Si pierden los ricos, pierdes tú

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Cuando le suben los impuestos a los ricos, los pagas tú. Seas clase media, asalariado, parado o pobre. Suena a imposible, pero así es. La gente oye “subir impuestos a los ricos para que aporten más” y piensa que a los ricos se les va a quitar parte de su riqueza para ponerla en el fondo común y, gracias a ello, todos tenderemos más servicios y viviremos mejor.

Bueno, pues no. Eso es un cuento chino. Hay que seguir los pasos del dinero para ver dónde va, qué se hace con él y cuáles son las consecuencias de que deje de estar donde está.

La primera es que, si les quitas dinero, los ricos tienen menos y gastarán menos. Gastarán menos, ¿dónde y con quién? Bien, vamos a aceptar el tópico clasista y vamos a decir que allí donde todos imaginamos que los ricos se gastan el dinero y con quien se lo gastan: coches, bares, espectáculos, restaurantes, casas… todo tipo de artículos de lujo, ropa, muebles, joyería, complementos… viajes, hoteles, vacaciones… En todo, en realidad (también son personas, así que también en gas, luz, agua, alimentos, libros, tecnología, higiene, prensa…).

Ahora, vamos con una pregunta clave: ¿quién ofrece todo eso a los ricos? Exacto: la clase media y la clase trabajadora. Esas dos son las que venden los coches, construyen las casas, administran los hoteles, sirven las comidas y las bebidas, venden la ropa, actúan en los espectáculos, etc. y se ganan la vida con ello.

Bueno, pues si sabes atar una con la otra, verás que quien pierde clientes, posibilidades de trabajo y dinero contante y sonante cuando le subes los impuestos a los ricos, es la clase media y la trabajadora.

Así que ya tenemos 3 escalones que pierden algo cuando se les sube los impuestos a los ricos: los ricos, la clase media y la clase trabajadora. Pero además, los ricos suelen tener más recursos más allá de unas fronteras determinadas… con lo que aquellos ricos a los que se les moleste lo suficiente, se irán con su dinero a otra parte. Y no vale enfadarse con ellos porque es exactamente lo que tú hacías antes de la crisis cuando en el banco de enfrente te ofrecían un juego de sartenes por tu nómina, ¿o ya no te acuerdas? Bueno, pues los ricos son iguales a ti: también quieren su juego de maletas e irán adonde se las den.

O sea que parte de la pasta del país se larga. Los negocios pierden facturación, algunos cierran, otros despiden gente, otros reducen ganancias o sueldos o dietas o bonus, hacen menos pedidos, de menor valor… con lo que los trabajadores pierden dinero, puestos de trabajo y bienestar. Y al haber menos dinero y menos trabajo en la sociedad, el estado empezará a recaudar menos dinero por sus impuestos y tendrá que subirlos más. Pero ¿subirlos a quién? … ¡Anda! ¡mira tú! Ya se visualiza mejor a la pescadilla mordiéndose la cola ¿no?

También es cierto que tú puedes decirme, lleno de razón: “Pero a ver, todo el dinero que originalmente se le ha recaudado de los más ricos, servirá para algo”. Vale, hablemos de ello. Sí, el estado en primera instancia recauda un buen bocado para “invertir”. Ahora repasa conmigo: ¿el estado, a lo largo de toda tu vida, se ha destacado por invertir bien el dinero de la gente? Piénsalo detenidamente. Y contéstate a la siguiente pregunta también: ¿quién administra el dinero del estado? Pues sí: los políticos. Y ahora juntemos ambas: ¿los políticos, a lo largo de toda tu vida, se han destacado por invertir bien el dinero de la gente? Otra más: ¿de verdad te crees al político que te dice que “los anteriores no, pero esta vez yo sí”? ¿en serio?

El resumen es que los políticos y el estado siempre pierden pasta. No ganan nada jamás. Por eso necesitan siempre de los impuestos. Si no fuera así, el estado recogería una primera ronda de impuestos, la invertiría, ganaría dinero y ¡repartiría beneficios entre los ciudadanos! Eso no pasa ¿verdad? No ha pasado jamás ¿no? Nunca en toda la historia, ¿cierto? De hecho es al revés: cada vez necesita más y se endeuda más y pide más. Es insaciable.

Vale, pues quedamos en que el estado siempre palma pasta. Muchísima pasta. Descapitaliza todo lo que toca.

De todo esto, si lo recopilamos ordenadamente, se saca una conclusión clara: cuanto más dinero se le quita a los ricos, más perderá la sociedad, más se empobrecerá el país y los que lo sufrirán antes que nadie serán los más débiles: los pobres. Y el estado intentará sostenerlos con ayudas… que cada vez serán más pequeñas y miserables porque cada vez recaudará menos dinero y habrá más pobres que sostener. Hasta que esas ayudas sean casi como no tenerlas porque una miseria no puede sacarte de la miseria.

Esto es lo que subyace tras ese eslogan tan cacareado y que le suena tan bien a tantos: “subir impuestos a los ricos”.

Si se llevan las hipótesis a los extremos, se pueden comparar casos a punta pala: Singapur – Cuba, Venezuela – Austria, Corea del Norte – Corea del Sur… no sé, si se tira de mapamundi se encuentran los que se quieran.

Así que sí, hay que elegir: o dejar a los ricos su pasta para que se la pulan en tu negocio, en las empresas de tu ciudad y en los productos de las fábricas de tu país, o quitársela vía impuestos para que los políticos hagan con ese dinero lo que siempre hacen con él.

Ya sé que todo el proceso es muchísimo más complejo, pero el resultado para la gente siempre es así de simple.