Y no pasaron

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nacho diaz

Y no solamente no pasaron sino que, además, los camisas negras de la Unión Británica de Fascistas de Sir Oswald Mosley fueron atacados, vencidos, humillados y aplastados por más de 100,000 londinenses y gentes llegadas de todas partes del Reino Unido para impedir la marcha racista, xenófoba,  y antisemítica que el partido tenía programada en el Este de la ciudad aquel 4 de octubre de 1936, donde vivían en una de las zonas más pobres de la capital, entre otros, los emigrantes judíos e irlandeses.

La Batalla de Cable Street, cuyo 80 aniversario fue celebrado este domingo con una gran manifestación, contó con la participación de diversas figuras del mundo de la cultura, como el Poeta Laureado de la Infancia Michael Rosen, distintos líderes sindicalistas, activistas de reconocido merito por su trabajo contra el racismo, asociaciones de Brigadistas Internacionales y, también, con la distinguida presencia de Max Levitas, un héroe de 102 años de la contienda, quien con su firme voz tuvo tiempo a pedir el voto para el Partido Laborista al comenzar los discursos, poco antes de abrazar a Jeremy Corbyn.

International Brigade

International Brigade Memorial Trust

Escuchar a Corbyn con naturalidad y soltura repetir hasta la saciedad en un potente español “¡No Pasarán!”, como leían los cientos de carteles que aupábamos los presentes, sirvió de inicio a un elocuente discurso en el que, evocando a la misma solidaridad que había unido a católicos, miembros de la clase trabajadora inglesa, inmigrantes y judíos, en la defensa de sus derechos frente a las provocaciones y los ataques fascistas, el jefe de la oposición concluyó advirtiendo sobre el peligro de las fracturas impuestas en las comunidades actuales.

Recalcando que el peligro de esta ruptura de la cohesión social estaba creando los mismo niveles de enfrentamiento contra grupos minoritarios como somos los europeos o los refugiados, al igual que antaño fueran los judíos,  el laborista también advirtió que mientras se empleaban recursos innecesarios en promover el odio y el rechazo se mermaban, también,  los esfuerzos para formar a los profesores, construir viviendas sociales, invertir en sanidad o pagar prestaciones sociales.

Estas palabras de Corbyn, que junto con las otras muchas vertidas desde el escenario solo hablaban de abrazar la diversidad, dando la bienvenida a todo aquel que quisiera ser feliz en el Reino Unido, resonaban en un excelente ambiente festivo y reivindicativo en el cual los hijos y las hijas de los que habían luchado en la batalla y, que ya no podían estar con nosotros, eran vitoreados como héroes de una hazaña histórica que erradicó la peste fascista de estas islas.

Dianal Shelley

Diana Shelley.

Si bien Max Levitas dio su testimonio una Diana Shelley orgullosa, como muchas otras personas anónimos , honró a pie de calle  la memoria de su padre, mostrando su logro, para que la Victoria de Cable Street pudiera ser recordada hoy con satisfacción por las gentes de todas partes del mundo que vivimos padeciendo las mismas injusticias que él, con su éxito, logro devolver a las entrañas del infierno, sepultándolas con la gloria de  su eterna victoria sobre los caballeros negros de la destrucción y el odio.

Las historias que escuché sobre los brigadistas internacionales irlandeses y británicos, por otra parte, junto con el precioso banner que me encontré nada más unirme a la manifestación, me hicieron darme cuenta, de verdad, que esta proeza había hecho realidad la ilusión de derrotar al fascismo para siempre aunque en España se suspendiera la reválida.

Afirmar que con Hitler se jugó el desempate, resulta algo ya tan obvio que tan solo cabría destacar que al apaleado de Mosley se le quitaron las ganas de promover el pacto de neutralidad con Alemania mientras se curaba de sus heridas y que, los herederos Unión Británica de Fascistas, bien sean los actuales miembros de la British Defence League, o del British Nationalist Front o incluso algún que otro matón del UKIP, siempre acaban por encontrar sus particulares Cable Streets cada vez que la gente, pacíficamente, les demuestran el asco que producen.