La contención mecánica en personas con enfermedad mental

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SANIDAD. En pleno siglo XXI los datos en los ingresos de hospitales psiquiátricos están acompañados de cifras tan escalofriantes como que en el 55% de los casos los pacientes que visitan estos establecimientos dedicados a la salud mental han sido sometidos a contención mecánica.

El Ateneo de Madrid sirvió este lunes de debate para expertos y pacientes del mundo de la salud mental en un tema controvertido e incapacitante para el paciente equivalente al ingreso involuntario. La contención mecánica y el ingreso involuntario tienen dos puntos en común: la involuntariedad y el sufrimiento para el afectado, los familiares y hasta para los profesionales que se ven abocados a ejecutarla.

Una decisión que no resulta fácil ya que las vivencias son diversas y casi siempre dramáticas, si bien a día de hoy y según los profesionales y pacientes que han hablado todavía sigue siendo necesaria en bastantes ocasiones para la seguridad del paciente.

La Dra. Marina Díaz Marsá, psiquiatra del Hospital clínico San Carlos y presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid ha explicado que la contención mecánica se da en muchas ocasiones y con distintas patologías. Ha señalado que se da en un 10% de las urgencias hospitalarias; en un 50% de las lesiones craneoencefálicas; en un 67% de pacientes con síndrome confusional agudo de etiología orgánica; un 93% en demencia  y hasta en un 71% en pacientes de la UCI.

En el caso de las enfermedades mentales se da una alta frecuencia en enfermedades psicóticas como esquizofrenia o trastorno esquizoafectivo en episodios de brote psicótico; depresiones agitadas, trastorno delirante y trastornos de personalidad histriónico y límite.

¿Pero qué es realmente la Contención Mecánica ? Según las palabras de la doctora Marsá, “el producto de un sufrimiento donde priman en miedo y la angustia”

El criterio para poner en marcha el dispositivo es la Agitación psicomotriz, esto es, el aumento de la actividad motora y siempre dentro de un contexto y tono emocional intenso y cómo se ha dicho anteriormente, no son propias de ningún trastorno específico, pero implican conductas hetereo y auto agresivas con un nivel de agresividad que pone en riesgo la vida del paciente y de su entorno. Cabe decir que dicha violencia no es un acto intencional, no está dentro del dominio del paciente.

Las agitaciones psicomotrices aparecen dentro de un continuo donde van subiendo de intensidad. Puede comenzar por síntomas de ansiedad, falta de tolerancia a la frustración y agresividad verbal y puede terminar en conductas explosivas, tempestad de movimientos, violencia y conductas impredecibles.

El abordaje terapéutico comienza por un intento de contención verbal mediante la medicación y en último caso una sujeción. Pero lo importante en este último caso es que “no se trata de un castigo“ sino de una forma de protección al paciente y sus familiares, así como la prevención del suicidio y fugas que deben ser trasmitidas desde la calma y no confrontación sin provocar al paciente mecanismos defensivos. El paciente siempre debe ser informado, así como sus familiares.

En el auditorio del Ateneo se encontraban varios afectados que tras explicar sus experiencias dejaron en el debate un amargo sabor de boca al pensar que en muchas ocasiones el personal sanitario convierte estas experiencias en dramáticas por no ponerse en lugar del paciente y no estar atentos a las necesidades reales de quien está sufriendo primero un trauma psíquico y después humano. Fue unánime la opinión de que cuando sean necesarios estos dispositivos los profesionales sanitarios tienen que estar muy formados profesionalmente y sobre todo ser conscientes de que el paciente está pidiendo ayuda y que está muy asustado sin ser consciente de lo que le está ocurriendo.

Entonces, ¿la psiquiatría vulnera realmente los derechos de las personas? ¿Realmente tiene el paciente que vivir una manera de salvar su vida como una agresión e incluso como un maltrato o como siempre echamos mano de la falta de recursos del sistema?.

Una espiral que no llega a ninguna parte y en donde profesionales, pacientes y sus familiares tienen sus verdades, sus propias experiencias y que, por encima de todo, detrás de cualquier profesión, decisión y acción está la persona que puede tener ante el sufrimiento de una Contención Mecánica una actitud delicada o agresora.

En todo caso, es un tema que es necesario seguir debatiendo y que siempre será controvertido, lleno de matices y de acciones a mejorar. Es de agradecer al Ateneo de Madrid su afán de conocimiento sobre la salud mental y a las asociaciones de familiares y personas con enfermedad mental AMAFE y AMAI-TLP por crear debates como el vivido este lunes para que un día residencias y muchos hospitales tengan el cartel para este colectivo de «LIBRE DE SUJECIONES», algo que hoy resulta difícil de plantear pero que en residencias geriátricas antes también era impensable y en la actualidad es un baremo de calidad que anuncian a los cuatro costados.

Por José Manuel Dolader.