Un genio maldito

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Nacho Díaz.

La verdad es que después de la magnífica performance de la artista, educadora y escritora sudafricana Linda Stupart, precedida por uno de sus hechizos para prevenir la violencia machista, esta columna podría estar tranquilamente dedicada a la hipocresía, el cinismo, el oportunismo o la mentira y la desfachatez a secas.

En su lugar, sin embargo, prefiero hacerme eco de las palabras que la propia Linda dedicó al siempre conflictivo tema de la masculinidad y el genio, el cual muchas veces ha sido celebrado como creativo.

Con ello no quiero, por poner un ejemplo, recordar la reconocida misoginia de Picasso y usarla como escusa para despreciar el talento sino, más bien, rendir homenaje a la trabajadora sexual de 39 años Nokuphila Kumalo, quien fue asesinada a manos de unos de los grandes artistas de Sudáfrica, después de haberse fundido una pequeña fortuna en alcohol y propiciar una paliza que destrozo casi todos los huesos del cuerpo de la víctima.

El salvaje crimen cometido por Zwelethu Mthethwa, en juicio desde hace tres años, ha vuelto a conmover a la sociedad de su país debido a un hecho tan insólito, como irónico y cruel ya que uno de los emblemáticos Museos Iziko, en Ciudad del Cabo, ha organizado la exposición Our Lady, con la idea de ayudar a “interrumpir la puritana y patriarcal economía que rodea la forma figurativa femenina”, colgando obras en su mayoría de hombres, destacando entre ellas una del mismísimo asesino.

Como es lógico las reacciones no se han hecho esperar. Hace unos días SWEAT, un sindicato de trabajadoras sexuales y educadoras, se manifestó a las puertas del museo con máscaras blancas criticando la falta de respeto y buen gusto por parte de la institución, hartas ya de recibir por estúpida respuesta la triste coletilla de que los valores u opiniones de los artistas no deben ser excluyentes para juzgar o dar la bienvenida a sus obras.

nokuphila

Nokuphila Kumalo por Astrid Warren

Sin querer pecar de cínico, pero sabiendo como los gusanos se alimentan de los cadáveres, llegando incluso a hacer negocio, el museo ha llegado a justificar su casi, casi, su apología del asesinato invocando el espíritu del “compromiso crítico” y, tal vez, también el de la publicidad, invitando a un dialogo que parte de la fotografía expuesta del criminal.

La foto en cuestión, que no necesita ser difundida para no alimentar la fama de la mala bestia y que, además, no tiene nada de especial formaba parte de una serie de retratos que el enjuiciado hizo de mujeres sudafricanas con las cómodas heredaras de sus madres que, según la tradición, formaban parte de sus ajuares.

De algún modo, según los portavoces de Iziko, Mthethwa en su obra intentaba denunciar el tránsito de las protagonistas como objetos similares a meros muebles. Ni que decir tiene que tal explicación ha sido recibida con furia por parte del sindicato, alegando que la obra de un maltratador no puede tener cabida en una exposición dedicada a empoderar a las mujeres.

Si a esto también se le añade que el homicida después de alquilar los servicios sexuales de Kumalo le propició el transito al otro mundo, a mi me queda del todo claro que, en realidad, el carácter de su genio artístico y temperamental confluían en la mas clara forma de violencia patriarcal, donde el hombre primitivo y sin escrúpulos se debate entre la fascinación por la virgen y el ardiente deseo por, usando las mismas palabras que él usaría, la puta insaciable.

Sin que de ninguna forma Kumalo hubiese sido nada de esto, ella si fue la víctima de un genio misógino y destructivo incapaz de respetar los derechos de una trabajadora a la que, al contrario que sus modelos, ni honró ni respetó, cegado por esa necesidad absurda de consumir mujeres para saciarse en su santa o pecadora masculinidad.

Por suerte, aunque no sea el mejor homenaje para Kumalo, porque SWEAT no ha conseguido que se retire la fotografía, el sindicato y el museo han llegado a un acuerdo para que se incluya una declaración conjunta en la exposición. Además, Iziko se ha comprometido a colgar un retrato de la fallecida, pintado para la ocasión por la artista Astrid Warren inspirándose en la única foto que existe de ella.

Estas buenas noticias, sin duda, elevaran a Kumalo a la gloria eterna mientras que su ejecutor pasará el resto de sus días en una cárcel sudafricana, alejado de la compasión de cualquier Virgen de las Mercedes, y sin más instrumentos para desarrollar su genio que aquellos que encuentre entre sus propios excrementos o con buena dicha, incluso, los de los demás.