Vota, vota y en tu c… explota

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Luis GalafelLuis Galafel.                     

 

Ya puedo imaginarlo. Levantarme a media mañana con cierta resaca, pegarme un duchazo y enfilar la calle rumbo al instituto de formación profesional que hay en mi barrio.

Al tiempo que tengo la esperanza de que el refresco de cola, del que disfruto por el camino, reduzca el clavo de mi cabeza, me cruzo con los guardias de la puerta con esa sensación de “tranquilo, Luis, hoy no tienen porqué registrarte, te acabas de duchar”.

Saludo con media sonrisa a esa vecina con la que hace mil años que no hablo, que fue ayer a la “pelu” para tamaña ocasión y que me comenta que las papeletas de “Solidaridad y Autoconsumo” (SyA), al parecer, no han llegado.

Cruzo el arco de entrada y ya puedo oler ese característico aroma a tinta y papel recién impreso. Como en un deja vu, vuelvo a aquellas elecciones locales en las que pude ejercer mis derechos políticos como ciudadano por primera vez. En aquel en entonces disfrutaba de un pelazo; unos bucles dorados preciosos.

Comienzo a seleccionar las papeletas entre las tropecientas opciones y mientras utilizo la visión periférica para comprobar que ningún vecino curiosón se interese por mi opción política, descubro que ¡oh, fatídico destino!, no han llegado las papeletas de SyA.

Me acerco a las urnas en donde otro conocido vecino comienza a buscar en las listas mi nombre. Media hora después deposito mis papeletas.

En cuanto esté tomándome un par de cañas y un “tigre”, habré cumplido con mi periódico ritual democrático, para con el cual me siento moralmente obligado.

Pero este año es distinto. Algún avezado lector podrá pensar que se debe a la irrupción de nuevas fuerzas en el escenario político. O a la ilusión democrática que se puede generar en este nuevo marco en el que el pacto será más que necesario. Pero no, no se trata de nada de eso.

Este año es distinto porque para poder poder votar voy a tener que pagar. En concreto algo más de 200 Libras Esterlinas, dado que en mi situación actual de residencia es imposible que hubiese podido votar por correo. Pero ese asunto es otro, y si me veo con ganas y tiempo os hablaré de él más adelante. Por lo demás, para mi como ciudadano de la preciosa ciudad de Burgos, las elecciones van a ser exactamente igual que todas las anteriores.

Mis opciones al Congreso de los Diputados son las mismas que en los últimos años. Y está claro que el Senado no interesa ni a los propios senadores.

Me vuelvo a encontrar conque si no voto a uno de los partidos del binomio clásico español, mi voto no servirá para nada.

Y os explico el porqué. El motivo de esta situación es el sistema D’Hont por el que nuestros legisladores optaron hace casi 40 años fue para mantener la estabilidad política española. Esto, sumado a que la circunscripción al Congreso sea la provincia, hace que todos los provincianos nos veamos avocados a entregar nuestro voto a la bicefalia tradicional. Como ya he manifestado en anteriores ocasiones, no tiene sentido que si existe una cámara de representación territorial, que es el Senado, hayamos de seguir este sistema en el Congreso. Pero este artículo no está pensado para quejarme de ello, cosa que podría hacer y de hecho estoy haciendo, sino que es para alertar a todos mis conciudadanos de cuyas provincias disponen de 4 representantes o menos en el Congreso, que si votan a alguna opción que no sea PP o PSOE, serán culpables de haber ayudado a la deforestación del planeta, porque la sorpresa será mayúscula si en cualquiera de las mencionadas provincias, saca algún diputado alguna de las formaciones de reciente creación.

Jamás pediré el voto para uno u otro partido, porque me parece que es una decisión profundamente personal. Pero, amigos provincianos, una vez más me debato entre votar con el corazón y ser tan chulo como IU -que durante años y años tuvo votantes para parar un tren aunque luego sus diputados no llenaban ni un cuarto de vagón- o votar al menos malo.

Lo reflexionaré los días previos mientras disfruto de la gastronomía burgalesa.