¡Asesinos!

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Durante más de cincuenta años, la banda vil y asesina llamada “ETA” sembró el terror por las calles de España. Un miedo atroz a ser víctimas de sus tiros y sus bombas, y una rabia inmensa contra estas alimañas. Despertábamos cada día sobresaltados con atentados.

Cuando ya no suenan los disparos, pero la banda no se ha disuelto ni entregado armas ni explosivos, nos encontramos en una inconcebible espiral para intentar blanquear los actos terroristas y a los asesinos.

¿Cómo que Otegi es capaz de ser recibido en el Parlamento de la Unión Europea o protagonizar un programa televisivo como si fuera un personaje con el que el terrorismo no fuera con él? ¿Ya nadie se acuerda de su repugnante “gracias a los gudaris que han muerto cometiendo atentados”?

Hay que tener muy mala fe, por no decir otra cosa, para dar voz en los medios de comunicación a quien la Audiencia Nacional condenó a 119 años de cárcel. «Éramos conscientes de que causábamos víctimas pero entonces pensábamos que había que hacerlo y no queríamos pensar mucho en la víctima en concreto«, ha confesado Urrusolo Sistiaga. Mi más sincera y absoluta repulsión contra este sujeto y contra quienes le dan voz.

¿Fue usted o su familia afectada por un acto terrorista de ETA? Pues sepa que pretenden encubrir su dolor para conseguir una ¿conveniencia pacífica? (sic).

Cuando Pablo Iglesias es capaz de afirmar que «no me alegra que alguien por hacer un partido político esté en la cárcel» o que “nadie debería ir la cárcel por sus ideas«, presume de un absoluto y deliberado desconocimiento de la vida y obra de Otegi, quien aún no ha condenado la violencia de ETA. Si duele más a Iglesias el sufrimiento del entorno de los terroristas encarcelados que la angustia y la amargura de las familias de las personas asesinadas o mutiladas, está haciendo campaña para que jamás podamos votarle quienes tenemos en nuestro corazón a las Víctimas del terrorismo.

No existe ninguna solución para nada cuyo efecto sea humillar a las Víctimas.

Con todos los asesinatos resueltos y sus autores y cómplices pagando por ellos; cuando entendamos que la parte más débil, las Víctimas, merecen nuestro apoyo y nuestro respeto; cuando los arrepentidos colaboren con la Justicia, entonces, hablaremos del fin del terrorismo.

El terrorismo hoy sigue provocando dolor…