Imperios y civilizaciones

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nacho diaz

Sin saber apenas nada de historia clásica pero estando a punto de acabar Las Memorias de Adriano de la inmortal Marguerite Youscenar lo primero que se me ocurre decir, en mi propia opinión, es que fue este Emperador quien concibió uno de los pasajes más románticos de toda la historia de Roma. Su originalidad, en realidad tan simple como la vida misma, no fue ninguna otra más  que la de levantar una ciudad en memoria de su difunto amante Antonio por la simple razón de haberle querido y resentir su muerte. En aquella época, aunque el libro no lo explique, pocos lo hubieran acosado de nepotismo.

Algo que todavía me hace estar aun más convencido de lo que afirmo es que junto su fiel Antonio, Adriano concibió el  Saeculum Aureum, o Siglo Dorado, sin que a ninguna de las sectas cristianas de aquellas épocas les importara un bledo el amor que a ambos unía, mientras que Grecia y las provincias del Asia Menor volvían a renacer con esplendor.

Busto de Adriano, Galería de los Ufizzi, Florencia.

Busto de Adriano, Galería de los Ufizzi, Florencia.

Hoy en día, sin embargo, parece que actos más mundanos como la unión de dos personas del mismo sexo, con orígenes plebeyos, irritan y dislocan a un diminuto grupo de pitonisos con mitras y alzacuellos hasta hacerles verter sapos y culebras por la boca, al tiempo, que conjugan maleficios contra todos aquellos que reprochan la fiabilidad de sus vetustos oráculos y se rebelan contra su ñoña  autoridad.

De esta forma la historia produce la horrible comparación entre un Emperador gay, para nada amante del circo o los sacrificios humanos, que participó e inició a su amado en multitud de ritos de diversas religiones para celebrar la belleza que estaba creando y disfrutando en su envidiable compañía, y un arzobispo contemporáneo, mensajero del discurso del miedo, del odio y del rechazo a todo lo que no combine ni con el negro de sus oscuros pensamientos ni con el de su atuendo, contrastando así con los nuevos protocolos de vestimenta instaurados por Adriano, cuyas túnicas si bien mostraban su autoridad también marcaban su respeto hacia quien le hablaba y escuchaba.

Continuando con lo poco que se de la vida de grandes emperadores que amaron a otros hombres también me gustaría mencionar la vida de Juliano el Apostata, narrada de forma magistral por Gore Vidal, para ponerlo como ejemplo de todas los miedos, vicisitudes, peligros, angustias y humillaciones  sufridas por un joven, que más tarde gobernaría el mundo, por motivo de su ambigüedad sexual a manos de su hermano Galo, cuya visión de la masculinidad no difería mucho de la del Arzobispo de Valencia en términos de hoy en día.

El bully de Galo, embravecido por la misma fuerza bruta que originan discursos homófobos y perpetran crímenes de odio contra el colectivo LGTB, no era en realidad muy distinto de muchos jóvenes que todavía enardecen su falta de hombría, cobijados bajo las seniles alas de aves imperiales, posadas sobre pulpitos corruptos, arengando a los pocos fieles que les quedan, e invocando el espíritu de la herencia de la raza de la intransigencia y la discordia.

Gertrud Stein (Izda) y su pareja Alice B Toklas (Parismuse.com)

Gertrud Stein (Izda) y su pareja Alice B Toklas (Parismuse.com)

Su imperio, desangrándose lentamente por las esvásticas clavadas en sus corazones, y sus razones, quemándose a llama viva en el infierno de los perdedores, poco o nada tienen que ver con las descripciones de mundos y civilizaciones basadas en el amor, la amistad, y otro nobles y bellos sentimientos descritas entre otras por la escritora lesbiana y judía Gertrud Stein en The Making of the Americans, o poderosos  discursos como ¿Qué interés tiene la lucha de las mujeres en solucionar el problema homosexual? promulgado por una de las primeras activistas lesbianas de la historia, la alemana Dra. Anna Rueling en 1904.

Por si esto no fuera poco Paradiso del cubano José Lezama Lima logra construir mediante la combinación de la realidad, el mito y la fantasía un mundo escapado de las batallitas del Imperio Español, elogiando las culturas caribeña y americanas, celebrando la homosexualidad,  y dando así lugar a nuevas formas de expandir los sentidos y la mente en libertad bajo el sol en la naturaleza casi virgen, pese a que la censura del Comandante Castro prohibió la obra.

Para terminar, y de nuevo a título personal, también me gustaría decir, sin ofender a ningún defensor de los derechos de los animales, que los sacrificios en honor a Apis consagrados por Juliano y Adriano, pese a su aparente salvajismo, hacían menos daño al género humano, que las homilías dictadas para condenar a los impuros y pecadores arengados desde algunas archidiócesis melancólicas y nostálgicas de la siempre dudosa fortaleza y reciedumbre de sus águilas.