La hora de las madres coraje y los hombres de hierro

En España nadie se siente por su condición racial tan mal tratados como los afroamericanos en la película del director Franc Roddam que en 1984 supo expresar cómo trataban a los negros en el Sur de EEUU durante los años de intolerancia y racismo.
Alejandro Picavea, activista del mundo de la diversidad funcional y persona que utiliza una silla de ruedas en su vida normalizada, no se cansa de repetir que hace apenas una década los negros en EEUU no podían viajar en los mismo autobuses que los blancos. Él y otros miles de ciudadanos tienen la misma sensación de ser negros bajo un manto de piel blanca que les imposibilita ir al cine como los demás (tienen que pagar dos entradas, la suya y la entrada de su asistente personal) y acaban con un dolor de cuello a la salida del cine que nada tiene que ver con su tetraplejia.
Algo similar debió pensar el actor y cantante Juan José Montilla «El langui» cuando el mes pasado se quiso desplazar a Madrid y no le dejaron subir a su autobús. «Que se pague un taxi» debió pensar alguno cuando ni corto ni perezoso, colocó su silla de ruedas delante del autobús. Dos acciones como esta protagonizada por el mismo actor, han servido para que el Consejero de Trasportes de Madrid le reciba y le prometa que van a cambiar las políticas de trasporte en la Comunidad.
Muchos admiramos y es un modelo de lucha para el colectivo de personas con discapacidad nuestro amigo «El Langui» pero, ¿a qué estaban esperando en la comunidad para cambiar la normativa? Lo de la crisis y falta de presupuestos ya no sirve para seguir incumpliendo los derechos humanos más elementales.
Ocho internamientos en hospitales para jóvenes con enfermedad mental, tres intentos de suicidio, visitas permanentes a psicólogos, psiquiatras, asociaciones de familiares, etc. en los últimos tres años. ¿Es una vida normalizada esta forma de vivir de una madre con su joven hija de 17 años?
Patricia es una niña a la que con 14 años le detectaron un trastorno límite de personalidad que le llevo a utilizar elementos punzantes en sus nalgas, con el fin de expresar sus inquietantes pensamientos que de forma periódica le llevaban a lastimarse ante la falta de comprensión por parte del resto de la humanidad de sus problemas.
El cerebro es una parte todavía muy desconocida de nuestro cuerpo, donde ni los profesionales son capaces de valorar muchas de las patologías que se llevan a cabo dentro de ese prodigio de la naturaleza que tenemos los humanos.
Carmen de la Fuente es funcionaria y una madre coraje, que ante la falta de respuesta de muchas de sus necesidades decidió tirarse al monte y utilizar el portal Change.org para reivindicar que vuelvan a admitir a su hija en el Centro de atención a jóvenes con enfermedad mental, donde había estado internada durante un año, pero que debido a la falta de alternativas de la Comunidad no le habían permitido seguir después del año acordado y tenía que esperar a cumplir los 18 años para pasar a otras áreas para personas mayores que tiene preparada la Administración.
Madrid es una de las comunidades autónomas donde más servicios tiene el colectivo de personas con algún tipo de patología mental para atender sus necesidades (esto no significa que sean suficientes, pero sería injusto no reconocerlo). Después de la petición en Change.org donde solicitaba Comunidad de Madrid: Más recursos en salud mental para adolescentes varios medios de comunicación le han hecho entrevistas y han apoyado sus reivindicaciones. El pasado martes le comunicaban desde la administración correspondiente que este jueves a las 11 horas su hija volvía a tener plaza en el centro.
¿Hubiera sido ingresada igualmente si no hubiera ido a la prensa reivindicando un trato digno para su hija? Yo no lo sé, ni tengo información suficiente para ponerme a debatir, pero sí tengo una cosa clara: la enfermedad mental tiene que tener la misma respuesta por parte de las autoridades que cualquier otra enfermedad grave.
Lo de la crisis y falta de presupuestos ya no sirve para seguir incumpliendo los derechos humanos más elementales.