40 años bien atados

Luis Galafel.
Hace apenas 2 semanas estuve hablando con una persona a la que tengo gran estima. Me contó que había pasado el fin de semana en Mountaban, en el 75 aniversario de la defunción del expresidente Don Manuel Azaña.
Me dijo que fue un acto muy emotivo, más bien discreto, en el cual gentes de diversos lugares rindieron un sentido homenaje al último jefe del Estado español elegido democráticamente.
Me sorprendieron varias cosas de lo que relató. Por un lado, cómo personas siguen recordando año tras año a uno de los más brillantes políticos de la Historia de España. Por otro lado, la nula cobertura informativa de dicho acto, hasta tal punto llegaba mi desconocimiento, que ni siquiera sabía que se celebraba. Eso me llevó a pensar que la mayor parte de la población española desconoce quién fue este ciudadano ejemplar.
Sin embargo, y casualidades de la vida, nos plantamos 17 días después en el 40 aniversario de de la muerte de Don Francisco Franco. El último golpista que triunfó en derrocar un gobierno legítimo en España, y veo que la noticia compite en relevancia con los atentados de París y con el Madrid-Barça. No sólo eso, sino que se realizan actos de homenaje en espacios públicos. Sé que está muy manido pero, ¿alguien se imagina un homenaje a Hitler por las calles de Berlín o a Mussolini por Roma en la actualidad?, ¿cómo se explica esta situación inconcebible en ningún otro lugar del mundo?
La respuesta es clara y te la dan día a día. El partido en el gobierno actual, pese a lo que le gusta presionar a otros partidos a condenar, jamás ha condenado los crímenes del Franquismo. Los fundadores de dicho partido, eran entre otras cosas y por poner un ejemplo, ministros del gobierno dictatorial. Se empecinan en no aplicar la Ley de la Memoria Histórica, hasta el punto que la ONU ha tenido que llamarnos la atención. El otro día me enteré que España es el segundo país con más fosas comunes sin desenterrar del mundo, sólo nos gana Camboya, con Pol Pot y esos perros de los Jemeres Rojos.
Los nuevos aires de la política española, la alternativa de centro-derecha a la vieja guardia pretoriana pepera, sí que ha condenado dichos crímenes, pero se ha mostrado en contra de aplicar dicha Ley de Memoria por no remover el pasado.
Cuando, cada cierto tiempo y generalmente con mucho alcohol en sangre, surge el recurrente tema de conversación de la Guerra Civil, la gente suele decir: «ambos bandos cometieron atrocidades», y es cierto, pero jamás he visto a un republicano que no lo condene, y sin embargo, el Partido Popular sigue, no sólo sin hacer mención a ello, sino que pone palos en las ruedas a la hora de esclarecer y reponer tal injusticia . Por otra parte, he de aclarar que el Gobierno de la República jamás aprobó, al menos de forma expresa, dichas barbaridades, mientras que en el bando azul era una práctica institucionalizada para controlar con el terror a la población española. Y eso sin querer hablar de la abultada diferencia en los datos de los asesinatos.
¿Y cuál es el motivo para negar esta realidad histórica de forma sistemática? Nos lo dijo el mismísimo Caudillo en unas navidades 6 años antes de su muerte: «Todo está atado y bien atado». ¡Y vaya si hizo un buen lazo! Si nos fijamos en los apellidos de los prohombres españoles de la actualidad, en los de las mayores fortunas, en los de los propietarios de los medios de producción, podremos ver de dónde vienen. Qué más da democracia, dictadura o lo que sea, si jamás habrá una restitución como marca nuestro derecho, si no sólo los causantes murieron en la abundancia, sino que sus nietos y bisnietos siguen disfrutando de los réditos de aquel atropello.
Mientras el usurpador fue enterrado con toda la pompa y se le permiten homenajes todos los años, el expresidente de España prácticamente murió de tristeza en el exilio, negándose a volver a España y ser la comparsa de un traidor a la voluntad de una nación. Fue enterrado sin ningún tipo de honor de Jefe de Estado, ni siquiera se permitió cubrir su ataúd con la bandera de la República, así que se decidió tapar el féretro con la bandera mejicana. Y el embajador mejicano en Francia dejó esta sentencia para la posteridad:
«Lo cubrirá con orgullo la bandera de México. Para nosotros será un privilegio, para los republicanos una esperanza, y para ustedes, una dolorosa lección».