Debemos ir a votar

José León de la Granja.
Cuando quedan pocas jornadas para cerrar esta inmensa y pesada campaña electoral, es hora de reflexionar antes de tomar una decisión que puede afectar drásticamente a nuestras vidas.
¿A quién votar? Difícil respuesta.
Al principio, lo nuevo.
Son admirables las acciones con las que Pablo Iglesias y el entorno de Podemos maquillan detalles y actuaciones que pondrían los pelos de punta. Por las Redes Sociales corren expresiones espantosas presuntamente atribuidas a sus principales líderes. Así, parece que Errejón (futuro vicepresidente de España en un Gobierno de Podemos) escribió hace tiempo un tuit con la referencia “acab”, acrónimo de la frase inglesa “All Cops Are Bastards” o “Todos los policías son unos bastardos”, vergonzoso, u otro con una expresión deleznable: “Cómo gritábamos en los 20N de antaño: Nazi de día, de noche policía”. Sólo esto puede ser bastante para eliminarle de la carrera por la gestión de lo público.
Aún hay más. Dice Pablo Iglesias que “hay profesores que dan clases con pulseras rojigualdas. Yo explico con camiseta de la selección republicana”. Sí; también existe un video en el que Iglesias no es capaz de decir la palabra España.
¿Qué podrían llegar a hacer si dirigen ese Estado, al que llaman País, cuyo nombre les da urticaria?
Otros dos apuntes para cerrar la puerta, sin duda, a Podemos: su acercamiento a Bildu y a los presos etarras, y su idea de hacer referéndums para la separación de territorios.
En su programa, por ejemplo, dicen que cerrarán los Centros de Internamientos de Extranjeros, pero no apuntan qué les sustituirá. Sabiendo las especiales peculiaridades de las fronteras españolas, ¿abrirían la mano a la inmigración? ¿Libre tránsito y establecimiento? Imposible. ¿Y su “plan de renta universal”? ¿Acaso quieren garantizar una cantidad mínima a todo aquel que viva en España independientemente de su situación o nacionalidad? ¿A todos? Asombroso e injusto.
¿Carmenas y Colaus en el Gobierno de España? No. Pablo Iglesias apela a la ternura y sensibilidad de los efectos por el sufrimiento de la crisis, pero no debe engañar a nadie. A nadie.
A Albert Rivera le está pudiendo su bisoñez. Quiere acumular a todos los desencantados del PP (en Madrid le echan en cara que tape las vergüenzas del socialismo andaluz) y PSOE (en Andalucía no le perdonan su apoyo a Cifuentes), pero algunas de sus propuestas le hacen perder muchos votos. ¿Sólo un tipo de contrato laboral? ¡Error! ¿Un sistema fiscal que no favorece a las rentas medias? ¡Error! ¿Su revisión del sistema legal e institucional de la violencia de género? ¡Error! ¿Cambiar el Senado por un Consejo de Presidentes Autonómicos? ¡Error!. Y así más.
Rivera cae bien, pero está muy verde para poder asumir responsabilidades de gobierno en España.
Y para el final, lo viejo.
PP y PSOE ponen por delante su experiencia en la gestión de lo público frente a los “novatos que vienen empujando para desalojarles”. Pero ambos dos tienen demasiadas sombras.
El Socialismo sigue tocado tras la debacle de la etapa de Zapatero. Que esté o no hundido es lo que se verá el próximo domingo. Algunos dicen que no es bueno para España un socialismo débil.
Pedro Sánchez no es capaz de atraer el voto de izquierdas y asiste impotente a una más que esperada ruina electoral. Ha pasado de usar una imagen fresca a gritar en los mítines, pero por mucho que eleve la voz no le van a votar más. Se mueve en unos márgenes de modelo federal para España que no convence. Su propuesta de encaje en la Constitución de Cataluña está abriendo brechas entre los barones socialistas del resto del Estado.
La losa de lo mal que lo hizo Zapatero es aún patente. Alguien, por favor, que tome las riendas del socialismo y que lo saque del fondo que va a tocar.
Rajoy ha hecho algunas cosas bien, pero demasiadas mal. La corrupción es una enorme piedra al cuello. Hay que mirar hacia otro lado para votar a un Partido Popular atestado de casos internos de corrupción.
En cuanto a los recortes o a las subidas de impuestos, si es verdad que estamos saliendo de la crisis, ya es hora de recompensar el esfuerzo de las familias y ciudadanos, pero de verdad, sin medias tintas. Mariano Rajoy intentará formar de nuevo gobierno agarrándose a los datos económicos, a su experiencia y a su férrea defensa de la unidad de España.
Repito: ¿A quién votar? Una mala decisión a la hora de elegir quien nos gobierne puede producir un posterior arrepentimiento y una mala conciencia que nos durará cuatro años.
Pase lo que pase el próximo domingo, empezaremos un nuevo camino para redimir nuestros pecados pero, sin duda, debemos ir a votar.
«Todos los pecados tienden a ser adictivos, y el destino final de la adicción es la perdición«.
- H. Auden