Crónica del Baskfest: El arte vasco toma Londres

La diáspora de artistas vascos en Londres celebró la capitalidad europea de la cultura de San Sebastián 2016 de la única manera que lleva haciendo honor a su tierra desde tiempo milenarios derrochando talento, generosidad y abundancia durante un fin de semana en el que la música, la gastronomía, el arte visual y los mejores perfomers invadieron y llenaron hasta rebosar el espacio social independiente The Hive, situado en una de las zonas más vivas y en auge de la ciudad my cerca de Dalston.
El Baskfest que se inauguró el pasado viernes con casi mil unidades del pintxo especialmente diseñado para la ocasión por Arzak, con guindillas de Ibarra y anchoas casi kilométricas de San Sebastián, fue servido por el personal del restaurante Ametsa, de una estrella Michelin, y acompañado por más de cien litros del txakoli K 5 de la bodegas de Arguiñano donadas por el propio cocinero.

Foto: Mónica R. Goya.
El sábado, por si esta orgia de sentidos no hubiera sido suficiente, el artista independiente Juanan Eguiguren colgó su cámara, que ha paseado por medio mundo, por un día para pasarse unas seis o siete horas cocinando morros de vaca, siguiendo las instrucciones grabadas por el mismo de su madre en los fogones de su sociedad gastronómica y proyectadas en una pantalla. La aceptación del plato fue tal que las largas horas de esfuerzo se esfumaron en apenas cuarenta minutos sin que la gente resintiera ni la cola ni la espera.
El homenaje a la tradición y su vínculo con la postmodernidad se llevó a cabo de dos maneras distintas. Por una parte Felipe Ugarte y Juan Ignacio Otegi nos deleitaron con un concierto de txalaparta, el instrumento musical más antiguo vasco. Por la otra, en la tarde del domingo, el documental Nomadak de Raúl de la Fuente nos mostró las aventuras de dos txalapartaris viajando por lugares tan diversos como la India, Laponia, Mongolia, Argelia o los campos de refugiados Saharauis tocando con sus gentes, mezclándose con su ritmos y construyendo txalapartas con los materiales locales, siendo la lapona construida con hielo la más original, en mi modesta opinión.
Si bien este documental unía a los pueblos y personas nómadas en busca de libertad a través de la música, la performance mágica y sensual a cargo de Arantxa Echarte e Isa Suarez, organizadoras del festival, unió el mundo personal de las artistas con el mundo exterior que nos rodeaba, combinando el dibujo y la danza improvisados de la primera con la música de la segunda, entremezclando palabras en euskera y sonidos típicos de su tierra como el ruido del mar o el silencio interrumpido de la noche en el campo para crear mandalas y transmitir paz, alegría, amor y energía.
La polifacética Arantxa Echarte aplicó la técnica de expandir entre su público y exportar los “contenedores de energía”, mandalas en el principal lenguaje sagrado Hindú, de su obra para mostrar el orgullo de sentirse donostiarra con guiños y referencias en su actuación a la cultura vasca, como mostraban las sujeciones de las ceras en sus manos y pies con las que se deslizó durante media hora exacta sobre un papel de 25 m2 cuadrados, que recordaban las mismas sujeciones de los pelotaris, cuyos cantos al marcar puntos también fueron grabados por Isa Suarez gracias a la voz de Benat Burguete.

Foto: Juanan Eguiguren.
Tras la actuación tuve la ocasión de conocer por casualidad al ilustrador Liher Landeta cuyas ilustraciones me habían me habían llamado la atención. Cuando le felicité y le pregunté qué tal le trataba Londres me respondió, con una sonrisa en la boca, que como buen gallego yo debía saber lo que era la morriña económica y, también, que preferiría vivir sin cobrar en su querido Bilbao antes que seguir ganándose la vida por todos los diferentes países de distintos continentes en los que había vivido, gozando de cierto éxito en unas profesiones que nada tenían que ver con su autentica vocación de ilustrador ya que, desde muy niño, siempre había querido ser dibujante.
Al final entre tanto arte y cultura en estado puro de alguna manera se tuvieron que exaltar las pasiones y ese momento, que no creo que se me olvide en la vida, llegó cuando durante la bella performance a cargo de la pareja de danza Igor and Moreno un espontaneo al grito de “Opa Donosti”, enseguida secundado por la multitud, sacó una botella de patxaran y se la ofreció a uno de los bailarines el cual, sin perder el ritmo, ni derramar una sola gota, comenzó a repartirlo en chupitos a todos los que quisieran probarlo entre saltito y saltito.
El éxito del patxaran fue tal que un irlandés emocionado por lo que estaba viendo y escuchando, me dijo que lo que acaba de probar sabía mejor que el mejor de los bourbons.
Considerando este motivo suficiente para hacer mío el mismo grito solo me queda por escribir algo que muchos se esforzaban por aprender a decir, “Zorionak Donosti” y que significa “Felicidades San Sebastián”, en honor a los 20 artistas que formaron parte del festival.