Santos, gurús y políticos

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nacho diaz

nacho diazNacho Díaz. 

Habiendo sido (mal) educado en un colegio del Opus y acostumbrado a encontrarme en medio de la calle, cuando no en el autobús,  a predicadores alertando del final de los tiempos y el inmenso amor de Dios nuestro señor, esta semana no he podido dejar de sorprenderme por el masivo mensaje evangelizador que el apóstol Pablo Iglesias y sus camaradas correligionarios han extendido entre sus mermados siervos, llamando a la unidad frente a las adversidades, de una manera que el mismísimo cardenal Cañizares hubiese deseado para si.

Como en las tediosas pláticas que recuerdo a cargo del cura del turno, donde se nos intentaba hacer ver que, pese a vivir en mundo plagado de pecado, nuestra minoritaria  fe nos guiaría hacia la salvación el profeta Monedero, iluminado por no sé qué extraño Espíritu Santo, proclamó hace unos días que Podemos pronto llegaría a la Moncloa, tal vez, sin darse que cuenta que en política para llegar al cielo, al contrario que en religión, se necesitan a muchos que escojan a los elegidos entre los pocos que sean los llamados.

Con un más de un millón de votos perdidos, la gloria y los feligreses podemitas más que pertenecer a una religión mayoritaria van camino de asemejarse a un culto sectario  del tipo la Sociedad Civil y Democracia de Mario Conde, donde su fundador, al igual que los miembros del Opus Dei, insistían que tanto la fe como la política de los elegidos era cuestión cualitativa y no cuantitativa y por eso, nunca mejor dicho, como afirman los ingleses resultaba mejor “predicar entre los convertidos”.

Por este motivo, tanto a los condistas que quedan por ahí sueltos, como a los 80.000 miembros del Opus Dei que siguen existiendo en el mundo entero, sin que el número haya apenas variado en las últimas décadas, como a los miembros de Podemos la única esperanza que les queda, supongo, no es otra más que la de creer a ciegas en la inocencia del líder, en el caso de los primeros, alcanzar la santidad a costa de martirizar al prójimo en el caso de los segundos, y el seguir dando vueltas en círculos concéntricos camino de ninguna parte para desesperación de los últimos.

Además, la recia y espartana rutina carcelaria, unida al dolor mortificador del cilicio y el miedo a ser víctima de las truculentas y casi planificadas purgas echeniquianas atribuyen a estos tres modelos de vidas, religiones, e ideologías las condiciones necesarias para seguir alimentando con maná la largas travesías en los desiertos, creados por las arideces de los extremismos, nublando la razón, causando la ruina, y permitiendo la reinstauración del régimen de la derecha al que todos estamos condenados tras la falta de tolerancia mostrada por aquellos que osaron creerse, tanto los dioses de los cristianos, como los salvadores de los pobres y desdichados, en sus planificados y televisados sermones de la montañas, rechazando la mano amiga que pedía ayuda para precipitar el exorcismo popular.

Si bien mis referencias a los seguidores de la Obra puedan parecer un tanto irreverentes lo cierto es que la actitud paternalista, rezando por la unidad interna y propagando la falsa armonía, demostrada por Pablo Iglesias en esta última semana, que ha resultado ser una de las mas solitarias de su vida, de alguna forma me hicieron pensar en las palabras de Patxi López durante la campaña electoral cuando advirtió algo así como que el líder morado sería capaz de reivindicar la figura de Escrivá de Balaguer si con ello pudiera sacar beneficio propio.

Sin haber hecho tal cosa pero si actuando con las mismas embestidas del santo aragonés, paisano de Echenique, Iglesias está poniendo en práctica gracias a la astucia de su Secretario de Organización aquella vieja norma maquiavélica del Padre que impedía saber “a la mano izquierda lo que hacia la derecha” para mantener todo en secreto y silencio de forma que, ni en el colegio ni en el partido nadie pudiese fiarse de nadie por miedo a ser llamado pecador en el despacho del director espiritual, o disidente en el moderno Ministerio del Amor orwelliano que ha comenzado a fraguarse tras las elecciones, mostrándonos así el dudoso carácter democrático de quienes abogaban por un cambio de estilo para hacer política.

Es por tanto por esta razón por la que el Opus revolucionó el catolicismo ofreciendo la santidad a todo el mundo través del trabajo diario, y después pasó lo que pasó con el Papa Juan Pablo II y su sucesor Benedicto XVI cuando se hicieron sus máximos protectores,  que la irrupción de Podemos otorgando la política a la gente de la calle pueda reinventar y actualizar, el despotismo ilustrado ofreciendo “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, con la amenaza real del zarpazo y el castigo a quienes osen cuestionarlo, como la crisis interna del partido parece estar demostrando.