El Embajador Raimon Casellas

nacho diaz nueva blanco (Copy)

                      

Siendo como soy un gran desconocedor de la cultura y lengua catalana no pude rechazar la oportunidad de atender a la presentación de la novela de El sots férestcs de Raimon Casellas traducida al inglés por el Emeritus Professor of Catalan Studies de la Universidad de Sheffield Alan Yates y editada por la pintora, profesora de arte y escritora Eva Bosch, quien nació muchos años después en el mismo pueblo donde está ambientada la obra en 1901.

El acto, al que también acudió John London del Centre for Catalan Studies de la Queen Mary University of London, me sumergió de lleno en lo que la reseña de The Times Literary Suplement, citando a Yates, describió como un claro ejemplo de “paisaje de la mente” junto con otras muestras de modernismo catalán como La Punyalada, La Xava o Solitut,  gracias a la proyección constante de fotos del pueblo de la artista, hechas por ella misma, durante la lectura de varios pasajes de la novela, traducida como Dark Vales, donde algunas de estas fotos están publicadas.

Sin haberlo leído aun confieso que mis ansias de penetrar en los sórdidos mundos del cura protagonista, desterrado por herejía a un pequeño pueblo al norte de Barcelona llamado Montmany-Figueró, donde su relación con una prostituta le convertirá en el centro de todas las críticas y burlas de sus vecinos y feligreses, me atrajeron hasta hacerme ver que tras la ruinas del castillo, la fuente oculta por la maleza y los senderos con destinos borrados por el tiempo se escondían el tormento de almas incapaces de vivir en paz consigo mismos, bien por impedimento divino, o bien por moral humana, mientras buscaban la paz y calma en la soledad del lugar.

Por haber pasado demasiado tiempo en el Reino Unido también descubrí que lo que aquí llaman modernism poco o nada tenía que ver con el modernismo catalán. Al parecer, autores como Casellas, Vayreda o Caterina Albert pretendían  en sus novelas mezclar el drama humano con la naturaleza  para crear en palabras del TLS “una entidad vitalista”, defendida por algunos como una exaltación  del país catalán.

Teniendo en cuenta que el acto había sido organizado por el  Institut Ramon Llull y que entre los numerosos invitados se encontraban gentes de muchas partes del mundo interesadas en Cataluña, sin entrar en ningún tipo de demagogia, puedo afirmar que esta idea no me pareció nada descabellada, pues al escuchar a algunos miembros del público, no catalanes, hablar en catalán descubrí el prestigio de la lengua y  cultura catalana en pleno corazón de Londres.           

 De esta forma y ciñéndome a lo que vi, escuché y sentí, también, puedo afirmar que el breve concierto de aquella época, a cargo de la pianista Maite Aguirre, al final del acto, me hizo darme cuenta que tanto con referéndum o sin él, el nacionalismo catalán no va a desaparecer jamás.

Esto, a mi entender, constituye una razón suficiente para que se le deje expresar libremente en las urnas sin que ese tema hubiera sido motivo alguno  de debate en el acto.

Por lo que a Casellas se refiere debo decir que las excelentes descripciones de la protagonista durmiendo donde pudiera caer muerta de extenuación y penurias, casi siempre a la intemperie, mencionadas por Eva, bien valdrían el esfuerzo de leerlas en su lengua original. Los pensamientos y dudas del sacerdote abrasadas de tormento, en cambio, consiguieron hacerme salir corriendo a fumar un cigarrillo, perdiéndome el inicio del concierto, cuando John London terminó las lecturas debido a sus desgarros y culpas sin remisión tan bien descritas.

Sobre la vida del autor y reputado crítico de arte escuché que nunca se recuperó de las secuelas de un brutal ataque del somatén, cometido por error en la Semana Trágica de 1909,  y terminó por tirarse a la vía del tren. Final este que considero trágico pero que de ninguna manera me permite desautorizar su obra aprovechando la ocasión para celebrarla.