Nacido para perder, vivió para ganar

Chechu Gutiérrez.
Nunca escribo por oficio, sólo por necesidad. Por eso hoy, al conocer la noticia de la muerte de Lemmy Kilmister, líder absoluto de la banda de rock Motörhead, algo por dentro me exigía devolverle tantas horas de buena música y sentimientos aflorados en algún lugar escrito.
No se merece que nadie le llore, eso es cierto. Él mismo acuñó el tan famoso lema “Live fast, die young” (Vive deprisa, muere joven). Setenta años, demasiado has vivido Lemmy. Pero a pesar de todo, veo mientras escribo, que mis dedos agarran más fuerte de lo normal el bolígrafo, tanto más que agarraba los cascos de gomaespuma del walkman a mis dieciséis. Descubrir el “Rock and roll” a esa edad fue como abrir, de par en par, la puertas de la pasión por la vida, y eso a él se lo debo.
Lo conozcas o no, hayas oído hablar de él o no, créeme, no se va un cualquiera. Ha muerto el que todos creíamos que era inmortal. Parecía ser indestructible. “No le recomiendo mi estilo de vida a nadie”, reconocía en su autobiografía, publicada en 2002. “Aniquilaría a cualquier persona normal, no es ninguna broma”. Una botella de Jack Daniel´s y un gramo de speed eran su dieta diaria.
No debía haber sido el ejemplo de nadie y sin embargo lo fue de muchos. Hay poca gente como él, tan auténtica. Se le podrán reprochar muchas cosas, pero no eso. Siempre ética y políticamente incorrecto, pero consecuente con sus palabras y, sobre todo, con sus hechos. Subido a un escenario, derrochando energía y vida hasta sus últimos días. Eso sí, eso es de admirar.
Un 28 de diciembre se va el tipo que arrancó mi inocencia de cuajo para convertirla en rabia y bestia hambrienta de aventuras. Ahora no sé si agradecérselo o escupir en su tumba. Que más da, a él seguro que no le iba a importar ni una cosa ni la otra.
“Nacido para perder, vivió para ganar”. Así rubricaba hoy la nota de prensa familiar en las redes sociales. Hay pocas figuras de este mundo a las que homenajearía, pero él para mí no ha sido sólo la imagen de un grupo, una celebridad, ni un vocalista más. Es ya una leyenda de nuestro mundo. Así deben pensar sus millones de fans hoy. Para ellos (y para mi) el mundo se ha levantado hoy un poquito cambiado. Es un poco menos mágico y un poco más real. Pero te damos gracias Lemmy, por haber pasado por él, pues puede que sin tu música, el mundo hubiese sido otro, distinto, pero seguro peor.
No descanses en paz, da guerra allá donde estés, que si Dios escucha tu voz, seguro te deja entrar en su reino.
Chechu Gutiérrez es escritor. Autor de la novela Monólogos de un No-Muerto.
Síguelo en Twitter @chechunomuerto y en su página web www.chechugutierrez.com
