Francisco, el Temerario

577
0
Share:

Veréis, esta polémica con Donald Trump es la primera vez en la que este Papa ha hecho historia: yo no recuerdo una sola vez en la que, en menos tiempo, un político haya noqueado a un Papa de tal manera.

Y lo ha hecho en dos vertientes, por si fuera poco. Desde el punto de vista propiamente religioso y desde la lógica secular.

El Papa, a una pregunta directa y concreta sobre Donald Trump, ha dicho que una persona que piensa en levantar muros y no en tender puentes no es cristiana.

En primer lugar, es una declaración muy poco valiente. Porque le preguntan directamente por una persona y responde de manera impersonal sobre una actitud. Además, interpreta la realidad y la presenta como si fuera la de la persona por la que le preguntan. O sea: viene a decir que Trump es una persona que piensa sólo en levantar muros y no en tender puentes. Y eso no tiene por qué ser cierto. Trump puede pensar en levantar muchos muros y a la vez tender puentes por otro lado, o muros con brechas controladas, o puentes con controles… o sabe Dios. El caso es que, identificándole con esa realidad que ha interpretado, responde que alguien así no es cristiano. Por eso es cobarde, porque no se ha atrevido a decir “Trump no es cristiano”, pero lo ha dejado caer. Lo ha dicho, pero no. Casi, pero… no del todo. Lo cierto es que no ha sido un modelo de declaración directa, gallarda, valiente y sincera.

Pero vamos con las respuestas de Trump. Antes de nada hay que agradecerle que no se haya parado en interpretaciones: ha aceptado por entero la alusión y ha contestado directamente. Otra cosa no, pero echao palante y clarito, lo es un rato.

Su primera respuesta se la ha tirado desde el punto de vista religioso: “Que un líder religioso cuestione la fe de una persona es vergonzoso”. Vergonzoso. Esto es una andanada brutal. Es inapelable, no se puede discutir desde la Iglesia (y no la contestarán, de hecho). Porque es cierto. Porque la Iglesia hace mucho que aprendió que puede hablar de actos: “matar no es cristiano”, pero no puede juzgar a las personas porque eso sólo lo hace Dios: no puede decir que “un asesino no es cristiano”. Es el asesinato lo que no es cristiano, por eso un cristiano peca cuando lo comete y debe pedir perdón. Lo que hacía la inquisición era juzgar a las personas, por eso (además de por sus condenas) era una salvajada. Y la propia Iglesia abolió su inquisición hace ya bastante tiempo.

Por otro lado, a ambos se les ha pasado un detalle en esta cuestión: que el Papa no es quien para dar el título de cristiano o no. Básicamente porque el Papa sólo es alguien representativo para los cristianos católicos. Hay muchos otros cristianos que no son católicos. Trump, por ejemplo. Hay evangelistas, protestantes, anglicanos, mormones… Para todos ellos Trump puede ser un magnífico cristiano. O incluso un cristiano modelo, ¿quién sabe? El ecumenismo tiene que estar revolviéndose en su tumba. Si el Papa hubiera dicho “alguien así no es católico”… estaríamos hablando de otra cosa. Primero porque es cierto que Trump no es católico. Y segundo porque tendríamos que hablar si para los católicos es de recibo que un Papa pueda decir quien es católico o no a voluntad (la excomunión es otra cosa mucho menos categórica).

Y vamos con la argumentación laica: “El Papa desearía que yo fuera presidente si El Vaticano fuera atacado por el Estado Islámico”. Y aquí al amigo Trump le avala la historia. Son muchas las veces que un Papa ha puesto a caldo a un gobernante, luego un segundo ataca Roma y el Papa sale corriendo a esconderse bajo las faldas del primero para que le proteja mientras firma bulas explicando que en realidad es un modelo de buen cristiano. Es curioso además que un Papa se meta en esos charcos, porque mira que lo pone clarito en el Nuevo Testamento y es una salida bien fácil lo de “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Pero además de la historia, me temo que el sentido común deja bastante clarito que Trump tiene razón. No veo al Papa actual reviviendo la escena de su antecesor ante Atila, básicamente porque los animales del Estado Islámico dejan a Atila en un aficionadillo del exterminio, en un bibliotecario amante de Neruda, en una dulce beatilla de la Virgen de los Remedios… O sea que se iban a dar la vuelta por donde yo te diga: se degüellan al Papa y a todo el colegio cardenalicio en menos tiempo de lo que tardaría Trump en gritar “te lo dije”.

En cualquier caso la moraleja de este colorido episodio con el que el Papa ha tenido a bien coronar su viaje a México, es que si te acuestas con niños te levantas mojado. Y que si te ponen delante un capote para enfrentarte dialécticamente a un brabucón como Trump, lo mejor es declinar y no arremeter a calzón quitado. Sobre todo si el planeta entero te está mirando, porque lo más probable es acabar diciendo cosas más propias de un bocachancla que de un Sumo Pontífice. La temeridad es así; deja demasiado expuesta a sus practicantes.

Y a todo esto, ni que Su Santidad hubiera aportado nada nuevo a la discusión: ¿saben cuántas veces habrá tenido que responder Trump a acusaciones idénticas a la del Papa? Tro-pe-cien-tas. Tiene el culo pelado ya. Así ha respondido como un resorte, que no ha tenido ni que pensarlo.

Si es que ahora los pájaros le tiran a las escopetas.