El detective y la nanopolítica

Nacho Díaz.
Llevando postrado en la cama por unos extraños ataques de vértigos más tiempo del que me hubiera gustado, en seguida acepté la invitación de un amigo para acompañarlo a la Feria del Libro Anarquista de Londres celebrada la semana pasada. Muy a pesar de que apenas me tenía en pie y me costaba mucho trabajo seguir cualquier tipo de conversación, el esfuerzo mereció la pena y acabé comprándome dos libros que, por seguir enfermo hasta ahora, no he podido empezar a leer.
Sin embargo, la conversación amena y pausada que conseguí tener con Max Hertzberg sobre la primera novela, Stealing the Future, de su trilogía ambientada en Berlín Este hizo que pronto entendiera el fracaso de la utopía que supuso la caída del muro gracias a su personaje, un antiguo disidente convertido en investigador privado, quien debía resolver el asesinato de un importante político antes que la joven republica colapsase.
El libro por mezclar algunos de mis ingredientes favoritos todavía se hizo más interesante cuando mi amigo y el escritor comenzaron a intercambiar experiencias de sus tiempos en la antigua Republica Democrática Alemana, demostrándome la extrema realidad descrita de la época en la que está ambientado.

Siguiendo los pasos para ir a la feria.
Sobre la buena calidad de la novela, lo único que puedo decir hasta ahora es que The New Internationalist, la mejor cooperativa independiente de noticias sobre derechos humanos, política y justicia social y medio ambiental a la que, por cierto, llevo subscrito desde mis primeros días de universidad, en su reseña la describió como todo ejemplo de “retrato honesto de la lucha para mantener vivo el sueño de la libertad, la justicia y la igualdad”.
Animados por el buen hacer del detective Martin Grobe, mientras mi amigo y yo nos debatíamos si comprar los otros dos libros, el autor tuvo tiempo para continuar con la tema general que nos seguía de stand en stand sobre el auge del candidato republicano, o la de su ayuda de cámara a este lado del charco, el “trumpetista” Nigel Farage.
Nuevamente, la exquisitez y la templanza con la que el escritor hablaba del fascismo actual me hizo ver como el compromiso político y social de algunos escritores se mantenía tan vivo y en auge como el desprendido por la cruel, feroz y a veces angustiante crítica contra las injusticias vividas en primera persona que pude ojear en la primera edición de Las gentes del abismo de Jack London, poco antes de que mi acompañante la comprara a muy buen precio.
Sobre mi otro libro Nanopolitics Handbook, publicado por la siempre respetable autonomedia, debo decir que, después de haberme llamado la atención su nombre, descubrí todo un compendio de ejercicios, performances, obras de teatro y actividades que, invitando a explorar, utilizar y expandir los límites del cuerpo, desarrollan nuevos modos de subjetivaciones colectivas capaces de hacer frente a las políticas de austeridad en práctica dentro de la ciudades neoliberales.
A pesar de que no conocí a ninguno de los autores, por casualidades que pasan en esta vida, si puedo decir que las nanopolíticas resultan del todo fascinante, ya que cuando le enseñaba este libro a una amiga que me había traído crema de remolacha y repollo a casa para ayudarme a coger fuerzas, ésta me contó que una de las autoras del libro había hecho una instalación fascinante en una de las piscinas locales.

Souvenirs.
Al parecer, la artista construyó un barco en el que todos los espectadores pudieron navegar sobre las aguas de un vaso que, remontándose a principios del siglo pasado, fue construido como una gran bañera pública, y que ha sido remodelado hace poco por el ayuntamiento con exquisito gusto para ser disfrutado a precios muy asequibles.
Volviendo a ojear el libro, mientras sigo un viejo remedio irlandés para curarme de mis males, bebiendo una taza de leche invierno con pimienta calentada en el microondas, me he dado cuenta que hay un capítulo dedicado al tecno-chamanismo y otro a las políticas de las redes familiares y sus lugares de apoyo y ayuda.
Sobre el resto de la feria, los autores y colectivos que allí se reunían, llegados de todas partes del mundo, lo único que me queda por decir es que sus nobles causas solidarias propiciaron un magnifico lugar de encuentro para celebrar reuniones, asistir a proyecciones de documentales y películas además de reivindicar los derechos de grupos minoritarios como los presos rehabilitados y los que quieren rehabilitarse o las trabajadoras sexuales.