Las fiestas mejor sin globos

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Nacho-Díaz-200x150Nacho Díaz, sociólogo.

             

Desde que llevo trabajando con jóvenes londinenses sin techo no me había encontrado con nada más absurdo y estúpido que lo que le pasó a alguien a quien traté hace apenas unas semanas. Sabiendo como sabíamos que el joven en cuestión era carne de cañón todos hicimos lo posible para evitar su entrada en prisión, resultando al final nuestros esfuerzos en vano. El problema no fue el delito en sí, sino más bien el estado de ánimo en el que Jack, por darle un nombre que no es el suyo se encontraba desde hacía algún tiempo.

La razón de su increíble volatilidad que le hacía perder la cabeza de una forma en la que a poca gente había visto perder la cabeza, lejos de ser drogas tan inocuas, comparadas a la que el consumía, como la marihuana o incluso substancias más fuertes, no fue otra más que la de engancharse al gas con el que se inflan los globos de los niños.

Este gas de nombre óxido nitroso a la venta en cualquier tienda sin ningún tipo de regulación y todavía más barato y accesible en internet volvió completamente loco a un muchacho llegando a manifestar su total dependencia caminado siempre con una riñonera llena de capsulitas en el bolsillo acompañadas de sus correspondientes globitos.

Cada vez que Jack quería un subidón solo tenía que inflar y aspirar en cualquier parte y en cualquier momento. Como los efectos no duran más de un par de minutos Jack consumía entre veinte y treinta capsulas al día acompañadas de los pinchazos a los globos para aspirar el gas.

Esto suponía ver a todo una persona de diecinueve años continuamente tirando del globo hasta que sus ojos se ponían rojos como tomates y entre subidón y bajón caminaba entre la bestialidad de la agresividad y la depresión de verse tirado en la cama durante horas hasta que podía reunir fuerzas para conseguir más gas y seguir aspirando después de inflar los globos.

En una ocasión le vi con unas doscientas capsulas para venderlos en una fiesta. El consumo de esta substancia, por ser legal y barata, está bastante extendido entre los adolescentes del Reino Unido y aunque poca es la gente que puede acabar como Jack conviene recordar que destrozarse la vida por seguir jugando con globos a tan avanzada edad es casi tan ridículo como bailar semidesnudo en un aparcamiento de un supermercado local en la mañana de un día lluvioso y tener que ser rescatado por unos miembros del personal de mantenimiento que lo reconocieron.

Durante los fines de semana su consumo aumentaba todavía más hasta el punto en el que en el hostel donde vivía solo se oían los pinchazos de los globos mientras intentaba, sin conseguirlo, entablar conversación con cualquier persona que se le pusiese delante debido al increíble aceleramiento bajo el cual actuaba impidiéndole hilar un pensamiento con otro. Cápsula de óxido nitroso.

Sin poder evitar, ahora, el recordar como un día Jack me crispó tanto los nervios al escuchar durante horas los continuos estallidos de sus globos sin ser capaz de hacerle ver que pese a mi experiencia trabajando en rehabilitación en diferentes cárceles jamás había visto nada semejante a su caso, la única imagen que guardo de él es la de verle salir a la calle como un poseso para buscar sexo con la primera chica, también, sin techo que pudiese encontrar para regalarle globos y gas.

Al final todas las chicas jóvenes locales que se encontraban en iguales circunstancias acabaron peleándose por él. En una ocasión una de estas jóvenes fue arrestada por acoso a otra adolescente que deseaba ser la mejor amiga de Jack.

Muy a pesar de que el óxido nitroso también se conoce con el nombre de gas de la risa esta historia no tiene nada de divertida ilustrando un auténtico drama humano que no va a dejar de repetirse simplemente porque las autoridades prohíban su uso o el de cualquier otro legal highs o subidón legales como se les conoce en español.

Tal y como reconocía Ifor Glyn de la organización Sands Cymru de ayuda a consumidores de drogas y sus familiares en Gales el hecho de que una sustancia sea ilegal no va detener a la gente para que siga usándola. Aludiendo el ejemplo de una persona que murió tras comprar en internet un subidón legal cinco veces más potente que la heroína en forma de polvo blanco procedente de China y hasta entonces desconocida en el Reino Unido, según se hizo eco el Consorcio Internacional de Políticas sobre Drogas Ifor Glyn concluyó sobre la necesidad de seguir educando sobre los altos riesgos que estas sustancias presentan para prevenir la perpetuación de emergentes mercados negros donde este tipo de sustancias se mutarían hasta el infinito continuamente burlando la ley y aumentando los riesgos de más consecuencias fatales debido a la falta de información y al deseo natural de muchas personas por experimentar con algo que por ser tan legal como otras drogas como lo son el chocolate, el tabaco, o el alcohol pudiera llegar a ser bastante más nocivo e incluso letal sin saberlo.

Por este motivo, y en mi modesta opinión creo que todos los esfuerzos y mecanismos destinados a prohibir los subidones legales o cualquier otro tipo de drogas deberían ser encauzados a combatir el marketing hedonista explicando a sus consumidores las reglas de las ruletas rusas con las que deciden involucrarse, para hacer ver entre otras cosas, por ejemplo, que sin obligar a nadie a consumir marihuana esta droga no produce sobredosis mientras que el cannabis sintético, es por desgracia una bomba paranoica nacida en un laboratorio con lamentables efectos secundarios adquiridos a un precio bastante más modesto que la sustancia original.