¿Está en peligro la democracia en España?

José León de la Granja.
La Historia nos enseña cómo un atentado contra determinadas autoridades o personajes puede generar guerras civiles o, incluso, mundiales. Se busca el motivo que haga actuar a los más exaltados. Tales son los casos de los asesinatos de Calvo Sotelo o los del Archiduque Francisco Fernando y su esposa en Sarajevo.
Debemos dar a los terribles hechos ocurridos ayer en Pontevedra la importancia que tienen, independientemente que sea o no un niñato trastornado o que haya habido, que lo hubo, un grave fallo de seguridad en torno al Presidente del Gobierno.
Si en vez de un cobarde puñetazo, el perturbado hubiera utilizado un arma contundente, tal vez estaríamos hablando de magnicidio, que se define como la “intención de provocar una crisis política o eliminar un adversario que se considera un obstáculo para llevar a cabo ciertos planes”. Con Mariano Rajoy muerto nada hubiera sido igual.
Hemos de modificar, sin duda, la normativa penal relacionada con los menores de edad. Casos crueles como, por ejemplo, el de Sandra Palo, ya son motivos suficientes para endurecer el castigo a quienes se creen por encima del bien y del mal simplemente por su edad, pero que saben y conocen perfectamente la maldad de sus acciones. Que delinquir no salga gratis. Y encima, el muy cabestro, dice que “se siente muy bien con lo que ha hecho y que volvería a hacerlo” (sic). Que caiga sobre él todo el peso de la Ley en su máxima expresión y que se endurezca la Ley del Menor para evitar casos similares en el futuro.
Tenemos que exigir a nuestros políticos que abandonen el lenguaje y las actitudes barriobajeras que alienten a los exaltados y descerebrados, como el “menor” de ayer. Las palabras, los gestos y las posturas en Democracia deben ir dirigidas a conseguir el voto mediante propuestas. Basta de insultos y de actitudes mezquinas por parte de quienes quieren ser nuestros representantes. Lo de los llamados “escraches” es algo que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado deberían erradicar desde ya. La intimidación no lleva más que a generar violencia.
No quiero hablar de las mofas y bromas relacionadas con el brutal atentado de ayer. Me parecen cobardes, mezquinas, miserables y fuera de lugar.
Independientemente de lo que se vote, hoy todos estamos con Mariano Rajoy. Lo haga bien o mal, justo o injusto, corrupto o no, con recortes o sin ellos, nadie merece una agresión tan vil y cobarde como la ocurrida en Pontevedra.