Sanidad, educación y Brexit

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nacho diaz

Después de llevar casi veinte años viviendo en Londres y a pesar de toda la gente que conozco entusiasmada con la permanencia del Reino Unido en la UE, el saber que nuestro alcalde es uno de los máximos defensores del Brexit me hace pensar de algún modo que vivo en tierra de nadie.

Cuando hace ya hace tiempo la inminente posibilidad de un referéndum comenzaba hacerse realidad un distinguido académico de la rama sanitaria me contó que una hipotética salida de la UE supondría en principio no solo una grave crisis en el NHS (sistema público de salud) sino también en las las universidades, llegándome incluso a advertir que estas le debían bastante a los estudiantes europeos en cuanto a materia de financiación se refiere.

Por haber sido estudiante y paciente, cuando la salud falla, debo decir que rara fue la vez que no me encontrase con médicos, enfermeras y profesores europeos dispuestos a curarme o enseñarme y que, en algunas ocasiones, los profesionales sanitarios fueron víctimas de críticas casi pueriles, por parte de los estamentos más conservadores de la sociedad, debido a su acento extranjero como si eso y no sus conocimientos fueran a determinar el tratamiento de los enfermos.

Sobre esto bastaría tan solo con darse una vuelta por cualquier hospital londinense para encontrarse con ciertos de profesionales europeos que hacen su trabajo hablando el lenguaje humano de la medicina, en perfecto inglés,  sin que a ninguno o ninguna se le haya imputado negligencia alguna debido a sus caracteres foráneos.

Las consecuencias del Brexit, por otra parte, en materia universitaria serían más nefastas para los estudiantes europeos ya que según tengo entendido las tasas a pagar dejarían de ser las de Home/EU Students para equipararse  a las de  Overseas. Esto en cifras vendría a suponer que cualquier universidad en vez de cobrar en torno a las 9.000 libras anuales podría aumentar los precios.

En el mejor de los casos una universidad media podría establecer unas tasas de casi 12.000 libras por una carrera como sociología o derecho mientras que una de renombre 31.000 por medicina, 21.000 por arquitectura o 22.000 por cualquier ingeniería.

A pesar que ignoro si el Brexit va a afectar también al precio de los cursos de inglés en colleges  públicos si me atrevería a destacar que, por ejemplo, de momento una semana con 15 horas lectivas en uno de los mejores Summer English Schools londinenses, preparando el IELTS,  cuesta tan solo 90 libras a cualquier estudiante Europeo frente a las 150 que los Overseas tienen que pagar.

Por otra parte, los precios también varían durante el año académico  ya que un curso a tiempo parcial de 12 semanas y 5 horas lectivas cuesta a los ciudadanos de la EU 300 libras mientras que los que no lo son deben pagar más del doble llegando a las 750.

Teniendo en cuenta que según toda la evidencia el IELTS va camino de convertirse en uno de los exámenes de inglés preferidos por los estudiantes de habla hispana el triunfo del NO a la permanencia en la UE podría encarecer considerablemente las expectaciones de muchos españoles que se quieren marchar de Londres con un título debajo del brazo como es lógico y legitimo.

Dicho todo esto y para mi asombro la semana pasada mientras charlaba con un amigo que consideraba la permanencia en la UE como un mal menor, este me pidió que dejase de ser ingenuo y pensase en todos los padres y madres  europeas que con el comienzo de la crisis decidieron invertir la mayor parte de sus ahorros en un piso en Londres para que sus hijos pudiesen empezar a labrarse un porvenir el día de mañana.

Sin imaginarme cual pueda ser el resultado del referéndum si me atrevería a decir que a muchas de estas familias les podría casi salir bien lo comido por lo servido en caso de producirse del triunfo del NO o bien el evitarse tirar por la borda alquileres totalmente desproporcionados por pisos o alojamientos de estudiantes que nunca bajan de las 700 libras mensuales con mucha suerte.