Progresismo populista

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jose felipe garrido

Es curioso analizar cómo Pedro Sánchez, candidato a la presidencia del gobierno designado por Su Majestad el Rey, ha ido cambiando el discurso en las últimas semanas. El que hasta el momento anterior a ser designado candidato tenía un discurso de confrontación, el que tenía una postura de inmovilismo y se negaba a hablar, ahora quiere ser el paladín que una a los partidos políticos bajo una misma bandera para guiar a España a una nueva era.

Pedro Sánchez clama a los cuatro vientos la necesidad que tiene España de un “gobierno progresista”; todo el día, en todas las declaraciones, los pactos con las fuerzas progresistas. Se suman a decir la necesidad de estos pactos con esas fuerzas del cambio Podemos e Izquierda Unida. Pablo Iglesias se considera el Mesías de la política española y Alberto Garzón cree ser el único que puede guiar a la “verdadera izquierda”.

El cambio que estos proponen pasa más por las caras que por los hechos. Hemos tenido que esperar a ver al Señor Sánchez como candidato para escucharle hablar de medidas; Pablo Iglesias solo se ha preocupado de su vicepresidencia y los ministerios que quiere para sus secuaces, ministerios que por otro lado van encaminados más al control del Estado que al carácter social que tanto defienden o defendían.

El progresismo ha tenido en España un largo camino desde el siglo XIX, que poco tiene que ver con la idea que se entiende actualmente. El progresismo que apareció desde la transición desvirtuó el mensaje, y a día de hoy, deberíamos hablar más de progresismo populista. Esa clase de ideología que se mira en el espejo del pasado para hacerse los modernos, que grita consignas de comienzos del siglo XX, un progresismo que busca la lucha de clases y que a fin de cuentas busca el enfrentamiento para legitimarse, haciendo que flote en el aire esa tensión por no tener una opinión que no sea “progresista” que es lo actualmente correcto para que no te tachen de facha.

Lo que sí es progresista es acudir a la gala de los Goya haciendo el ridículo, no cumpliendo la etiqueta, sin llevar tan si quiera corbata como hizo Pedro Sánchez, o llevar un esmoquin que te queda grande como hizo Pablo Iglesias que bien podría haber pasado por un camarero mal vestido del catering más que como el portavoz de la tercera fuerza del país.

Ojo que para una audiencia con el Jefe del Estado, o con el Ciudadano Borbón, como llama Alberto Garzón al Rey de España, está bien acudir en camisa y vaqueros, pero en los Goya para no ofender a Antonio Resines, actual presidente de la academia del cine español, como contara Pablo Iglesias a los medios, se pone el esmoquin; eso sí es progresista y moderno, no ofender al anfitrión de los Goya pero sí ofender a España, encarnada en la figura de Felipe VI.

A este paso vamos a ser tan progresistas y tan modernos que Karl Marx o Friedrich Engels los consideraremos Hipsters; pues eso, progresismo populista.

José Felipe Garrido es concejal independiente en el Ayuntamiento de Navalcarnero.

 Síguelo en Twitter: @JF_Garrido