Cambio de color, realidad perpetua

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Francisco Forte Forte.

             

El viernes 2 de octubre asistimos en toda España a una multitud de actos, más llamativos y multitudinarios cuanto más grande era la ciudad o capital de la comunidad autónoma de que se tratase, a excepción de Valladolid que vistió de verde la mitad de los monumentos de la ciudad.

En Madrid, con la presidencia del Establishment Central y los principales patrocinadores del acto, la relevancia de los asistentes encumbró hasta el Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de la Capital de España. Allí, desde la presencia de Senadores, diputados y concejales encargados de los temas sociales, tuvo lugar un precioso, llamativo, colorista y deslumbrante acto. Bajo las miradas de observadores y representantes de las personas discapacitadas psíquicas de casi toda Europa y alrededores, pudimos contemplar cómo el antiguo nombre de FEAPS (Federación Estatal de Asociaciones de Padres de Personas discapacitadas Psíquicas), desaparecía de una macropantalla en la que un vídeo bien diseñado para la ocasión, rompía las siglas y el logo (hasta ahora azul) tornándolo en otro nuevo que nacía, ahora en color verde, en formato de trébol, pero de cuatro hojas (la cuarta de color negro), nuevo logo que ha de acompañar al también nuevo nombre: «PLENA INCLUSIÓN».

Al parecer estamos en la época de los cambios de signos, nombres, escudos, formas colores y hasta de siglas. Parece que todos queremos reflejar nuestro descontento con lo existente hasta ahora. ¿Qué buscamos?

También hace cuatro meses FEAFES, (Federación de Asociaciones de familiares y personas con Enfermedad Mental), cambió su nombre por el de Confederación Salud Mental, en esta ocasión sin acto relevante, porque no han destacado nunca con el anterior nombre, ni ahora con el nuevo; ni tampoco parece estar claro que lo quieran. En el colectivo de Personas con enfermedad Mental surge siempre como primer punto de debate la publicidad de sus problemas o la ocultación de sus crueles realidades. A veces, a juzgar por el desaprensivo trato que la sociedad les dispensa, parece justificarse ese recelo a dar la cara. Por eso son muy pocos quienes se prestan a contar su realidad y el motivo de su enfermedad.

Doce meses atrás vimos iniciar esta tendencia de cambio de imagen en el mundo de la discapacidad, cuando la ONCE desplegó una magnífica campaña de marketing, adaptada a los diferentes medios, radio, prensa y TV, utilizando un procedimiento similar al arriba descrito. La desaparición de unos logos para que la fusión de sus imágenes y colores acabaran formando otro logo, otra imagen, otros colores y otra marca. Nació así ILUNION (para desaparecer ALENTIS) . Nos contaron que era la fusión de dos palabras, «ilusión» y «unión», todo para agrupar bajo un mismo nombre a un grupo complejo de empresas que pertenecían desde siempre ya a la corporación ONCE, llamada CEOSA, ya a la Fundación ONCE, llamadas FUNDOSA.

Pero más allá del gasto publicitario, ¿en qué cambia la realidad de las personas que viven con su discapacidad a cuestas, trabajan (o no) con ella, la sufren, o disfrutan?

Las intenciones son loables, pero además del gasto publicitario y cambios de logos ¿conseguirán el objetivo?