En memoria de Michael Harth

Escribir sobre la muerte de alguien cuya escabrosa defensa de Schopenhauer solía despertar mis estrafalarias y casi iracundas respuestas hasta el punto de ser, en alguna que otra ocasión, amablemente recordado sobre la presencia de un psiquiatra en nuestras reuniones de escritores, no me impide mostrar toda mi devoción por un hombre que publicó mi primera historia en un libro mientras que, con todo su peculiar cariño, me hizo, también, sentirme la Eliza Doolittle más afortunada del mundo cuando, por fin, todos los miembros de Paradise Press decidieron aceptarme como un autor más.
Sin saber demasiado sobre su vida personal, pero sintiendo un gran afecto por su pareja, lo único que puedo decir es que conocí a Michael Harth a la vuelta de unas vacaciones en Vera, lugar donde él había vivido cinco años experimentando con la cocina vegetariana y bebiendo un vino muy barato que consideraba el mejor que jamás hubiera probado.
No tardamos en congeniar en una cena organizada por Centred cuyo propósito fue el de servir de encuentro a diversas organizaciones LGBTQ vinculadas a los mundos de las discapacidades, las fes minoritarias, la defensa del género y la edad.

Michael Harth.
Durante el intenso tiempo que tuvimos para conocernos entre plato y plato le hablé de mis problemas mentales y de cómo la escritura me ayudaba a sobrellevarlos. Mike me escuchó atentamente y me dijo que la razón por la cual me entendía no se debía a su condición de escritor sino al hecho de haber perdido al gran amor de su juventud como consecuencia de un suicidio.
A partir de ahí decidió darme una oportunidad y poco a poco fui conociéndolo mejor gracias a lo que otros contaban de él. Cada cosa que escuchaba me fascinaba pues le tenía por muy valiente desde que me enteré que a muy temprana edad decidió abandonar su brillante carrera de profesor de ciencias para dedicarse a tocar el piano en music halls , formar un famoso gay duet con su pareja artística, grabar un disco, escribir por encargo novelas de claro contenido CP , o ser un miembro activo de CHE (Campaign for Homosexual Equality) en los setenta, cuyos esfuerzos fueron claves para conseguir la descriminalización de la homosexualidad en el Reino Unido en 1967.
Al margen de sus relatos eróticos, Mike fue un escritor fascinado por lo sobrenatural, como demuestra su colección de historias cortas The Physent and other stories, las cuales en palabras de la reseña aparecida en el Gay Times “se pierden en el territorio familiar de los relatos de M.R. James y H.P. Lovecraft”.
A su otra predilección, la ciencia ficción, Mike dedicó un musical de un acto, Brief Encounters, estrenándolo en una semana del orgullo de los 90 y otras muchas historias. También compuso la revista Going Gay para representarla en el Edinburgh Festival Fringe y más tarde en Londres.
Sobre la buena calidad de las descripciones de las experiencias sexuales de sus protagonistas el Gay Times señaló A Little Chat and other stories como un claro ejemplo de lo que le puede suceder a hombres no particularmente atractivos e inmersos en su “Camino hacia Damasco” cuando experimentan por primera vez el sexo con otros hombres y la experiencia acaba siendo del todo placentera.
Siendo un fiel y sincero cristiano como pude comprobar el pasado domingo de Pascua, cuando Mike recibió postrado en su lecho de muerte al vicario de su parroquia, mi amigo no dejó de trabajar en su última novela hasta que hace que un mes y medio su larga batalla contra el cáncer le privó de alimento o bebida alguna sumiéndolo en un sueño sin dolor.
Esta novela inacabada, que junto con toda su obra musical y literaria va a ser legada al London Metropolitan Archives (LMA), trataba sobre la invasión de la tierra por unos seres malignos que, lejos de ser extraterrestres, acabaron por mostrarse como demonios a los cuales solo un humilde vicario de pueblo podía hacer frente.
De algún modo, aunque Mike se haya ido a ese cielo del que tanto siempre le gustaba hablar, su voz y su recuerdo siempre quedaran presentes gracias a las grabaciones que él mismo hizo de parte de sus escritos, en colaboración con el proyecto Speak Out, para dar a conocer la historia de londinenses LGBTQ en el LMA y, también, para la creación de una página web que facilite recursos para la educación en los colegios.
Pudiendo tan solo recordarlo por su inimitable sentido del humor, su agudeza y valentía, y pensando en lo mucho que me ayudó a tomar decisiones difíciles, tan solo me queda decir que esta peculiar canción iluminó muchos domingos de escritura en su casa y que, movido por su memoria, me encantaría compartirla con todo el mundo.