Bendita la cabra que al monte tira

nacho diaz

Intentar mantener el tipo cuando, mientras desayunaba, deseaba que el café me despertará de la horrible pesadilla del adviento marianista se hizo todavía más difícil al escuchar en bocas del ministro de economía británico que algunas compañías empezarían desde hoy a no contratar europeos.

Con la angustia que produce el saber que en caso de perder el trabajo la prestaciones de desempleo solo cubren a los ciudadanos de la EU seis meses un éxodo masivo, por desgracia, parece evidente sin que, en mi modesto entender, queden ya tierras de provecho a donde emigrar o tampoco a países a los que retornar que no se hallen bajo el yugo, como España, de la derecha dictatorial y corrupta, o sumidos en precarias condiciones económicas y sociales como Francia, Italia, o las repúblicas del este.

Ante la grave crisis que atraviesa el Partido Laborista, que puede forzar hoy lunes la marcha de Corbyn  por su penosa y lamentable gestión del referéndum, desde el cuartel general se ha dictado consigna de que no se hable de la inmigración, siendo esto algo que resulta algo curioso si se tiene en cuenta que el sábado por la tarde, en una manifestación convocada en Newcastle, se podían leer pancartas del tipo “Stop Inmigration, Start Deportation”, cacareadas al unísono por todos los fascistas allí reunidos en grandes números.

banksy ukipEste lamentable hecho y muchos más, que por desgracia van a  surgir como consecuencia de una campaña basada en el odio y el rechazo a los extranjeros, apremiando la ignorancia, la incultura y, por poco, la fuerza bruta sobre la lógica y la razón, no me impide llenarme la boca de orgullo para celebrar los mensajes de apoyo que muchos europeos estamos recibiendo de británicos, con alguna que otra disculpas en su nombre por la inmensa estrechez de miras de sus compatriotas, enarbolada por su carácter insular y nostálgico de una gloria imperial que ya no volverá jamás.

Sobre esto me gustaría poner como ejemplo una conversación estrambótica de un votante pro-Brexit de la que fui testigo en la cual aseguraba, tan tranquilo, que su razón para votar de esa forma se debía a lo poco que le gustaban los “habitantes musulmanes de ese país del Oriente Medio, llamado Rumanía”, sin que al pobre hombre pareciese importarle mucho que su interlocutor le recordase que Rumania era en realidad un país mayoritariamente cristiano en el corazón de Europa.

Otra perla que escuche de una culta, sofisticada, y bien informada ciudadana mientras hacía cola en el super y ella daba un discurso a gritos a alguien a otro lado de su teléfono, que parecía dudar de sus cifras, tenía que ver con los más de quince millones de españoles que habían llegado al Reino Unido en los últimos años escapando de la crisis griega o, incluso, algo todavía si cabe más peculiar como que los europeos teníamos la culpa de la desforestación del Reino Unido. La razón esgrimida, en este caso, no fue otra que la de echarnos la culpa porque el gobierno estaba destrozando las zonas verdes para construirnos casas en medio del monte.

Anécdotas aparte, mientras escucho a Cameron comparecer en el Parlamento sin poder dejar de contestar a la mayoría de las preguntas que solo su sucesor o sucesora podrá dar las respuestas, lo único que parece evidente es que, esta vez, la tan famosa precisión británica se ha quedado sin su Plan B y como consecuencia nadie sabe lo que pasar. Lo más rocambolesco  del asunto sea  que la mujer de Michael Gove, mano derecha de Boris Johnson durante la campaña, Ministro de Justicia, y el hombre que  comparó  a diez premios Nobel de Economía partidarios de la permanencia con los científicos nazis, ha colgado un post facebook  preguntando si alguien tiene la más remota idea sobre cómo empezar las reformas del Brexit.  

Siendo esta o no siendo esta pregunta una broma tan pesada y de mal gusto como los resultados, lo único que parece cierto aquí es que nadie sabe nada salvo que los europeos tal vez tengamos que tirarnos al monte para escondernos, compartiendo nuestros modos de subsistencia con los rumanos del suroeste asiático.