia de manipulación”. Cumplió 15 meses de prisión por “dar las gracias a todos los gudaris” que han muerto cometiendo atentados contra civiles inocentes.

¿Líder de qué?

Urrusolo Sistiaga va a salir de la cárcel. Fue condenado a 449 años de prisión por 16 asesinatos y dos secuestros.

¿Tan barato sale matar?

Hace más de 30 años, el Capitán Alberto Martín Barrios fue asesinado de un tiro en la nuca en un bosque cerca de Bilbao. Su familia remitió una carta a los medios de comunicación cuyo contenido aún estremece: “Algo se ha roto en nuestro interior; nos han arrebatado al hermano, al amigo, a un español inocente y lo han convertido en un mártir sumiendo nuestro corazón en la oscuridad. No siento sino pena y dolor infinito”.

¿Alguien cree que las familias de los casi mil asesinados sienten expectación por la excarcelación de Otegi y Urrusolo?

Por otro lado, las lamentables, humillantes e indignantes palabras de una Diputada de Podemos refiriéndose al asesinato de Miguel Ángel Blanco. Como bien ha declarado Marimar Blanco, “diecinueve años después, tienen que seguir escuchando a través de los medios de comunicación, a través de las instituciones, a través de la voz de una diputada, que vuelvan a justificar el asesinato de su hermano, que vuelvan a culpabilizar a la víctima y que busquen la inocencia del verdugo”.

En 2009, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sentenció que los líderes de Batasuna, Otegi entre ellos, proponían un proyecto “que no respeta las reglas de la democracia”. No va más.

Concluyo con una frase tremenda, directa e incontestable de la familia del Capitán Martin Barrios, que suscribo:

Maldigo, desde aquí, a quien dio la orden de asesinar y al brazo ejecutor”.