Una experiencia positiva de integración

Los seres humanos somos diferentes según el lugar donde nos encontremos en ese momento. ¿Nos pondríamos en una cocina a preparar una fideuá con una persona con enfermedad mental que ha pasado media vida en prisión?
La sociedad no nos da a todos la oportunidad de tener al lado a una persona con discapacidad intelectual que va a ser el encargado de controlar el tiempo que tiene que tener la cocción de los platos en un catering que luego vamos a tener la oportunidad de degustar.
La empresa de catering El Festín de Babette mensualmente ofrece clases de cocina gratuitamente a personas con distintas diversidades funcionales con el fin de que durante unas horas convivan y conozcan a otros colectivos que tienen el mismo interés común; integrarse socialmente y aprender a cocinar como forma de ocio.
Usuarios de la Fundación Manantial, del Hospital de Día Lajman y de la empresa de servicios Integra han realizado una experiencia de integración que ha resultado un éxito como forma de terapia y de ocio.
Está demostrado que para las personas en periodo de recuperación o de aprendizaje después de haber llegado a sus vidas un compañero de viaje inesperado (depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar, etc.) la cocina les permite volver a adquirir aptitud y soltura en algo tan aparentemente sencillo como es cortar una cebolla o trocear un pollo.
Amadeo Arribas empleado de un C.E.E del Grupo CLECE ha señalado a la salida: Me ha sorprendido la cordialidad de los compañeros y tener el privilegio de adornar una fideuá. Hasta el pasado mes de abril que falleció mi madre nunca había cocinado solo y hoy ha sido la primera vez que he cocinado con amigos.
Una forma diferente de tener las empresas una Responsabilidad Social que favorece la integración de los ciudadanos la aportada por El Festín de Babette.