El Festival de Dulwich

El sábado pasado, fui a la inauguración de una exposición de 25 de los más de mil artistas que forman parte del Dulwich Art Group, no muy lejos de donde el arquitecto Sir John Soane a principios del siglo XIX diseñó y construyó la primera galería de arte inglesa, la Dulwich Picture Gallery, para acoger obras de reconocidos pintores como Murillo, Rembrandt, Canaletto y los integrantes del taller de Velázquez entre otros.

Planted Frame. Desmond Olayemi.
La inauguración formaba parte del Dulwich Festival. Mientras me perdía intentando encontrar mi lugar de destino tuve la oportunidad de caminar por delante de muchas casas de artistas en esa zona del Sureste de Londres que, gustosos con el buen tiempo, celebraban sus obras invitando a propios y a extraños a conocerlas, sin ninguna otra formalidad más que la de aceptar la bienvenida en sus jornadas de puertas abiertas.
Al final, tras subir y bajar muchas colinas verdes, llegué al lugar que buscaba sin poder contener mi sorpresa al hallar una casita de madera recién salida de una postal de cuento de muñecas.
Esta sensación se acentuó más aun cuando, antes de entrar, mis ojos se detuvieron en una colección de planted frames, en la fachada principal, concebidas y creadas por el apicultor Desmond Olayemi, quien tuvo la amabilidad de explicarme que, en realidad, la que más me gustaba era la primera que había hecho siguiendo “su anhelo de ver algo verde en su piso urbano sin jardín”.
Intentando comprender la relación entre la apicultura y su arte me di cuenta, al final, que a ambos los unía la misma dedicación y dulzura con la que Desmond explicaba su obra a los muchos que sorprendía por su originalidad.
Una vez dentro descubrí una de las mejores tortillas de patata que recuerdo, gambas al ajillo, croquetas, jamón serrano, anchoas, una selección de quesos, y otras comidas españolas que bien pudieran estar en el mejor de los bodegones allí expuestos, mientras mis ojos intentaban absorber los más de cien cuadros colgados en tan original espacio.

Liz Day.
Algunos desnudos me llamaron la atención. También noté la misma sensación de diferencia y originalidad que me habían producido los frames de Desmond cuando contemplé, al fondo, los cuadros de la pintora Liz Day, cuya visión personal y emotiva de los Pirineos Franceses nevados me elevó a las frescas alturas de una tarde poblada de cálidas impresiones.
Liz me explicó que lo que yo estaba viendo no era la “descripción” de ninguna montaña en particular sino sus emociones después de haber estado en los pirineos, donde suele acudir para hacer esbozos y fotos que, posteriormente, le recordarán lo vivido en aquellos lugares en su estudio londinense.
La carrera artística de Liz, en marcha tras un descanso, la está llevando participar en varias exposiciones gracias al buen nombre conseguido por sus collages de papel tisú. Recientemente algunos de ellos han estado en la Turps Gallery, exaltando las respuestas visuales y emocionales a los contextos que rodean toda la obra de la autora, y también retratando las relaciones “sentidas” entre personas para hacerlas resonar.
Por lo que se refiere a los demás pintores que allí conocí bastaría con decir que el conjunto de sus obras hacían buen mérito a todas las facilidades otorgadas por su pertenencia al Dulwich Art Club para dibujar y pintar. Sobre esto también me queda recordar que el fruto su asistencia a los diversos talleres que se organizan y las diversas sesiones informales, donde se invita a “mirar por arriba del hombro a alguien que sepa lo que está haciendo”, resultaron ser algo más que muy gratas satisfacciones a la vista de todos los presentes.