¿Tirarías a un niño al mar? Ellos sí
Federico Maciñeira.
Sobre los niños muertos que los europeos estamos pescando en el mar, creo que se están olvidando ciertos hechos: Los refugiados sirios saltan desde Turquía a Europa.
Y lo hacen de varias maneras: por tierra (la mayoría), por mar (los menos) y por aire (la ínfima parte que no vamos a considerar). Turquía es un país en paz (salvo la frontera kurda del Este, que para el caso que nos ocupa, no nos afecta). Muchos refugiados que se aventuran en el mar lo hacen con sus hijos pequeños. Europa está recogiendo muchos cadáveres del mar. Adultos, pero también niños. Los refugiados que esperan para embarcarse en el mar, saben de sobra que muchos están muriendo en la travesía.
Y ahora vamos a deducir sobre estos hechos: Hay un cierto número de refugiados, que son padres y madres, que una vez que han huido de Siria y puesto a salvo a su familia, quieren llevarla a Europa para tener una vida mejor. Ante esto tienen dos opciones: entrar legalmente con toda la familia o entrar ilegalmente saltándose las fronteras.
Vamos con los que eligen la segunda opción: entrar ilegalmente en Europa. En ese momento, se les plantean otras dos posibilidades: ir por tierra o por mar. Saben que por tierra es más largo, con probabilidades de éxito algo inciertas pero mucho más seguro para las vidas de todos. Y más barato. También saben que por mar es más rápido, con probabilidades de éxito algo mayores, pero muchísimo más peligroso para las vidas de toda la familia. Y mucho más caro.
Bueno, pues hay muchos refugiados, padres y madres de familia, que deciden que la rapidez y la alta probabilidad de entrar en Europa les compensa arriesgar gravemente su vida y, a lo que vamos, la de sus hijos.
Y entonces le pagan una pasta gansa por cada miembro de la familia a unas mafias de tráfico de personas que pasan el mar en invierno en barquitas ridículas y lo cruzan como si fuera el Estanque del Retiro. Y se tiran con sus hijos al mar. Con menores de edad para los que han elegido un destino que puede hundirlos para siempre.
Luego, nosotros sacamos en las portadas de todos los medios de Europa a los niños muertos en el mar y nos horrorizamos por lo que estamos haciendo mal ¡los europeos! ¿Y la responsabilidad de los padres? ¿quién está exigiendo responsabilidades por sus malditas decisiones? ¡¿quién está defendiendo a los niños?!
En lugar de ello, preferimos flagelarnos a nosotros mismos. Por culpas ajenas, sí. Sin rubor alguno. Porque ese es el clamor por toda Europa: qué malos somos los europeos que recogemos cadáveres de niños del mar y no hacemos nada. Mientras, esos padres siguen embarcando niños en las playas turcas.
Hay que hacer algo. Y como los problemas se atajan de raíz, propongo una solución:
Que si en un grupo de refugiados encontrado en el mar o recién llegado a la costa hay un solo niño, se envíe a todo el grupo inmediatamente a un campo de refugiados del Líbano (por ejemplo). Que se haga un par de veces y se cuente con todo lujo de detalles por toda la costa turca. A ver si a esos padres empieza a no compensarles el viaje por mar.
Y con ello mandaríamos un mensaje nítido y hasta educativo en valores: “en Europa no puedes jugar con las vidas de tus hijos impunemente. En Europa el bienestar de la familia no está por encima de la vida de los niños. Revisa tus prioridades, porque si te saltas esto y te pillamos, pierdes.”
Así, a lo mejor, cuando ya han llegado a Turquía y han puesto a salvo a su familia y tienen que elegir el siguiente paso, tomarán la decisión adecuada e irán por tierra. Y dejarán de matar a sus hijos en el mar. Y nosotros dejaríamos de recoger a sus niños muertos del mar.
Pero que no teman los hipócritas por sus lágrimas de cocodrilo, porque aún nos quedarían otros problemas para autoflagelarnos: los adultos muertos en el mar, todos los refugiados vivos en tierra y toda una guerra civil en Siria.
Que ya están más que bien para seguir llorando ¿no?