Cosiendo, luchando y escribiendo

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Nacho-Díaz-200x150Nacho Díaz.             

 

Sewing, Fighting and Writing Radical Practices in Work, Politics and Culture (Cosiendo, luchando y escribiendo: Practicas radicales en el trabajo, la política y la cultura) es un libro escrito por la catedrática  Maria Tamboukou que, precisamente, describe el papel de las mujeres costureras en el París de los siglos XIX y XX narrando entre otras cosas sus aportaciones al ambiente revolucionario de la época a través de sus escritos en un tiempo donde la maquina Singer se había convertido en “la gentil y dócil compañía de cualquier mujer trabajadora sin importar que su piel fuese blanca, roja, negra o amarilla” según rezaba la publicidad de la marca.

Haciéndose eco de las primeras publicaciones periódicas feministas cuyos nombres cambiaban con frecuencia, como por ejemplo La Tribune des Femmes, Maria describe entre otras cosas el divorcio Suzane Voilquin cuando todavía estaba prohibido refiriéndose a una carta escrita en el último número de esa publicación por el cual su autora se jactaba de haber “liberado a un hombre de un matrimonio sin amor”, liberándose a si misma al mismo tiempo.

Continuando con la obra de esta escritora Professor Tamboukou contrasta la diferencia de la labor autobiográfica de Voilquin, basada en un enraizamiento de los valores tradicionales de la clase trabajadora, donde la experiencia personal está ligada a un contexto político y social determinado en un intento fructífero de construir una voz colectiva para la multitud, describiendo sus experiencias y sus luchas, en vez de prolongar el canon autobiográfico de las Confesiones que erigían  a sus autores en modelos o espejos de sus contemporáneos desde los tiempos de San Agustín o Rousseau.

A pesar de que el libro relata las circunstancias de extrema precariedad comunes a todas las costureras, la extrema dificultad para sobrevivir en la gran ciudad y las duras condiciones de trabajo, el capítulo final de conclusiones deja claro que muchas de las mujeres que aprendieron por si solas a leer y a escribir formando parte de la lucha obrera consiguieron liberarse y crear unas condiciones más favorables para todas ellas gracias al proceso que el filosofo y matemático ingles Alfred North Whitehead llamó unlearning.

 Esto de otra forma viene a decir que por ser autodidacticas, y Maria da abundante ejemplos de todo tipo de obras escritas por costureras sin más ayuda que la camarería existente entre ellas, las mujeres como se suele decir se olvidaron de todo lo que tenían que aprender del régimen patriarcal y fueron capaces de aprender a organizarse y expresar sus necesidades demandando sus derechos en sus propios términos, “desaprendiendo” el conocimiento del poder establecido y estudiando y desarrollando sus propias experiencias.

En palabras del propio Whitehead, quien sostuvo que la educación siempre acababa llenándose de ideas inertes, las mujeres sin educación formal e inteligentes que han visto mundo siempre acaban convirtiéndose en los miembros más cultos de sus comunidades cuando llegan a su mediana edad.

Voilquin y otras muchas de sus compañeras sansimonianas sirven mejor que nadie para ilustrar esta afirmación pues en sus obras recalcan en todo momento, con el mayor sentimiento, como sus visitas a museos, galerías o lecturas de libros llenaban sus ojos de lágrimas por el deseo feliz de aspirar a comprender lo desconocido y el miedo ante la imposibilidad de conseguirlo además de  contar sus numerosos viajes por el mundo entero.

Sin ir más lejos, la propia autobiografía de Voilquin llamada Souvenirs d’une fille du  peuple ou La Saint-Simonienne en Égypt, 1834–1836 (Memorias de una hija de la gente o la sansimoniana en Egipto 1834-1836) ilustra sus deseos de propagar sus dificultosas experiencias vividas en ese país. Por otra parte, y retomando este género la autora también escribió  un detallado libro sobre sus casi siete años vividos en Rusia, Voyage en Russie, donde trabajo como comadrona  al tiempo que otras escritoras como Jeanne Bouvier relataron sus experiencias como una de las dos delegadas francesas en el primer congreso de mujeres trabajadoras celebrado en Washington en 1919.

A pesar de las largos días de trabajo que dejaban poco tiempo para escribir y también a pesar de las crueles persecuciones sufridas por las autoras y la casi prohibición de cualquier tipo de publicación que defendiese los derechos de las mujeres costureras lo cierto es todas ellas fundaron y moldearon todo un movimiento cultural que se propago a partir de la introducción de la jornada de ocho horas cuando las trabajadoras dispusieron de más tiempo para dedicarlo a labores intelectuales de las cuales infinidad de mujeres, no solo  en países en vías de desarrollo sino también en los oscuros polígonos de muchas ciudades occidentales, se ven privadas en la actualidad.