El listo de la clase gobernará España

Reconozco que una vez quise ser concejal. Fue una ilusión. Luchar contra las élites es una batalla perdida. Todo terminó con una frase grandilocuente que usan quienes ven peligrar su situación de privilegio: “pero tú quien te has creído”.
Es lo que hay. Después de dedicar horas y horas de trabajo, propuestas y reuniones durante más de tres años, parecía todo dispuesto a intentar el reto de ser concejal en las siguientes elecciones. Pero, justo antes de confeccionar las listas, salieron a la luz esas figuritas adormecidas que tienen el poder económico y la aquiescencia de la cúpula en Madrid para copar todos los puestos disponibles.
Y se acabó el sueño.
Salvo que Podemos y PSOE, Iglesias y Sánchez, saquen el conejo de la chistera que muchos creen que ya está pegando saltitos, parece que en junio tendremos nuevas elecciones. Y a esas elecciones no podrá presentarse cualquiera: es una bicoca ser Diputado o Senador de España por lo que conlleva, sobre todo a nivel crematístico.
Los partidos políticos son un nido de avispas que pican y muerden cruelmente a quien ose quitarles el sitio que creen merecer, aún sin esfuerzo.
No olvidemos quienes forman las listas electorales hasta, curiosamente, el lugar que suele salir. No son simples ciudadanos que desean servir en lo público para proponer y generar interés general. Son “conocidos de” o “amigo de” o, curiosamente, quienes menos han hecho para merecer ese puesto.
El acceso a la función pública se rige por los principios de igualdad, mérito y capacidad. Para ser cargo público elegible, no. Quien antes fue concejal de un Municipio, llegó luego a la Diputación, pasando por ser Diputado Provincial y hoy es Senador de España. No es que sea el mejor, el más apto o el más eficiente, sino el más listo de la clase.
Y hablando de listos y de empleados públicos, llama la atención que exista en la Comunidad de Andalucía, ni más ni menos, que 1.800 empleados mano sobre mano. Cobran mes a mes del dinero de todos por no hacer nada. Ole y ole.
Citando a Dámaso Alonso (otro arrinconado, supongo, por Teresa Rodríguez, sí, la experta en patinaje artístico de Podemos) “Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres” aunque, más bien, España es una nación de más de cuarenta millones de habitantes y unos cuantos listos que la administran.