Salvados y el racismo del siglo XXI

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Es difícil ser más racista que un buenista español. Supongo que también vale por los buenistas del resto del mundo, pero como conozco mejor a los que tengo alrededor, me centro en ellos.

Verán ustedes: estamos rodeados de compatriotas inteligentes e informados, sensibles y con buen corazón, que creen fervientemente un montón de cosas y luchan denodadamente contra ellas (en realidad sólo ladran en Redes Sociales, pero les vale). Os las cuento:

1 – Los habitantes del tercer mundo son retrasados mentales. No incultos, sino retrasados mentales, tontos. Están incapacitados para elegir lo que les conviene porque no saben razonar nada. Por ejemplo, los camboyanos.

2 – Los países como Camboya no reconocen la esclavitud y tienen por ley un sistema de libre mercado en el que sus habitantes eligen donde trabajar… ¡pero no! Porque debe de haber una fuerza social oculta que les obliga a autoesclavizarse sin poderlo remediar: a trabajar obligados allí donde peor los tratan.

3 – Las empresas son malas. Malas de maldad, no de torpeza. Cuanto más grandes, más malas. Cuanto más dinero ganen, peores. Las multinacionales son lo peor, el mal absoluto.

4 – Las multinacionales saben que los camboyanos son retrasados mentales y que existe esa fuerza social misteriosa que les obliga a esclavizarse voluntariamente. Puede que hasta la hayan creado ellas.

5 – Así que van a Camboya y al resto del tercer mundo, ponen fábricas y esclavizan a sus habitantes, que son retrasados mentales y masoquistas (esto no lo había dicho aún), para hacer la ropa que luego venden a los buenistas sensibles españoles.

6 – El sistema es tan terrible que condena a sus trabajadores a la peor de las vidas. A pesar de ello, sus compatriotas siguen yendo a trabajar y a pedir trabajo a las multinacionales. Son como un ejército de zombies oprimidos que los buenistas españoles deben liberar.

Es terrible ¿verdad? Sí. Es un racismo bestial. Es de un paternalismo decimonónico terrorífico. ¿Recuerdan la polémica sobre el racismo de Tintín en el Congo? Ese tebeo no es racista por marginar a los negros, ni por quererlos sojuzgar… sino por el tono paternalista que justificó todo el colonialismo del Siglo XIX: los negros son tontos, no saben lo que les conviene y necesitan del tutelaje de los blancos para poder vivir en armonía y progresar.

Ese racismo “de buenas intenciones” es el peor de todos los posibles. Y me explico: si usted es racista porque odia una raza en concreto, sin más, la cosa es algo irracional y como tal no se sostiene por ningún lado. Queda como un tonto a las tres y ya está.

Pero si considera que una raza necesita que usted le revele la verdad de su realidad, que le diga cómo debe vivir dignamente, que les revele lo que tienen que hacer y elegir en su día a día, entonces es que está usted convencido en su fuero interno de que son inferiores. Es mucho peor que el racismo irracional, porque es más “ilustrado” (hay “pruebas” de él: inferior desarrollo tecnológico, menos riqueza, orden social más primitivo…) y además a partir de él se desgranan una catarata de “buenas intenciones” que lo esconden (ayudarles, liberarles…) y que hacen muy difícil explicarle a la gente lo que es usted de verdad: un sucio racista.

Jodido el tema ¿eh? Lo digo porque España está lleno de ellos. Va a ser que sí hay racismo en este país, yo que creí que sólo había un clasismo económico que de racismo sólo tenía la apariencia… Equivocado yo andaba, sí.

Lo peor de todo es que los retrasados mentales son ellos: los buenistas. Los que no se preguntan nada más allá de esa lógica estúpida. Los que creen que un camboyano es tan imbécil como para desear trabajar en una empresa extranjera antes que en las de su propio país, aunque las condiciones sean peores. Los que no se paran a preguntarse si Camboya se hunde en la ruina propia de una sociedad esclava (como la norcoreana o la rusa comunista) o si, por el contrario, crece a ritmo desaforado desde que la globalización llamó a su puerta para empezar a sacarla del tercer mundo por la vía rápida. Los que consideran que cuando un camboyano pide trabajo en una multinacional en la que ya trabaja medio barrio, no lo hace porque las condiciones y el sueldo sean mejores, sino porque directamente debe ser un imbécil que desea una vida de mierda, el pobre.

Todos ellos, son los que no le preguntan a nuestros abuelos cómo fue ese proceso en España, cuando vinieron las multinacionales en los años 60 a dar buen trabajo, mejor pagado, con mejores condiciones… y convirtieron una clase baja en clase media e industrializaron el país. Empresas que formaron trabajadores especializados, trabajadores que luego fundaron sus propias empresas para proveer a las extranjeras o para hacerles la competencia. Empresas que cogieron una España inmersa en un subdesarrollo de posguerra y la catapultaron a un nivel socioeconómico europeo.

¿Sabéis lo que sería maravilloso? Proyectar el programa de Évole en el comedor de una de esas empresas en Camboya y grabar las reacciones de los trabajadores al verlo. Y rematar con una buena selección de tuits con el hashtag #FashionVictims y #EnseñaTuEtiqueta.

Me encantaría ver el descojone masivo, escuchar sus chistes después. Escuchar sus opiniones sobre el programa, sobre su conductor e, incluso, sobre los tuiteros que escribieron luego toda esa mierda considerándoles poco menos que niños idiotas que no saben cómo les conviene vivir. Y que luego se presente Évole allí mismo a explicarles que estaban mejor antes. Sería fabuloso.

Pero no creo que nadie lo haga porque yo soy muy de querer lo peor: un reality sobre telebasura.