El tamaño sí importa

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Ayer 17 de marzo se inauguró en la Sala municipal de exposiciones del palacete «La quinta del berro» una exposición de cuadros de dos autoras que, aunque proceden de una misma escuela, manifiestan de forma muy diferente su arte, su labor pictórica y, en suma, su forma de ver la vida y seguramente su actitud frente a ella.

Empiezo por advertir al lector que para un pintor o pintora hay tres categorías de cuadros: los realizados para ser vendidos, generalmente de pequeño tamaño (60 x 60); los cuadros para exponer, cuyos tamaños superan el metro de largo y/o ancho, con la sobrecarga de trabajo que ello conlleva, y por último las obras para ser disfrutadas, (tamaño aleatorio), primero por el autor y luego por el público que algún día las encontrará en algún museo al uso en el «centenario» del nacimiento, u óbito del autor.

En resumen, que el tamaño sí importa.

He de continuar el artículo advirtiendo que cuanto va a leer (los errores son solo atribuibles al autor) es fruto de una minuciosa labor de atenta escucha y recogida de las impresiones, opiniones y valoraciones del público que durante el primer día se dignaron en ayudar generosamente a ese ciego que postrado delante de cada uno de los cuadros esperaba que el visitante quisiera contarle aquello que él no veía. ¡Gracias madrileños!

foto forte senorasLa Pintura de Mayte Pedraza es muy viva, dinámica y está cargada de materia.

Utiliza mucho la paleta y el pincel para expresar con colores muy vivos todos los estados de la naturaleza tal como su sensibilidad los recoge. Es una pintura espontánea y rápida a flor de piel que se manifiesta en sus cuadros abiertos, que parecen  sin acabar, en proceso de formación y un tanto impresionistas.

También se refleja la fortaleza y complejidad de su persona en los cuadros abstractos, «sueño», «a lo desconocido» y «libertad».

La fuerza de la naturaleza que constituye su espíritu invade los cuadros sobre la tempestad, donde el mar y el cielo se confunden en un movimiento de energía de color, de fuerza, casi violenta.

La riqueza de su persona queda además patente en la cantidad de matices en tonos pastel, en los cuadros «La Cibeles» y «Venecia» que contrastan con todo lo anterior.

La pintura de Charo Peciña resalta por su madurez, encuadres muy trabajados y colores muy matizados. Es limpia y ligera, utiliza tonos neutros y cálidos.

Es una pintura armoniosa que refleja la profundidad de sus sentimientos, que se elevan al nivel conceptual. Se hace manifiesto en la separación de los elementos tierra, agua, aire y fuego y en las líneas del horizonte. Es como si el sol cegase los ojos por exceso de luz en de verdad en «el bosque perdido» y en su cuadro «el último baño», que nos transmite la paz y serenidad ante la inexorable presencia de la vida y la muerte, al igual que en «el abismo», en contraste con el paisaje otoñal impresionista.

Resalta en el conjunto de su obra «El Bosque dorado», donde consigue con los colores cobrizos convertir en metálica la materia viva.

Espero y deseo que el amable lector no se pierda esta exposición que además es gratis, y pueda ratificar, o contradecir, las opiniones de este humilde escritor.

Visiten pues el palacete Quinta del Berro, C/ Enrique de Amonte s/n.

Abierto del 17 al 31 de marzo.

Horario de 10 a 21 horas.

El ayuntamiento no se lo puede poner más fácil y el tiempo dirá si otra vez estamos ante el «Mito eterno», porque estamos ante unas «geniales pintoras», que están locas por pintar. O si tenemos a unas «locas pintoras», porque son Geniales.

¡Vayan y compruébenlo!