Recorte sin sentido

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Cuando con las “maletas preparadas para llegar a Italia” aterrizas involuntariamente en “Holanda” (quienes tienen hijos con discapacidad me entenderán perfectamente), inicias un camino de luces y sombras, de sonrisas y lágrimas, de paciencia (¡qué palabra!) en el que buscas respuestas, ayuda y consuelo.

Los últimos años han traído un monumental recorte de fondos para la ayuda a personas con discapacidad o diversidad funcional. Sin un logopeda, un fisioterapeuta o un transporte adaptado, muchas personas y muchos de nuestros hijos estarían arrinconados, sin posibilidad de progresar y mejorar. Y esos especialistas y esos materiales cuestan dinero, mucho dinero. El Estado puede y debe ayudar a quienes padecen cualquier tipo de diversidad. No sólo sufre la persona discapacitada sino también su familia y entorno, que asisten, impotentes, al deterioro físico y mental, al aislamiento de un ser querido sin poder hacer nada.

Cuando una persona necesita ayuda para estimular sus sentidos, para abrirle a la vida, recortar los fondos económicos es, sin duda, un recorte sin sentido.

Ahora que los partidos políticos van a intentar de nuevo convencernos para obtener nuestro voto, es momento de exigirles una estrategia coherente de ayuda a personas con discapacidad o diversidad funcional.

Pero hay más: nuestra sociedad requiere apreciar de cerca lo que supone vivir una discapacidad; no solo me refiero a circunstancias como la de respetar las zonas reservadas a minusválidos (que es una batalla perdida), sino más allá. Desde pequeños deben enseñarnos a defender a los más vulnerables y a integrarles adecuadamente en una sociedad que nunca debe cerrarles las puertas.

No quiero terminar sin exigir que se castigue duramente a los dementes que hicieron las pintadas en el Colegio de Educación Especial “Juan XXIII” de Fuenlabrada (Madrid). Lo de «minusválidos de mierda, todos a la cámara de gas«, entre otras majaderías, pone de manifiesto que su mente enferma no cabe en nuestra sociedad. Mi hijo es más válido que muchos de ellos y la única cámara que merece es la de fotos para retratar el maravilloso mundo de amor que le rodea.

“Elijo no poner dis en mi capacidad” Robert M. Hensel.