Fernando Altuna en mi memoria

José León.
Cuando día a día despiertas con muertos y heridos por una bomba cada vez más cerca de ti y de tu familia, eres plenamente consciente de la crueldad y el sufrimiento que debe sentirse cuando una banda de asesinos, crueles e inhumanos, matan a tu padre, a tu hermano o a tus hijos.
Fernando Altuna sufrió siendo niño como un desalmado asesinaba de un disparo en la cabeza a su padre. Y, además, intentaron justificar el asesinato mediante burdas mentiras, a lo que la Familia Altuna contestó valiente con una frase que podría ser pronunciada en la actualidad: «Bien sabemos que nuestra verdad poco podrá hacer contra la gran mentira que lleva el sello de una organización tan prestigiada, pero no por ello vamos a callar«.
Eso es. Hoy se lo decimos a Otegi, a Barrena, a EH-Bildu, a la propia ETA y a quien haga falta: NO NOS VAMOS A CALLAR.
El asesinato de Basilio Altuna, como tantos otros, ha quedado impune y Fernando y su familia sufrieron la ansiedad de la impunidad, el daño del exilio y el asco de ver a los asesinos caminando por la calle como hombres libres.
Como Fernando, siempre he estado con orgullo cerca de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Su tesón y la excelente dirección de personas como Ana María Vidal-Abarca o Ángeles Pedraza eran sobresalientes. Sin embargo, algo está pasando que lleva a reflexionar sobre el rumbo de las Victimas del Terrorismo. “Perdí a mi padre siendo niño, perdí mi niñez, mi adolescencia y mi juventud, vi perder la vida de amigos, vecinos y desconocidos. Vi perder a una sociedad que mientras jugaba al mus pisaba el serrín que absorbía la sangre caliente de su compañero de partida”, escribió agriamente Fernando. Las palabras de su artículo titulado “En mi nombre, no” le llevaron a ser expulsado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Un “asociado que incumple gravemente los estatutos”, se dijo tristemente de él. No es momento de dividir.
Y conocí a COVITE – Colectivo de Víctimas del Terrorismo. Con una luchadora como Consuelo Ordoñez al frente, defiende de manera implacable que con los asesinos de ETA no se pacta y que todos los atentados deben quedar resueltos y sus autores, cómplices y encubridores, pagar por ellos. COVITE, Consuelo, Fernando y otros valientes plantaron cara a los desalmados que apoyaron los actos violentos de Alsasua contra la Guardia Civil o han puesto en las calles placas en Memoria de las Víctimas.
Y la vida es tan injusta, tan dura y tan cruel que Fernando Altuna Urcelay ha fallecido repentinamente. Tenemos que arropar a su familia y, especialmente, a su hijo, que se ha quedado sin acompañante para ver a su otra pasión: su Atleti.
Me quedaré eternamente con las ganas de haberte conocido y de haber hecho frente a los violentos a tu lado.
Siempre con las Víctimas del terror etarra; siempre con las Víctimas.
Decía Marco Tulio Cicerón que “la vida de los muertos está en la memoria de los vivos”. No lo dudes, Fernando: estás en la memoria de muchas personas que te recordamos como un valiente y un luchador.
No puedo sino terminar con la frase favorita de Fernando con la que se despedía en Redes Sociales: “Hasta cada momento Cariños”…